El Foro Económico Mundial de Davos coloca a México en el primer lugar del grupo de las 13 naciones más corruptas del mundo, y al obtener los 35 puntos del ranking de la OCDE, México se ubica en el más corrupto de los 34 países que forman parte de ese organismo.
En términos monetarios la corrupción cuesta 347 mil millones de pesos al año, lo que representa 9 por ciento del PIB; mientras la inversión en investigación y desarrollo (I+D) solo alcanza 0.45 por ciento, cuando el monto por importaciones en materia tecnológica alcanza el equivalente a 4 por ciento del PIB.
Entre lo que cuesta la corrupción y lo que se gasta en importaciones tecnológicas, sumado a lo reducido de la inversión en I+D, representa la mayor debilidad para que los mexicanos enfrentemos con éxito los desafíos de la crisis económico-política que ha colocado al mundo en el filo de la navaja de la tercera guerra mundial, bajo el paradigma del proteccionismo, la xenofobia, el racismo y en la despiadada represión, que se asoma ya con las medidas que está tomando Trump, al pedir que todos los policías sean agentes migratorios; ser migrante en EU es ya un delito que hay que reprimir, los tintes dictatoriales cargados de odio racial se hacen evidentes.
En tanto los gobernantes mexicanos persisten en ignorar la importancia del desarrollo tecnológico, como elemento fundamental para que los mexicanos, tanto a nivel de fuerza laboral como de Mipymes, seamos competitivos.
En el reporte del Foro Económico Mundial de Davos de 2011-2012 el lugar que México ocupaba en el ranking global de competitividad era el 58 y avanzó al 51 en el último informe de 2016-2017, pero en los rubros de educación y capacitación descendió del 72 al lugar 82, mostrando un deterioro en la formación de profesionistas y técnicos de calidad, condición que se refuerza con lo que reflejan los lugares de preparación tecnológica, rubro que cayó de la posición 63 a la 73 en el mismo periodo.
Cabe reiterar que para lograr el desarrollo económico con equidad y elevación de los niveles de bienestar es imprescindible e impostergable fortalecer y articular sinérgicamente tres elementos fundamentales: una educación de alta calidad y de alto impacto tanto en lo social como en la productividad de nuestras Mipymes.
El segundo elemento es una intensa e incremental investigación básica y aplicada, congruentemente articulada con los sectores y procesos empresariales estratégicos, ya identificados en las agendas de innovación de cada una de las 32 entidades federativas, cuya realización coordinó el Conacyt bajo la dirección de Enrique Cabrero Mendoza, quien planteó en el inicio de su gestión el 3 de enero de 2013, “se podrá desarrollar un mapa nacional de capacidades científicas para definir temas prioritarios, identificar los clústers del conocimiento y las actividades que deberán impulsarse en cada región del territorio nacional, en donde las ciudades deberán actuar como polos de desarrollo”.
En ese mismo evento el presidente Peña Nieto se comprometió que al final de su administración la inversión en I+D sería el equivalente a uno por ciento del PIB, convocando a los empresarios a invertir; para ello indicó al Conacyt que debería de concretar un verdadero sistema de ciencia, tecnología e innovación, así como de fortalecer los mecanismos de vinculación entre el sector empresarial y la academia, la ciencia y la tecnología.
El tercer elemento es la transferencia tecnológica y de conocimientos, aplicando la creación de redes estratégicas de innovación y la formación de ecosistemas regionales de innovación.
Pero las acciones tomadas han sido de recortes presupuestales en los dos últimos años, en este 2017 la mutilación presupuestaria para Conacyt ascendió a más de 9 mil millones de pesos, ¿acaso lo del uno por ciento del PIB en I+D ya quedó en el discurso? Seguramente; sobre todo con el nuevo incremento al precio de la gasolina del 4 de febrero, que como Trump lo va a cumplir el secretario de Hacienda, al fin y al cabo dijo que no es inflacionario, aunque en la primera quincena del año la inflación llegara a 4.78 por ciento, muy superior a lo también previsto y prometido por Agustín Carstens, el que renunció pero sigue cobrando.
Estas acciones obedecen a la política económica del “superávit primario” o sea más recaudación que el gasto, para mantener las finanzas públicas sanas como condición de crecimiento económico, el cual sigue descendiendo.
La situación económica nacional está entrando en un proceso de recesión, cuyo significado es más pobreza, más inseguridad, más corrupción, menos empleo, menos capacidad de compra, por lo que las protestas no se harán esperar.
¿Cuál es el verdadero obstáculo para el desarrollo?, tal vez la falta de una política científico-tecnológica y fiscal que apoye a nuestras empresas mexicanas y a nuestros trabajadores, que se empobrecen cada día más en la informalidad y el subempleo, que sigue creciendo; el factor determinante es la corrupción y los sujetos de la corrupción, o sea nuestra actual generación de políticos, que ni atan ni desatan. ¿No lo cree usted?

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