Las nuevas generaciones gozan de múltiples y variadas ofertas de información, de entretenimiento, de educación y de acceso al conocimiento. Pareciera que la promesa del siglo XXI y sus Tic se hicieron realidad. Acceso al mundo global, a las relaciones interculturales e internacionales; libertad de decir, de elegir y de conocer. Basta darse una zambullida en las redes sociales y eso parece: no solo información de ida y vuelta, sino mensajes de servicio social, activismo político y cultural, reflexión colectiva y demás.

¿Es eso real?

¿Dónde quedaron las suspicacias y alertas apocalípticas de la virtualidad?

¿Qué hay de la brecha de género, de acceso a la tecnología y la información?

Mucho queda por revisar, reflexionar y documentar sobre virtudes y polarizaciones en el tema de info-comunicación de esas dos primeras décadas del nuevo siglo.

En temas de diversidad y pluralidad, a pesar de que pueden encontrarse nuevas y enriquecedoras miradas, solo los segmentos grupales de vanguardia o elite son “diferentes”. Una gran mayoría sigue reproduciendo arquetipos y estereotipos de raza, clase y género. Los valores ancestrales se sobreponen a las bondades del ciberespacio reproduciendo viejos, desgastados e inoperantes modelos de pensamiento y conducta. La música es uno de los espacios ejemplo de esa afirmación.

Para muestra, comentaré un tema que en algún momento analicé y expuse sobre los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia y de las audiencias a recibir información y/o entretenimiento equilibrado y respetuoso: el video oficial del cantante Gerardo Ortiz, “Fuiste mía”.

La letra revela por sí misma violencia y cosificación de las mujeres: “Llegas y me tocas el cuerpo y te llevas mi alma, bien sabes lo que siento. Me ilusionas, me juras y en algunas perjuras que soy yo tu deseo. Tienes un sabor a mentira que seduces mi vida. Eres tú tan divina, y me enyerba tu aliento y el olor de tu cuerpo, tú sabes lo que siento. Llegas y me elevas al cielo y me llenas de besos y me dices ‘Te quiero corazón’, no sigas con esas mentiras que me endulzan la vida, eres tú mi alegría. Es mejor que me vayas contando en qué tiempo fuiste mía”.

El pensamiento misógino actual retoma y reactualiza viejos clichés y odios sobre las mujeres y su capacidad. Mujeres malas, mujeres perversas, mujeres tentación. Pero eso no sería tan grave si no hubiera estado acompañada la interpretación por un video escenificado por el cantante y una modelo voluptuosa, en ropa interior, a quien sorprende en su cama con otro hombre y la reacción es violenta más allá de lo simbólico: la encadena, la acaricia (evocando una violación después de la afrenta), para finalmente meterla en la cajuela de un auto y prenderle fuego, yéndose triunfante y con el “orgullo” resarcido.

Ese video provocó reacciones de indignación en un tema que se ha vuelto una pandemia social: el feminicidio. Se retiró el video un tiempo y casi enseguida se volvió a subir con una marca de agua. Los fans protestaron y acusaron de hipersensibilidad y mala interpretación de esa “buena” melodía.

¿Y las bondades de esta aldea global del conocimiento, del nuevo pensamiento, de diversa y plural información?

El género musical que sea y los cantantes, más o menos populares, siempre repiten viejas ideas, sentencias caducas sobre las mujeres, un odio recalcitrante hacia ellas y con ello abaten la esperanza de ser mejores humanos, de lograr un mejor mundo y ser una mejor sociedad. Basta recordar que de célebres a anónimos el problema es la misoginia, el machismo y la cultura cavernaria y patriarcal.

El célebre Aristóteles negaba la humanidad de las mujeres al compararlas con las hembras animales: “En cualquier tipo de animal, siempre la hembra es de carácter más débil, más maliciosa, menos simple, más impulsiva y más atenta a ayudar a las crías. La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades”.

Nietzsche las ubicaba como mujeres objeto: “La mujer no tendría el genio del adorno si no poseyera también el instinto de desempeñar el papel secundario. Cuando una mujer tiene inclinaciones doctas, de ordinario hay algo en su sexualidad que no marcha bien”.

Carl G Jung, uno de los pilares de la psicología, creía firmemente que el cuerpo determinaba su talento y realización diferenciados, negando la posibilidad igualitaria de una sociedad: “Al seguir una vocación masculina, estudiar y trabajar como un hombre, la mujer hace algo que no corresponde del todo con su naturaleza femenina, sino que es perjudicial”.

Los siglos pasan, los destacados filósofos, pensadores y creadores marcan pautas innovadoras en varios campos y el desarrollo de la tecnología potencia y revoluciona la comunicación e información sociales, pero en materia de igualdad entre géneros el mundo se detiene en proporciones inimaginables y ancestrales. ¿Cuándo y cómo remontaremos esa triste e incivilizada realidad?

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.