La fiebre –una elevada temperatura corporal– normalmente se relaciona con la estimulación del sistema inmunológico del cuerpo; la temperatura normal de un cuerpo fluctúa entre un grado más y uno menos de 37 grados Celsius.
La fiebre puede ayudar al sistema inmunológico a ganarle a ciertos agentes infecciosos, haciendo del cuerpo un lugar menos hospitalario para los virus y bacterias, que son sensibles al calor. Sin embargo, las infecciones no son su única causa. El abuso de anfetaminas, el síndrome de abstinencia del alcohol y el estrés ambiental también pueden ser causa del aumento de temperatura.
El hipotálamo, que está en la base del cerebro, actúa como el termostato del cuerpo. Se activa por sustancias bioquímicas que flotan, llamadas pirógenos, y que fluyen por el torrente sanguíneo desde sitios donde el sistema inmunológico ha detectado problemas. Los tejidos corporales producen pirógenos, al igual que algunos patógenos. Cuando el hipotálamo detecta esos químicos, ordena al cuerpo que genere calor acelerando el metabolismo y que lo retenga reduciendo el flujo sanguíneo periférico, el producto de todo esto es la fiebre. En los niños la temperatura aumenta con más facilidad; y lo que refleja el efecto que tienen los pirógenos en sistemas inmunológicos novatos.
“Alimenta el resfriado y mata de hambre la fiebre.” ¿Debería una persona con fiebre comer poco o nada, como sugiere el dicho? Sí.
Durante una fiebre, todas las funciones del organismo ocurren en medio de estrés fisiológico. Propiciar la digestión durante ese periodo sobreestimula el sistema nervioso parasimpático, cuando el sistema nervioso simpático ya está activo. Como resultado, es posible que durante la fiebre, el cuerpo pueda malinterpretar algunas sustancias absorbidas por el sistema digestivo como alérgenos. Además, la fiebre muy alta puede, en raras ocasiones, desatar un ataque, colapso o delirio, que pueden complicarse por una comida reciente.
Algunas veces, la fiebre suele alzarse muy por arriba de lo que es bueno para el cuerpo. Temperaturas superiores a los 40.5 grados Celsius pueden amenazar la integridad y función de proteínas vitales. Estrés celular, infartos, necrosis de los tejidos, ataques y delirio son solo algunas de las potenciales consecuencias. En caso de que la fiebre rebase a las propias herramientas reguladoras de temperatura del cuerpo, pueden ayudar las compresas de hielo u otros métodos.

Para insultar
con propiedad

Algarabía presenta:

Aprender a insultar es todo un arte, ya lo decía el gran Schopenhauer. Se trata del último recurso cuando todas las demás artes de la argumentación han fracasado, cuando no nos queda nada más que hacer o decir, ya sea porque reprobamos tajantemente una conducta, porque nos hemos visto perjudicados por una estupidez o porque –justo y de ninguna manera– no se entienden razones.
Creemos que no es necesario recurrir siempre a las “palabrotas” altisonantes, a expresiones zafias o al tan manoseado “¡chinga tu madre!” en cada ocasión que se nos presenta, para poder resarcirnos o vengar una afrenta –aunque hay algunas que bien lo ameritan–, sino que puede recurrirse al sarcasmo, a la ironía, a la elegancia y a la analogía para poder darle un giro cuántico al insulto.
Por eso nos dimos a la tarea de recopilar más de 2 mil insultos, muchos de ellos tomados de diccionarios, legajos, textos literarios, pasquines y del uso coloquial del habla para formar un diccionario que le haga honor al arte de insultar y nos ayude a hacerlo “con propiedad”.

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