Se curaron en salud diputadas y diputados durante la instalación de la flamante comisión de cultura y cinematografía de la 64 Legislatura, con tremendos discursos sobre “ahora sí” la inclusión de los pueblos originarios y el respeto y promoción de las lenguas, por supuesto, sin mencionar el respeto a las autonomías y el derecho a la consulta sobre sus territorios, entre infinidad de omisiones de los discursos mayoritariamente paternalistas. Otro tanto, discursos reciclados y adornados de una retórica cursi, adornada a su vez de flores y hasta del canto del cenzontle, y referentes al pasado prehispánico, pero nunca al presente rebelde y vigente de la resistencia indígena.

En lo que pudo observarse a lo largo del evento, todo parece indicar que el circo seguirá siendo el mismo, solo que con nuevas pistas y nuevos actores, y solo había que poner atención a todo el protocolo de instalación de la comisión, así como los contenidos y actitudes de sus nuevos integrantes, muchos de ellos impresentables y obscenos como el discurso del diputado del PRI, un egresado y dirigente en San Luis Potosí de las filas del grupo paramilitar Antorcha Campesina, quien haciendo gala de una demagogia, que raya en un mediocre y obsceno cinismo, se dedicó a hacer proselitismo para su alma mater.

Mucho llamó la atención el hecho de que solo dos participaciones, provenientes de diputados de Morena y del PES, tuvieran una propuesta de agenda legislativa, con deficiencias pero coherente. No así el resto de diputadas y diputados, que lejos de estar a la altura que la ocasión ameritaba, hicieron gala de una profunda ignorancia con respecto a la cuestión cultural, tanto para el debate como en sus saberes muy elementales sobre el concepto, incluso deficiencias para escribir y leer, ya no digamos de contenido; un diputado se declaró abiertamente y literalmente “hijo de la machaca” como una de sus raíces.

La inmensa mayoría redujo a los pueblos originarios a garambainas folclóricas, indispensables para el desarrollo del turismo. Otros, que siguen pensando como colonizados, compararon culturalmente a México con Europa en esta abominación de “estar al nivel”, característica del pensamiento alineado y que los tiene sumidos en la ignorancia. Frases como: “La cultura nació desde que Dios pintó el mundo de colores”, en la voz del diputado del Movimiento Ciudadano, solamente fueron confirmando lo que ya sabemos: el nivel cultural de la mayoría de diputadas y diputados que conforman esta comisión, no está a la altura de lo que un tema tan importante para el país requiere en estos momentos.

Por lo demás, en los pocos puntos que se abordaron, varios de ellos no pasan desapercibidos, ya que indican de manera muy clara que la ruta neoliberal también va a continuar en materia cultural. Cuestiones como el impulso a las industrias y empresas culturales que pretenden mercantilizar a la cultura con fines lucrativos son preocupantes. Para cerrar con broche de oro después de un performance donde se cantó un fragmento de La traviata –les digo que el pensamiento colonizado impera–, el último discurso de la diputada de Morena por el distrito 04 en Puebla, en el que denunciaba el saqueo de los territorios de los pueblos originarios y el despojo a la cultura dentro de la continuidad del proyecto neoliberal, fue interrumpido por el flamante presidente de la comisión Sergio Mayer, quien, más preocupado del protocolo y “respeto a los invitados” que del contenido, terminó callando la única voz crítica dentro de la función.

Mientras, el espectáculo continuaba entre el despliegue de zalamerías, pleitesías y adulaciones, entre las que destacaban las dirigidas a la próxima secretaria de Cultura –seis escoltas para sacarla del recinto y todavía no asume el cargo– en un contexto más parecido a una corte real que a la legislatura de una república democrática, donde los plebeyos, es decir, los trabajadores de la cultura, mayoritariamente se quedaron parados sin alcanzar sillas en “popular general” y mucho menos en las reservadas para las “personas importantes” –80 por ciento del total–. La comunidad de artistas convidada de palo: ni voz ni discurso ni propuesta ni palomitas. Tercera llamada, comienza la función.

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