Ciudad de México.- En la selección mexicana pueden cambiar los jugadores y los técnicos, pero siempre hay un héroe que es el mismo: Guillermo Ochoa. El portero se puso ese traje que tanto le gusta durante el partido y en la tanda de penales.

El Tri tuvo que llegar a los penales para meterse a semifinales ante una Costa Rica que vendió cara la derrota; que nunca hizo de víctima, como se esperaba, y puso a temblar a todo el país en más de una ocasión.

México sufrió, y bastante, ningún partido en la corta era de Gerardo Martino al frente del Tri había sido así, pero esta selección supo sacar las papas del fuego y pudo con la presión cuando más encima la tenía y son justos vencedores de esta serie de cuartos de final.

El combinado azteca se puso al frente con un gol de Raúl Jiménez antes de que terminara el primer tiempo y todo parecía normal para un Tri que era mejor, pero que tenía poca contundencia y eso le estaba pasando factura.

El arbitraje influyó demasiado en este sufrimiento ante los ticos. Empezando el segundo tiempo, un penal inexistente del Chaka sobre Campbell terminó por ser el detonante del empate, injusto pero que al final estaba reflejado en el marcador.

El Tricolor puso el carácter, el valor y se adueñó de la pelota como nunca antes lo había hecho con el Tata, pero de nada servía y las lesiones aparecieron en Guardado y Jonathan dos Santos, entonces fue cuando los fantasmas empezaron a rondar a un equipo mexicano que sufre en ese torneo de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (Concacaf).

En el tiempo extra apareció Ochoa para librar al cuadro azteca de los malos espíritus que por poco ponían a México de regreso a casa, pero el arquero con una tajada increíble abajo devolvió el alma a los mexicanos para que pusieran más carácter a la situación.

Los penales llegaron y con ellos los fantasmas cuando Jiménez falló el primero de toda la tanda, pero poco a poco el Tri cobró fuerza y la puntería se adueñó de los aztecas y así retomaron la ventaja para, en la muerte súbita, encomendarse a San Ochoa, y este no le quedó mal a su selección y le hizo el milagro de meterla a semifinales, donde se encontrará con la sorprendente Haití.

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