Noquea Arcade Fire en México

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Everything now es el quinto disco que no pudo unificar a la crítica tal como sus trabajos anteriores; la gira de la banda en Canadá y Estados Unidos ha visto algunos recintos
a la mitad de capacidad

MARIO ABNER COLINA / AGENCIA REFORMA
Ciudad de México

Everything now, un quinto disco que no pudo unificar a la crítica como sus trabajos anteriores, y una gira que en Canadá y Estados Unidos ha ocupado apenas la mitad de los espacios, son las circunstancias que ha enfrentado este año la banda indie de culto Arcade Fire.
Pero la groupé québécois, liderada por los esposos y vocalistas Win Butler y Régine Chassagne, halló en México su esquina para sacudirse los golpes recibidos y volver al combate de su Infinite Content Tour con nueva energía.
Las 10 mil personas que llenaron el Auditorio Nacional en el primero de dos conciertos le dieron a los músicos, desde el primer momento, el “Todo ahora”, o “Everything now”, la chispa inicial que despertó
el incendio de la noche.
El tema, perteneciente al álbum homónimo, y producido en colaboración con Daft Punk, Pulp y Portishead, es una crítica a la tecnología y la sociedad de consumo, pero no provocó otra cosa que teléfonos en alto sacando fotos y videos para las redes sociales de los veinte y treintañeros.
La producción, lanzada hace unos meses, no fue, a pesar de todo, el eje del set list, sino los viejos himnos indie como “No cars go” y “Afterlife”, así como una profunda declaración de amor a México.
Diseñado para arenas, el escenario en forma de cuadrilátero de boxeo de la gira, que se ha presentado en recintos como el Madison Square Garden, tuvo que ser recortado a la mitad.
Pero el ambiente combativo de un ring siempre estuvo presente: la banda canadiense dio el concierto caminando entre los pasillos, como boxeadores al saludar.
Ya en el recital, Win jugaba con las cuerdas del ring y hasta salió por momentos de ahí para “pelear” con su audiencia. Régine se deslizaba por el entarimado sin cesar, como púgil fajador.
Como si la actitud y furia con la que se entregaron los músicos no fuese suficiente para enamorar a todos, Win tomó el micrófono y recordó los sismos de septiembre en México.
“Por favor, disculpen mi español. Un dólar de cada boleto será cedido para ayuda a todos los afectados”, dijo, y todo estalló en júbilo.
Más tarde, el vocalista dedicó “The suburbs” a las víctimas de los temblores, y mientras entonaban “Ocean of noise”, invitó a un mariachi a ponerle sabor nacional a las notas.
El sonido versátil y el vanguardismo de Arcade Fire, gracias al cual fueron bendecidos por el mismísimo David Bowie, se mezcló con una producción apabullante: una bola discotequera, cañones luminosos con los que la agrupación interactuaba, máquinas de humo y un par de pantallas de ultra definición con contenido que dialogaba con los temas, contribuyeron al jolgorio en el recital.
La conexión e intimidad entre el conjunto y su público se vivió como si la cita no hubiese sido en el auditorio, sino en uno de aquellos viejos clubes de Montreal donde los músicos soñaban con trascender.

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