El rockero urbano Alex Lora, con su ingenio o inspiración, nos aconseja que si quieres generar odio hacia tu persona solo muévete. Genera, provoca, inspira, crea, transforma, cambia o reforma. Y también con su sabiduría popular, ese poeta que dejó sus huellas en el metro Balderas pero perdonado mil veces por el cantico creado a la Virgen de Guadalupe, nos propone que si lo que queremos y buscamos en y de la vida son halagos, pues fácil, solo debemos morir.

Ya había escuchado esa premisa, pero aplicada en los cerdos. Cuando viven de cochinos, sucios y asquerosos no los bajamos. Pero una vez transformado en carnitas, y más cuando se acompañan de cervezas frías, nos desgañotamos en halagos hacia el descuartizado animal, aumentando la andanada en proporción directa al número de cervezas ingeridas, y también, si no fuimos nosotros los que compramos o batallamos con la engorda de tan sabroso difunto.

¿Y a qué viene esa historia de primaria? Pues nada menos que para proponer el cambio radical en nuestra existencia a causa de lo que estamos viviendo. Y la enseñanza de esta cultura popular, si bien es cierto que solo aplica a los que hemos dejado escapar días de nuestra existencia sumidos en la indiferencia del hacer poco o mal, o de plano no hacer. ¿Pero hacer qué? He aquí la primera gran interrogante. Si hemos extraviado las aspiraciones o para muchos, se las robaron, o si el medio nos absorbió hasta hacernos creer que no tener o tener demás es destino fatal, pues estamos tan mal que hemos contribuido a engrandecer al demonio mercantilista que amenaza con tragarnos a todos con toda y nuestra madre Tierra.

Todos debemos modificar nuestra actitud y también nuestras aptitudes como máxima lección al encierro obligatorio, respetado y acatado por los que quieren seguir sobre esta hermosa Tierra.

Si eras un empobrecido consumidor de todo aquello que ves o veías en la tele, ¡bájale! Pero si eres el diabólico personaje que solo está ideando qué darle a tragar a las masas consumidoras de tus porquerías, también y con mayor celeridad, ¡bájale a tu ambición! Ya no es un secreto de intelectuales el saber que para que existan pocos muy ricos, es obligatorio que existan muchos muy pobres. Y que cada peso que se suma a la cuenta del magnate, es un peso que se resta del bolsillo de los muchos pobres. Y ese peso representa una parte de la vida de quien trabajó para obtenerlo.

Hoy vemos al mundo y a México con severos estragos por los modos y formas de producción, transporte, distribución y consumo que adoptaron y adaptaron sobre las masas. Ya vimos que el mercado no premia o castiga con justicia. Ya vimos que la Tierra tiene un límite en todo, y hemos querido no ver ni aceptar que cada clavo que le hundimos nos llega a todos casi de inmediato.

Ya vimos que adoptar medidas hipócritas para contener deterioro ambiental o humano solo prolonga nuestra agonía. Que si la avaricia de los pocos sigue predominando, estamos ante un fin cercano. Y que si la ignorancia, indiferencia, conformismo y pasividad de los muchos tampoco cambia, igual, pereceremos.

Son tiempos de movernos en favor de todos, aunque nos aborrezcan aquellos que les fueron muy bien con nuestra inacción. La otra opción es morirnos para que engrosemos esa larga lista de “los que eran buenasgentes”.

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