Principia un conflicto en los países que hemos sufrido los efectos del Covid-19 con más de 6 millones de casos en casi todos los continentes, los efectos han sido devastadores. La nueva normalidad, así como, los resultados en la producción y productividad en la economía cobran la factura en este nuevo proceso, pero en realidad es un concepto que se acuña en el 2008 en la crisis financiera en los Estados Unidos. El financiero Mohamed A El-Erian es un consultor y asesor de servicios financieros, usó el término para explicar la crisis no es una herida superficial, por el contrario es muy profunda y el periodo de recuperación de los mercados financieros y la economía era todos menos normal. La frase sentencia que algo antes no estaba bien, ahora es común.

Los gobiernos están actuando bajo las premisas de cuidar la salud pública y la vida, la responsabilidad compartida entre lo público y lo privado, solidaridad y no discriminación, una economía eficientemente productiva, es un periodo de retornar de modo progresivo y por etapas en las actividades sociales y económicas con un principio del distanciamiento social. Muchos países empiezan a levantar condiciones de asilamiento al confinamiento con gran cautela. Esa medida es de una nueva normalidad. La experiencia en Europa de salir del aislamiento y relajar ciertas medidas para dar capacidad productiva pero en un paso a paso tendrá una normalización gradual por el lado de la oferta en las economías europeas a mediados de julio.

En México entraremos en esa nueva normalidad por una presión social y política más que económica de los sectores privados y de las industrias que exportan. Sin embargo, el sector de los servicios era de los primeros beneficiados con dichas medidas, los pequeños comercios, restaurantes, el comercio minorista, las actividades culturales y deportivas que contribuyen apenas el 13 por ciento del PIB. La industria de los insumos a la construcción entre otros que perderá el 70 por ciento de la obra contratada, la apertura de grandes almacenes, las Pymes en la industria intentan reactivarse mientras que las grandes empresas gastan millones de pesos en mantener las medidas de salud del trabajo, como Bimbo, las refresqueras como el grupo Femsa-Coca-Cola, las cerveceras, la industria-químico farmacéutica que no paró en el proceso de asilamiento.

La economía del sector productivo y comercial estará preparada para esos nuevos costos con adaptaciones a la infraestructura en sus instalaciones, señalización, puestos de desinfección de manos y equipos que en algunas industrias no realizan por su actividad, la sanitización en oficinas y plantas productivas, acrílicos o muros para la sana distancia de trabajadores que en algunos casos será hasta de 1.5 metros de 15, caretas, tapabocas, gafas, y equipo para trabajadores, proveedores y clientes, ello representa costos adicionales para los empresarios pequeños y grandes. Los empresarios mexicanos y extranjeros se enfrentan a problemas como despedir un porcentaje de entre 15 y 20 por ciento de su plantilla. De liquidez por la falta de ventas y recuperación de cartera por cerrar y afectar a micro, pequeñas y grandes empresas por el cierre de establecimientos.


La reapertura económica no significa que la epidemia esté superada. Los gobiernos determinarán cada semana el nivel de alerta para que la autoridad sanitaria local decida en el ámbito socio-económico donde las empresas, trabajadores y consumidores tendrán que adaptarse a una manera de confiar en los mercados. Será esta la nueva normalidad que la economía necesita para recuperarse. ¡La confianza es una virtud, la paranoia y la desconfianza no lo son!

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