JANET CACELÍN /
AGENCIA INFORMATIVA
CONACYT

Ciudad de México.-

Como cada año, a inicios de diciembre, la familia Herrera acude al mercado Madre Selva, ubicado en la delegación Xochimilco, en la Ciudad de México, para abastecerse de una peculiar planta de intensas hojas rojas que anuncian la llegada de la época navideña.

Para ellos no hay Navidad sin esta planta en casa. Con confianza declaran que podrían pasar un año sin poner árbol, pero nunca sin una maceta de nochebuena, porque esa planta, aseguran, representa la tradición de su país. Sin embargo, poco se imaginan que sus plantas, y la mayoría de las que se encuentran disponibles en el mercado en esta época, fueron genéticamente modificadas por empresas extranjeras, pese a su origen mexicano.

Esta es la historia de una planta mexicana que es amada en todo el mundo por ser el símbolo de la Navidad y amistad en algunos países, pero cuya historia, domesticación y diversidad genética se han estudiado poco.

Su nombre científico es euphorbia pulcherrima, pero en los países de habla hispana es conocida como nochebuena, una de las plantas cultivadas y comercializadas con propósitos decorativos (ornato) que, de forma silvestre, crecen en los bosques tropicales de las costas del Pacífico, desde Sinaloa, en México, hasta Guatemala. También en el norte de Guerrero y Morelos.

Además es una de las plantas de ornato de mayor importancia económica en el mundo. Sus ventas anuales superan los 100 millones de dólares en Estados Unidos, debido a que es el símbolo floral de la Navidad.

En México, la actividad económica vinculada con esa especie produjo más de 3 mil empleos directos y condujo a la venta de 30 millones de plantas, equivalente a más de 23 millones de dólares, cuya producción se concentra en los estados de Morelos, Michoacán, Ciudad de México, Puebla, Jalisco, Estado de México y Oaxaca, que producen alrededor de 30 variedades.

Además, la nochebuena, que es la planta ornamental de interior de mayor demanda en el invierno, es considerada la flor de la amistad en algunos países, como España.

Una historia con origen mexicano

Su historia está documentada desde la época prehispánica, en los tiempos del auge del imperio azteca, cuando esta especie era llamada cuetlaxochitl, que en náhuatl significa “flor que se marchita” y era considerada un símbolo de pureza, aunque también se empleaba para curar algunas afecciones de la piel.

De acuerdo con la investigación titulada “Datos históricos y diversidad genética de las nochebuenas”, publicada en la Revista Mexicana de Biodiversidad, la planta de nochebuena era cultivada en los jardines de Nezahualcóyotl y Moctezuma. Años después fue incorporada por los frailes franciscanos de Taxco a la celebración del nacimiento de Jesús, debido a que su época de floración coincide en fechas de festividades decembrinas.

Sin embargo, el conocimiento de esta planta a nivel internacional ha sido atribuido a Joel Roberts Poinsett, quien fue el primer ministro de Estados Unidos en México en 1825.

Laura Trejo, investigadora del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una de las autoras de la investigación, detalló que Roberts Poinsett, siendo parte de la sociedad científica de América, aprovechó que estaba en Filadelfia y pidió hacer una expedición en México, recorriendo las rutas de Humboldt.

“Vinieron varios naturalistas interesados en la minería y químicos, zoólogos. Siguieron la ruta de Humboldt de lo que era el centro de México hacia Guerrero. En esta expedición recolectaron muchas plantas, animales, minerales y demás. Cuando Poinsett regresa deciden mandar la planta de nochebuena a lo que es el jardín botánico más importante de ese entonces que es el de Bartram y ahí llegan las plantas. Lo que no se sabe es qué pasó en México, quién exactamente las mandó”, indicó.

La incertidumbre de los hechos se centra en que estos ejemplares no estaban bien etiquetados, por lo que se desconoce con exactitud quiénes recolectaron la planta, pero se suponía que eran de Poinsett, porque también envió algunos ejemplares a su casa, en Charleston, Carolina del Sur.

Una vez que la nochebuena llegó a Estados Unidos comenzó a escribirse sobre la peculiar planta de flores rojas proveniente de México, pero allá fue presentada con el nombre de poinsettia pulcherrima, en reconocimiento a Poinsett.

“En 1889, los estadunidenses la presentaron en su feria de flores y frutos. Como Poinsett era el personaje más relacionado con esta planta, pues le ponen poinsettia en honor a él.

La planta a partir de ese momento comienza a ser cultivada en invernaderos y años después es llevada a Europa”, aseguró Trejo.

Actualmente, las nochebuenas que fueron introducidas a Estados Unidos y al resto del mundo han sido modificadas por el manejo local, mejoramiento genético y biotecnología, lo que ha dado origen a más de 300 cultivares.

Documentos históricos señalan que desde la época prehispánica las nochebuenas se cultivaban en el centro de México, y en un manuscrito de 1801 se ilustran nochebuenas en los jardines de la Nueva España con modificaciones con respecto a las silvestres.

Durante una investigación de la doctora Trejo para encontrar el origen genético de la planta, se encontró que los cultivares comerciales de nochebuena presentan únicamente dos variantes genéticas de cloroplasto, el haplotipo cinco y siete. Una de estas variantes, haplotipo cinco, está presente también en los cultivares extranjeros y en poblaciones silvestres del occidente y del norte de Guerrero. La segunda variante, haplotipo siete, está presente en los cultivares mexicanos, y se cree que podría ser del centro de México, puesto que está cercanamente relacionada con otras variantes de la misma región.

En una pequeña muestra de plantas sembradas en jardines y parques de la Ciudad de México, fue encontrado el haplotipo siete en plantas con apariencia silvestre y en cultivares. Por lo tanto, el haplotipo siete podría ser distintivo de poblaciones silvestres aún no encontradas del centro de México y plantas modificadas conscientemente por el hombre.

“Nosotros queríamos saber la fuente del germoplasma de las plantas que vemos ahorita en todos los mercados. Son plantas silvestres que son adaptadas a invernaderos. Se les dan otros cuidados y comienzan a hacer cruzas, por lo que la planta se empieza a modificar. Son casi 200 años de manejo fuera de México, principalmente por Estados Unidos y ellos han invertido desde los años 50, millones de dólares en investigación, en innovación, en producción. Por lo cual ellos tienen más de 300 variedades de nochebuena”, comentó.

  • Su nombre
    científico es euphorbia pulcherrima, pero en
    los países de habla
    hispana es conocida como nochebuena, una de las
    plantas cultivadas y comercializadas con propósitos decorativos
  • Actualmente,
    las nochebuenas que fueron introducidas a Estados Unidos y al resto del mundo han sido modificadas por el manejo local, mejoramiento genético y biotecnología, lo que ha
    dado origen a más de 300 cultivares
  • México
    es de los principales productores pero casi todas las variedades que se producen en invernadero son importadas, lo que crea una dependencia del exterior por material vegetal e incrementos en los costos de producción
  • Aunque
    son pocas las investigaciones sobre mejoramiento genético de esta planta en el país, científicos de diversas instituciones realizan proyectos que prometen generar variedades nacionales

Para saber

Morelos, un paraíso de ejemplares

En México, Morelos es el estado con la mayor producción de nochebuenas, generando 41.1 por ciento de la producción nacional total, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), debido a que es favorecida por la condición geográfica, física y climática, con disponibilidad de recursos naturales.
La horticultura ornamental en el estado representa una de las actividades productivas de mayor importancia económica y su cultivo tiene una destacada contribución en el ingreso familiar. Los cultivos de mayor volumen son nochebuena y crisantemo.
“En México se vende nochebuena de dos tipos, una que le dicen de Sol y otra conocida como de sombra. La de Sol es considerada el ancestro de la mejorada. Su tallo crece bastante, hasta seis metros, y se utiliza en jardines principalmente. La otra nochebuena se la llevaron a Estados Unidos y comenzaron a hacer experimentos con ella para que pudiera convertirse en una planta de interior”, dijo en entrevista Iran Alia Tejacal, profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
A principios de la década de 1960, la planta de nochebuena de Sol que más se cultivaba en México era valenciana, apropiada para jardines. Sin embargo, en esos años comenzaron a introducirse cultivares mejorados, cultivados en contenedor y en condiciones de invernadero para decoración de interiores, principalmente.
Actualmente se reconocen cinco variedades de nochebuena de Sol registradas en el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS): valenciana, Juan Pablo, rehilete, Belén y amanecer navideño.
Son variedades de dominio público y son resultado de la selección, reproducción y modificaciones de las nochebuenas criollas realizado por algunos viveristas de Tetela del Monte, Tepoztlán, Oaxtepec, Jiutepec y Ahuatepec, en el estado de Morelos.
En el municipio de Cuernavaca la producción de nochebuena de Sol es de mucha tradición, pues el conocimiento empírico adquirido sobre el cultivo se ha transmitido de generación en generación.
“La investigación de nochebuena de Sol se hace de forma rústica porque hay muy poca información sobre cómo se comporta. Los productores lo hacen de forma empírica y el volumen no es muy grande, pues no sobrepasa de unas 100 mil plantas en la temporada”, asegura Alia Tejacal.
Los productores morelenses de nochebuena de Sol no aplican tecnología de acuerdo con los requerimientos del cultivo, lo hacen de manera convencional, sin recibir asesoría técnica, debido a que no existen las guías tecnológicas correspondientes.
Sin embargo, a pesar de la gran relevancia de la nochebuena, muy poco se ha investigado sobre su domesticación, variación genética, distribución, estado de conservación y origen de sus cultivares.
“Nosotros estudiamos las variedades de valenciana y otra que se llama rehilete y observamos las diferencias entre las dos. Encontramos que la valenciana absorbe mayor cantidad de elementos minerales a comparación del rehilete. Esto ayuda para saber cuánta cantidad de fertilizantes es lo que tiene que aplicar el productor para sacar una planta de calidad”, puntualizó el investigador.
Asimismo, durante el proyecto de la investigación titulada “Producción de nochebuena de Sol en Morelos, México”, se realizó una encuesta a los productores de nochebuena de Sol como punto de partida de lo que conocían y diseñar diferentes investigaciones que pudieran mejorar el sistema de producción.
“Hemos trabajado un poco más con la de invernadero porque a pesar de que ya son materiales mejorados, cada año se producen como 9 millones de plantas y salen diversas variedades de varias empresas. Ellos las producen para sus ambientes, pero aquí en México las condiciones son diferentes. Por esta razón, primero las traemos y buscamos la forma para poder controlarlas, una de esas formas es aplicando regulador de crecimiento. Tenemos control como para 22 variedades”, dijo.

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