LUZ MARIANA ÁLVAREZ PÉREZ /
Área académica de lingüística

Sin duda, en estos tiempos tan complejos, tan llenos de desesperanza, de estrés, de angustia infinita por la incertidumbre del mañana, de trastornos del sueño, de comilonas por ansiedad, de horas infinitas frente a la computadora, algo que nos salva del tedio y la rutina a los que trabajamos como docentes, son los recuerdos. Despejar la mente de a ratitos, rememorando algún episodio chusco o dramático sucedido dentro de nuestras aulas hace que nuestras sonrisas aparezcan y que nuestra labor valga la pena.

Soy profesora desde hace más de 16 años, he trabajado en diferentes licenciaturas y en preparatoria dentro de la UAEH, y puedo asegurar que en todos los espacios que he compartido con estudiantes he aprendido algo, hay momentos y personas que permanecerán en mi memoria por siempre. Quiero compartir mi experiencia trabajando con alumnos de intercambio de la licenciatura en enseñanza de lengua inglesa.

Hace algunos días me contactó una de mis alumnas de China, Daria, para solicitarme un reporte de desempeño académico y para decirme adiós, no sin antes agradecerme por haber sido tan amable y solidaria con ella y sus compañeros. Tuve cuatro alumnos más, aparte de Daria, en dos de mis materias durante dos semestres consecutivos y siempre evocaré lo que de ellos aprendí con mucho cariño.

El único chico era Arias, un joven ávido de conocer cada rincón de nuestro país, que lo mismo se reportaba desde Monterrey que desde algún otro sitio no tan lejano, para comunicarme que llegaría un poco tarde a clase porque andaba paseando. Iris, una chica dulce y preocupada por tener buenas notas, que a veces me miraba afligida y a quién yo calmaba diciéndole que la única tarea que había olvidado entregar no era ‘tan importante’.

La más seria y formal del grupo era Flora, siempre atenta y dispuesta a participar; Julieta, delgada y tenaz, siempre esforzándose por dar lo mejor de sí en clases, la recuerdo despidiéndose siempre con una sonrisa, y por supuesto Daria la más sagaz y expresiva del grupo, una alumna de excelencia, y quien ha prometido regresar a México.

La nostalgia se instala en mí al recapitular tantos aprendizajes que mis alumnos de intercambio me han obsequiado a lo largo de estos años; con sus relatos viajé a lugares inimaginables como el Tayrona, y conocí culturas tan distintas a la nuestra como la coreana. Los recuerdos alimentan el alma y en tiempos tan inconstantes nos anclan a puerto seguro.

Comentarios