La Cámara de Diputados aprobó las reformas a la Ley General de Salud en materia de sobrepeso, obesidad y etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas. Dicha herramienta es para disminuir la obesidad, sobre todo en infantes, pero surge una interrogante, ¿es la mejor estrategia? El investigador de la UAEH Marcos Galván señaló algunos huecos de esa iniciativa como el hecho de que la población tenga hábitos que superan lo que diga cualquier estampa.

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Reformas a la ley

El pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo general y en lo particular las reformas en las disposiciones de la Ley General de Salud en materia de sobrepeso, obesidad y etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas que establece que esos productos deberán contar en su parte frontal con advertencias claras sobre la información nutrimental y si se exceden factores como azúcares añadidos, nutrimentos críticos, sodio, grasas saturadas o el contenido energético.

Esa herramienta busca disminuir la obesidad, sobre todo en infantes, pero ante ello surge una interrogante, ¿es la mejor estrategia? Al respecto, Marcos Galván, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), del área académica de nutrición, refiere que podría haber algunos huecos como el hecho de que la población tenga hábitos que superan lo que diga cualquier etiquetado.

Para Galván, dichas reformas surgieron ya que el estampado frontal no era entendible para los consumidores, por lo que el nuevo esquema permitirá que la población obtenga la información nutrimental de manera más clara e inmediata, y aunque esa parte es positiva, consideró, desde nuestro trabajo con niños y familias en los planteles escolares vemos que no es suficiente para atender la problemática del sobrepeso y obesidad.

A nivel nacional, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016 (Ensanut) detectó que el promedio nacional de prevalencia de obesidad fue de tres de cada 10 menores; mientras que para las zonas urbanas de Hidalgo como Pachuca, Tula y Mineral de la Reforma fue de hasta cuatro de cada 10; en escuelas particulares el indicador fue de hasta cinco de cada 10. “Estamos hablando de que son los niños con padres de familia con mejores ingresos”, refirió Marcos Galván.

El investigador de la Autónoma reconoció que la medida es buena y consideró que de aplicarse la ley daría buenos resultados, pues habría pocos productos dañinos en las tiendas escolares, no obstante, la aplicación aún está a revisión de los objetivos a largo plazo.

Dicho modelo ya tiene un antecedente en Chile. Aunque Marcos Galván refirió: “Lo que no se dice del modelo instalado en ese país es que el etiquetado no es suficiente, porque además hay que capacitar a los concesionarios en las tiendas de las escuelas para que vendan alimentos preparados con mayor valor nutrimental, que sean higiénicos y de mejor calidad que los que podríamos encontrar en envases.

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“Además, metemos en un problema a los paterfamilias, pues se preguntarán ‘¿qué le pongo en la lonchera ahora a mi hijo?’, pues estamos hablando de hogares donde mamá y papá trabajan. En el caso de Chile se esperaba que los tutores por el hecho de leer el nuevo etiquetado compraran otros alimentos saludables, frescos, tal vez preparaciones caseras menos industrializadas o más orgánicas, pero el ritmo de vida y que no tengan el tiempo para la preparación hace que continúe la adquisición de esos alimentos.”

Hace unos años, fue aplicado en México un impuesto a los refrescos. Además, hubo modificaciones por parte de las empresas para alterar el contenido con sustancias como aspartame, entre otros, que disminuyeron la cantidad de azúcar, no obstante, esa no es la intención del etiquetado frontal.

“Hoy estamos viendo cada día más evidentes los efectos, si bien esta sustancia no tiene consecuencias a corto plazo, a largo tienen modificaciones metabólicas, es decir, los productos sufren alteraciones para entrar en los etiquetados confirme a la ley.”

Agregó que “la industria alimentaria es muy hábil, pues por ejemplo Danone, en el caso de su flan en presentación de 250 gramos contiene 200 calorías, tras la ley encontraremos uno de 110, pero ¿cómo lo está logrando? Es decir, que podrían usar aditivos para reducir las calorías”.

Antes, los consumidores estaban seguros de que lo que adquirían, por ejemplo si era un flan de leche entera, ahora no lo saben, pues la inocuidad se prueba en los alimentos pero a largo plazo no se sabe si causará algún efecto.

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Para saber…

“Para incluir a la sociedad y que este nuevo etiquetado tenga más efectos se requieren grandes campañas de nutrición y apoyo del gobierno”, consideró el catedrático de la Autónoma de Hidalgo, quien agregó que si las personas detectan que sus productos favoritos tienen sellos negros y al no ofrecer opciones preferirán los que no tienen, es decir, acudirán al ambulantaje.

“Ahí vamos a tener otro consumo, porque la gente tiene que comer, un trabajador al mediodía ya tiene hambre e ingiere lo que está disponible”, refirió, por lo que resulta complejo que solo con el etiquetado disminuya en gran medida el problema de obesidad en el país.

“No estamos dirigiendo ese cambio de conducta porque no se están ofreciendo alternativas, no existe una estrategia pedagógica para ello y no lo hemos creado”, agregó Marcos Galván.

En gran medida, los hábitos alimenticios impactan en la cultura, las cenas familiares, la reunión entre amigos, entro otros, que generan recuerdos y actitudes que son difíciles de desaprender.

En el caso de Chile, la estrategia fue instalada en 2012 y aún no hay datos directos para disminuir a la prevalencia de sobrepeso y obesidad.

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En la UAEH

En el marco de la Feria Internacional de la Salud (FIS), investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) presentaron dos publicaciones dirigidas a paterfamilias para brindarles orientación sobre el manejo de las emociones, la buena alimentación y los estilos de vida.

Algunas de esas acciones están contenidas en el libro que presentaron los científicos de la máxima casa de estudios de la entidad Bien en familia. Estrategias integrales para resolver problemas en alimentación y estilos de vida, instrumento que derivó de la prevención de sobrepeso y obesidad estudiantado en Hidalgo, proyecto que además ha crecido y que tras 16 años de investigación ahora será llevado a nivel Latinoamérica.

Marcos Galván, Rubén García Cruz y Rebeca Guzmán Saldaña, profesores de la UAEH, junto con Flor de María Jiménez Jiménez, presidenta del voluntariado de la Secretaría de Educación Pública de Hidalgo (SEPH), explicaron que el texto incluye estrategias y ejemplos de cómo debe educarse a los infantes para llevar así una vida saludable.

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En contexto

Con el objetivo de prevenir la obesidad y la diabetes, la Cámara de Diputados aprobó las reformas a la Ley General de Salud para establecer que los alimentos y bebidas no alcohólicas tengan en su etiqueta frontal las advertencias claras sobre la información nutrimental y si el alimento excede factores como azúcares añadidos, nutrimentos críticos, sodio, grasas saturadas o el contenido energético.

La propuesta, que ya fue turnada a la Cámara de Senadores, establece que la Secretaría de Salud federal (Ssa) podrá incluir leyendas o pictogramas en cualquier alimento de ese tipo que considere necesario, ya que la obesidad y diabetes en el país representan los principales problemas de salud.

De acuerdo con la oficina de información científica y tecnológica para el Congreso de la Unión (Incytu) es común encontrar alimentos procesados que utilizan etiquetas engañosas y no reflejen el contenido nutrimental real, lo que puede hacer creer erróneamente a los consumidores que el producto elegido es benéfico para su dieta, lo cual dificulta mantener un consumo apropiado de calorías y nutrientes.

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Ejemplo de ello son las bebidas azucaradas como refrescos y jugos de fruta, naturales o procesados, cuyo consumo está asociado al aumento de peso y que a su vez incrementa el riesgo de contraer diabetes, enfermedades cardiovasculares, hígado graso y algunos tipos de cáncer y caries.

En México, entre 58 y 85 por ciento de la población consume más azúcares añadidos que lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por lo que para reducir la ingesta de esa sustancia en 2014 fue implementado un impuesto a las bebidas azucaradas y a los alimentos de alta densidad calórica.

El aumento fue de 10 por ciento del precio total del producto y se espera que en un plazo de 10 años el gravamen ayude a reducir la obesidad en 2.

54 puntos porcentuales y prevenir entre 86 mil y 134 mil casos de diabetes. Aunque una tributación de 20 por ciento prevendría entre 171 mil y 267 mil casos en el mismo lapso.

Actualmente, el etiquetado frontal de los alimentos procesados en México no sigue las recomendaciones de la OMS, que sugieren que la ingesta diaria de azúcares libres sea menor a 10 por ciento del consumo calórico total; además, indica que un nivel menor a 5 por ciento podría traer beneficios adicionales a la salud.

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Aunque lo recomendable es ingerir al día hasta dos litros de agua natural, no tomar más de dos vasos de leche semidescremada ni más de medio vaso de jugo natural de frutas o leche entera y evitar por completo el consumo de refrescos y aguas de sabor.

  • La propuesta ya fue turnada a la Cámara de Senadores. Según la Ensanut 2016, el promedio nacional de prevalencia de obesidad fue de tres de cada 10 menores
  • El investigador de la UAEH Marcos Galván refirió que podría haber algunos huecos como que la población tenga hábitos que superen lo que diga cualquier estampa

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