Todo dejó de importar por unos momentos cuando el balón volvió a rodar en el césped del estadio Akron. La Copa GNP por México dio el banderazo de salida a lo que la periodista Georgina González llamó la “nueva futbolidad”. En el futuro inmediato, el balompié mexicano será muy similar a las múltiples postales que nos dejó la primera ronda de esta competencia del retorno.

Tras 110 días de inactividad, el balón fue desinfectado un par de minutos antes del saque inicial. Los capitanes y el árbitro celebraron el volado guardando una distancia sana entre ellos. No hubo saludo deportivo entre los rivales ni las tradicionales fotografías a los cuadros titulares.

Los elementos suplentes, todos con cubrebocas, se ubicaron en la tribuna para procurar el distanciamiento. No hubo más de 300 personas en el inmueble con capacidad para 50 mil espectadores. En su lugar, las televisoras recurrieron a las más que normalizadas videollamadas para que el jugador número 12 estuviera presente. En Ciudad Universitaria hasta recurrieron a la habitual práctica del sonido de ambiente.

El tiempo es relativo. La covidianidad nos tiene atados a una rutina tan estrecha que la noción de los días se ha vuelto difusa. Pero el mundo sigue su curso y el futbol de escritorio tuvo todo menos descanso. Tan es así que nuestro deporte favorito volvió a la acción con una nueva franquicia. Mazatlán FC se presentó ante la sociedad con más ruido mediático que propuesta deportiva. La marea púrpura sinaloense tendrá que esperar un poco más.

Como espectáculo, los primeros juegos fueron una síntesis de lo que es el futbol mexicano como cultura. Ritmos ríspidos, estrategias sesgadas, condiciones climáticas complejas y hasta apagones eléctricos. Es curioso cómo América, el último club en recibir gol antes del parón, fue el primero en anotar en el nuevo torneo amistoso. Los azulcremas tomaron su propia estafeta.

Pese a la bonanza de la vuelta a la acción, hay temas que no pueden desatenderse. ¿Será que la Liga mexicana está en condiciones sanitarias para volver el 19 de julio? Hoy por hoy, la mitad del país continúa en alerta máxima y los casos de contagio siguen presentándose en clubes como Atlas y Cruz Azul.

El deporte no está exento de la realidad. Al contrario: es una representación metafórica de la misma. Si bien el futbol –o cualquier otra disciplina– es un sitio a dónde escapar, ese escape siempre debe estar situado en un contexto, más si este es pandémico.

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