María Guadalupe Veytia Bucheli

Los hábitos de los seres humanos se han modificado significativamente en la actualidad, siendo uno de los factores clave el empleo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

De acuerdo con el 15 Estudio sobre los hábitos de los usuarios de Internet en México (2019) realizado por la Asociación de Internet Mx se destacan datos de interés, por ejemplo, que su manejo inicia aproximadamente a los tres años, siendo el grupo que más emplea ese recurso el de 25 a 34 años, con un 22 por ciento, y le siguen el de 18 a 24 años, con un 18 por ciento; se observa un incremento de uso de manera generalizada en todos los grupos de edad.

En cuanto a los momentos de conexión, es relevante puntualizar que cuatro de ellos tienen porcentajes mayores al 80 por ciento: el primero con un 90 por ciento al mediodía (de 12 a 14 horas), el segundo con 85 por ciento a media tarde (de 16 a 19 horas), el tercero con un 84 por ciento a la hora de la comida (de 14 a 16 horas), y el cuarto en la noche con un 83 por ciento (de 19 a 21 horas); es relevante mencionar que el 67 por ciento de los usuarios de Internet en México comentan que se encuentran conectados las 24 horas del día, preferentemente empleando el Smartphone o celular con un 92 por ciento.

Esas cifras permiten reflexionar que en una sola herramienta tecnológica se tiene acceso a una serie de aplicaciones reemplazado aparatos como el despertador, cámaras fotográficas, brújulas, radio; artículos personales como agendas, carpetas, organizadores personales; representaciones gráficas como los mapas; redes sociales como Facebook, Instagram, Linkedin, Twitter; lo cual ha modificado los hábitos y dinámicas tanto personales como familiares, por ejemplo, antes era común ir al cine los fines de semana, ahora es más frecuente que cada uno de los integrantes de la familia vea una película o serie en su tableta; en cuestiones financieras, se tenían que hacer grandes filas e invertir mucho tiempo para ir al banco, ahora gracias a la banca en línea las transacciones se realizan con el manejo de una aplicación.

En el ámbito educativo se ha incorporado el empleo de las tecnologías de la información y la comunicación en las aulas, sería interesante preguntarse si el cambio también se genera en el proceso de enseñanza-aprendizaje o se queda en la cuestión de forma; existen ofertas de educación en línea en los niveles de básica, media superior, superior, posgrado y educación continua, lo cual facilita la organización de tiempos, continuar con los estudios; en cuanto a las actividades de consumo, las compras de diferentes productos se pueden realizar en línea, y finalmente los espacios para convivir también se han incrementado con el empleo de las redes sociales, pero también y se ven grupos de personas tomando café, y cada uno de los integrantes mandando Whatsapp en su celular.

Desde las situaciones expuestas en cuanto al empleo de las TIC, y en concreto del teléfono móvil, pareciera que para algunos se ha convertido en una extensión del cuerpo humano, pues gran parte de las actividades se realizan a través de esa herramienta tecnológica; para los niños y jóvenes, también conocidos como nativos digitales desde la clasificación de Prensky (2010), es difícil imaginar el estilo de vida antes del teléfono celular, y en cuanto a los inmigrantes digitales se podrían clasificar en dos grupos, el primero se refieren a los que se han adaptado poco a poco a su empleo e incrementan la realización de actividades mediante su uso, y el segundo, los que aún se resisten a la tecnología, y continúan haciendo sus tareas de la misma manera que como lo llevaban a cabo antes.

El incremento del uso del celular es algo innegable en la sociedad del siglo XXI, sin embargo, es relevante pensar en las ventajas y desventajas de su empleo prolongado o intermitente, pero constante durante el día. Ese fenómeno empieza a ser objeto de investigación en la actualidad en diferentes áreas como la salud, la educación, lo social, lo económico, lo político, ya que se observa, por un lado, que se ha disminuido el interés hacia realizar actividades que no tienen que ver con el empleo de las TIC, a disfrutar de las cosas sencillas, de lo cotidiano, de la naturaleza, de establecer una comunicación cara a cara, y por otro, la presentación de sensaciones y reacciones que provoca no tener a la mano el celular, como puede ser ansiedad, taquicardia, dolor de cabeza y/o de estómago, pensamientos obsesivos, insomnio, miedo irracional a no estar conectado a Internet, ese trastorno es llamado nomofobia, que se deriva del inglés no-mobile-phone-phobia, se refiere a la fobia de quedarse sin el teléfono móvil, por lo que es pertinente reflexionar en torno a ¿qué tanto utilizo el teléfono móvil?, ¿qué sensaciones me provoca su empleo?, ¿su manejo facilita o entorpece la realización de mis actividades cotidianas?

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