Por respeto a uno de los platillos más representativos de la cocina mexicana, dejaremos de referirnos a los amistosos de la selección mexicana como “moleros”. Este adjetivo descalificativo fue acuñado por Ricardo Ferretti para referirse a aquellos encuentros que no producen ningún beneficio deportivo. No hay parámetros, pues están pensados para ofrecer una victoria gris que llene las arcas de los promotores en la Unión Americana. México siempre triunfa, pero casi nunca gana.

Esta semana fue la excepción. Luego de golear a una endeble y metamórfica selección estadunidense, Argentina fue la encargada de poner fin a la racha invicta de Gerardo Martino con alto estrépito. Encajando cuatro goles en un lapso de 40 minutos, el 11 de gala del Tri sucumbió ante la también renovada albiceleste, misma que no necesitó echar mano de Lionel Messi o Sergio Agüero para dar el golpe sobre la mesa.

Afortunadamente, el diagnóstico puede centralizarse y señalar la zona más vulnerable de la escuadra nacional: la defensa. Como hemos manifestado en otras semanas, los reflectores del balompié se centran en los hombres gol, los virtuosos del toque y los arqueros voladores. Mientras tanto, la zaga continúa como la posición más ingrata: solo es noticia si falla.

Hace un tiempo que un central de categoría no florece en el semillero azteca. Salvo el caso de Edson Álvarez, quien se adapta mejor en la contención, los centrales mexicanos jóvenes escasean y los de mayor recorrido comienzan a divisar el ocaso de sus respectivas carreras. Esto quedó de manifiesto con los errores garrafales, casi infantiles, de Carlos Salcedo y Néstor Araujo el martes.

La jerarquía de gente como Rafa Márquez o Héctor Moreno se consolidó como una pieza infaltable en la retaguardia tricolor. Cualquiera que haya jugado futbol sabe que los líderes provienen de la línea defensiva, por lo que el combinado nacional se ve necesitado de un referente que aporte en talento y actitud. Seguramente, el estratega argentino tuvo mucho que meditar luego del cubetazo de agua helada propinado por sus compatriotas.

Por ello, la nueva convocatoria involucra a gente joven, algunos por debajo de los 20 años. Martino comenzará su proceso bajo los nuevos calendarios de Concacaf, lo que le permite realizar un escaneo periódico de nuevos talentos que puedan nutrir los diferentes equipos representativos. Veremos si esta modalidad competitiva ofrece mejores parámetros para comprender el presente real del balompié mexicano, así como sus aspiraciones de cara al futuro.

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