Una búsqueda que expresa la energía social de un amplio sector de la sociedad es, entre otras cosas, recuperar las prácticas republicanas de la libertad, la transparencia y los procesos abiertos que estas implican. Revitalizar estos conceptos nos permite derivar a un término clave, el liberalismo político en su naturaleza y contenido. Lo central de estos principios es que nos conducen a la democracia.
Para 2018, los mexicanos volveremos a revisar y poner en el centro de nuestras discusiones y preocupaciones a la democracia y los valores que le nutren. Lamentablemente lo que predomina en el escenario nacional es una práctica contraria al ejercicio democrático. En los días que corren la prensa nacional e internacional documenta un nuevo escándalo (que en realidad no es nuevo), la turbiedad e impunidad de la empresa brasileña Odebrecht, las revelaciones de este ejercicio de corrupción ha sido revelado por dos medios, ambos reconocidos por su profesionalismo, Quinto Elemento Lab y O Globo en Brasil. De acuerdo con el diario brasileño O Globo, los sobornos comprometían un contrato de 115 millones de dólares para diversas obras en la refinería de Tula. El contrato se entregó por vía de designación directa, es decir, sin licitación. El acuerdo estipulaba la construcción de una planta recuperadora de azufre y una desulfadora de gas.
La historia resumida es que Lozoya Austin habría recibido 4 millones de dólares, cuando era uno de los principales actores en la campaña presidencial del priista Peña Nieto, y los restantes 6 millones de dólares los recibió ya como director de Petróleos Mexicanos (Pemex). Sin embargo, en su columna de El Universal el lunes 14 de agosto, el periodista Salvador García Soto hace una revelación al señalar que Lozoya asegura que los 10 millones de dólares que entregó la empresa Odebrecht no fueron recibidos por él, sino por la entonces titular de la comisión de presupuesto y fiscalización en el CEN priista, la hidalguense Nuvia Mayorga, esta funcionaria aspira a representar al estado de Hidalgo en el Senado de la República, lo cual para los ciudadanos no solo es muy grave sino también un agravio, la pregunta obligada es, con qué autoridad moral, contenido ético, credibilidad y transparencia esta funcionaria, que ha sido señalada repetidamente de traficar con los recursos públicos, aspira a expresar la voz de ciudadanos profundamente irritados por la impunidad, el tráfico de influencias, la corrupción sin límite, que la caracteriza.
Odebrecht es una nueva historia, otra más, de la náusea e impunidad de una élite gobernante, incapaz de aprender de la historia y la ética.

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