Las condiciones de vida para más de 70 por ciento de los mexicanos son por demás difíciles, sino es que caóticas, dada la alta concentración de la riqueza; mientras que, los que forman parte de la alta burocracia como los altos directivos empresariales, sobre todo los extranjeros, tengan ingresos exorbitantes y los salarios de los trabajadores sean cada vez más precarios, el país será cada vez más vulnerable.

Esa situación es resultado de 36 años de aplicarse un sistema depredador, que ha profundizado la desigualdad, basándose en la doctrina económica de “laissez faire, laissez passer” (dejen hacer, dejen pasar) que se opone a la injerencia del gobierno en la economía, traducida a la práctica de los seis gobiernos pasados significó: “Te dejo robar para que yo robe”, dando como resultado la impunidad que llega a niveles de más de 90 por ciento, por lo que la corrupción fue la condición necesaria para que operara el sistema neoliberal en nuestro país.

Consecuencias de ese sistema socioeconómico son: la pobreza de más de 53 millones de mexicanos, la criminalidad en espiral hacia niveles de terror y la falta de movilidad social, la respuesta de los mexicanos ya la vimos el pasado primero de julio.

El Colegio de México publicó el estudio “Desigualdades en México 2018”, elaborado por 11 investigadores quienes en sus análisis muestran las graves consecuencias de la desigualdad en México, tanto en la vida de las personas como en el desempeño de la estructura económica nacional, la integración social y la solidaridad en las comunidades.

Los ingresos de la población trabajadora, a pesar de los esfuerzos por lograr más talento, se mantienen estancados desde 2007, de ahí que la movilidad es casi inexistente, de 100 mexicanos que nacen pobres, 98 mueren pobres.

La equidad de género es cuesta arriba, según el estudio citado, todavía existe un número considerable de mujeres que dependen de los ingresos de sus parejas y si cuentan con un trabajo remunerado, reciben menos ingresos que los hombres, por lo que las mujeres son más propensas a descender en la escala socioeconómica o incrementar su grado de dependencia.

Se registra un incremento de 50 por ciento de los trabajadores que ganan menos de un salario mínimo y no se quejan como los diputados, que amenazan con no dejar de robar; desde 2008 hay una convergencia salarial a la baja, porque incluso los salarios se han deteriorado para los profesionistas, pero ni ellos cuentan con los beneficios de la seguridad social, que está en proceso de extinción, dado que la contratación formal con prestaciones son para los trabajadores operarios, incluso no para todos.

La desigualdad perjudica el crecimiento económico, traduciéndose en barreras para que segmentos de la sociedad alcancen su potencial productivo, he a ahí las desigualdades regionales, dinámica que implica que la sociedad desaproveche las habilidades de grandes grupos sociales con la consecuente pérdida de talento, eficiencia y contribuciones al desarrollo económico. La desigualdad tiene como consecuencia una inversión ineficiente en el capital humano, sobre todo el de alto desempeño.

La concentración de recursos económicos en grupos privilegiados como las grandes empresas, sobre todo las extranjeras, aumenta desproporcionalmente la capacidad que tienen las elites para influir en las agendas y acciones de los gobiernos y partidos políticos, impactando negativamente en la capacidad de gobernanza en los tres órdenes de gobierno.

La mejor política económica es la que se sustenta en la política social, fundamentada en el respeto de los derechos humanos y las prestaciones sociales para fortalecer la capacidad económica de las familias, la mejor política social es la que se sustenta en la dinámica y contundente convergencia de las políticas, educativa con la científica tecnológica e innovación, orientadas a revertir y superar los rezagos sociales y la corrupción.

Para que los mexicanos se inserten competitivamente, esto es aprovechando las oportunidades y traduciendo en beneficios los retos de la revolución 4.0, es menester construir un nuevo modelo económico con un alto sentido ético-social y un contundente desarrollo científico y tecnológico. ¿No lo cree usted así?

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