Anónimo

Julia estaba obsesionada con Noé, su novio de la preparatoria. Cuando él la dejó luego de que ella le armó un drama frente a sus amigos y lo acusó de engañarla con otra chica, quedó devastada.

La depresión fue tal que se dedicó a seguirlo durante varias semanas, que se convirtieron en meses y luego en años. Alejandra, su mejor amiga, primero trató de hacerla recapacitar y hacerle ver que su actitud era enferma, pero con el paso del tiempo comenzó también a caer en el juego de Julia al grado de que decidió ayudarla.

Pese a que ya habían transcurrido un par de años desde la ruptura, la obsesión de Julia con Noé seguía latente. Alejandra le comentó que había leído sobre un juego en el que podía contactar a los espíritus y pedirles ayuda. “Mucha gente lo ha hecho”, dijo.

Una noche, Alejandra y Julia quedaron de verse en un panteón; la amiga se había comprometido a llevar el “juego”, que no era más que una Ouija. “No hay peligro”, le aseguró cuando vio que Julia dudó un poco ante la posibilidad que se le abría.

Apenas hicieron la primera pregunta y el vaso se movió. Habían contactado rápidamente a un espíritu. Alejandra se asustó cuando el “ser” que les respondía las preguntas le dijo algo que solo su familia sabía. Le insistió entonces a su amiga que lo dejaran y se fueran, pero Julia estaba fascinada con la Ouija y se negó a abandonar, no le importó que Alejandra la dejara sola. Miedo no sentía.

Julia se atrevió y le pidió al “ser” que Noé regresara con ella, pese a que él ya tenía una nueva relación. El “ser” le prometió que así sería, pero que ella le daría a cambio el primer hijo que tuviera con él. Sin dudarlo, aceptó.

Las cosas se cumplieron tal como le dijo el “ser”. A los pocos meses se casaron y ella, feliz con el matrimonio, olvidó la promesa, hasta que, estando embarazada, comenzó a escuchar por las noches una voz que le decía: “Me vas a dar a tu bebé, será un bebé bello, se llamará Luzbel”. Varias veces ocurrió esto y cuando ella despertaba veía a un gato negro sentado en su vientre.

Su salud mental y física se deterioró y su familia, preocupada, buscó apoyo con un sacerdote que hacía exorcismos, a quien le tomó varias sesiones poder alejar al “ser”, que resultó ser un demonio. Julia recuperó la salud, pero pagó un alto precio pues por el estrés perdió al bebé y, al poco tiempo, también a Noé, quien se divorció después de conocer el pacto que hizo su esposa con el Diablo.

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