Y el miércoles 19 de octubre ahí estábamos, investigadoras e investigadores recibiendo un reconocimiento por parte de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Nosotros y nosotras que recibimos el Perfil Prodep (Programa para el desarrollo profesional docente) donde evalúan nuestra producción científica, desde libros publicados hasta conferencias impartidas.
Gracias a nuestra universidad investigamos, cada año, cada mes, cada semana y cada día y trazamos nuestro perfil con insomnios que nos permiten soñar con nuestras futuras investigaciones, con las nuevas discusiones, con las teorías que podemos rebatir y las transformaciones que podemos lograr a favor de una sociedad más justa y equitativa. Y soñamos despiertos con el fundamento que pruebe fórmulas posibles o métodos arriesgados, metodologías solidarias y técnicas apasionadas. Y despertamos con sueños cualitativamente contables y cuantitativamente espirituales.
Somos investigadoras e investigadores que interpretamos números para sacarles sonrisas, calculamos palabras para que construyan realidades posibles, exprimimos nuestra sensatez para ofrecer conclusiones posibles y ponemos al sol nuestras consideraciones finales para provocar sensatas simetrías. Inventamos proyectos posibles y redactamos itinerarios reflexivos. Agendamos citas eternas con nuestras inferencias empiristas y negamos doctrinas que especulen nuestras convicciones.
Por nuestras pasiones investigativas hacemos reportes donde juramos por nuestro santo teórico tener avances memorables de nuestras investigaciones. Reportamos los libros que colocamos al frente de los estantes de las librerías que visitamos para confirmar nuestra humilde necedad de explicar átomos y neuronas, pasados grabados en el ayer, mensajes que circulan por todos los medios o equidades posibles en utopías feministas. Contabilizamos constancias leales que juran nuestra asistencia al congreso o a la conferencia, donde nuestra voz resonó en un auditorio y donde las preguntas nos reconciliaron con la compañía de esta soledad ante la computadora, delatora de cada idea y de cada resultado.
De esta manera, cada día de nuestra vida académica nuestro perfil dedicado a la investigación es remarcado hasta el infinito, y por eso escribimos y teorizamos, divagamos conceptos y desentrañamos utopías, nos convertimos en tercos de las teorías imposibles y obstinadas en el dato puntual.
Y aquí estamos, recibiendo de nuestra universidad, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, un reconocimiento por nuestro trabajo como investigadores e investigadoras. Mirándonos de frente, para celebrar nuestra vocación. Adivinando nuestras capacidades y compartiendo nuestras competencias. Palpando nuestras habilidades y admirando nuestras actitudes.
Salud, por nuestro perfil que mira de frente la grata aventura del estudio y provoca las pasiones que nos inspiran a seguir con la gozosa vocación de investigar.

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