Luis Frías*

Porque todo ser algo, significa ser a costa de algo;
ser a costa de que otro algo no sea.
María Zambrano,
Filosofía y poesía

Aunque es el año de Elena Garro, estamos en Hidalgo: así que me voy a tomar la licencia de citar a Octavio Paz. Además, seguramente, a ellos les va a gustar.
En agosto de 1978, en la revista Vuelta había aparecido “El ogro filantrópico”, el ensayo germinal que luego Paz sacó como libro. Ahora que se está discutiendo públicamente sobre la creación de la Secretaría de Cultura de Hidalgo, no pude evitar acordarme de ese texto.
No que lo quiera citar para dizque argumentar sobre la conveniencia de tal o cual medida dentro de la estructura gubernamental de Hidalgo. Más bien, me acordé del texto y vi que las generaciones como la mía y las anteriores parece que no pudiéramos pensar ni actuar al margen de las formas del proceder priista.
Al leer, principalmente en este periódico, la postura de quienes están rabiosamente en contra de la Secretaría de Cultura, dije: Qué no se dan cuenta de que lo que están haciendo al oponerse a una transformación de la estructura cultural oficial, es demostrar cuánto están enquistados en ese sistema que describía el propio Paz, cuando hizo la taxonomía de cada uno de los grupos que forman parte del aparato gubernamental.
En un régimen como el mexicano, explicaba su apreciado Paz, “consideran al Estado como su patrimonio personal. Por tal razón, el cuerpo de los funcionarios y empleados gubernamentales… lejos de construir una burocracia impersonal, forman una gran familia política ligada por los vínculos de parentesco, amistad, compadrazgo, paisanaje y otros factores de orden personal. El patrimonialismo es la vida privada incrustada en la vida pública” (Paz: 40).
Hoy, lo que piden los enemigos de la Secretaría de Cultura es que se mantenga el orden de cosas que ha reinado en el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo (Cecultah) durante años y que a ellos les ha traído pingües beneficios; que todo siga, pues, exactamente como lo había descrito su querido Paz.
Con esto no digo que la creación de la Secretaría de Cultura (lo cual por lo demás ya es un hecho, pues ya es ley vigente) responda a una lógica diferente. Sencillamente, quiero destacar que quienes se han opuesto a ella lo que han demostrado no es una preocupación por la pluralidad ni mucho menos por la democracia en la administración de la cultura de Hidalgo. Han demostrado ser exactamente como el orden de cosas que tanto cuestionan, pero al cual pertenecen enteramente.
Antes de exponer mi opinión concreta sobre este paso de Cecultah a Secretaría de Cultura, debo hacer hincapié en que he tratado de posicionarme, con todo y lo que acabo de decir sobre mi condición generacional, fuera de la forma de funcionamiento del sistema de gobierno; es decir, que he tratado de construir esta opinión alejado de todo interés personal, y situado desde mi posición de ciudadano, actual estudiante de posgrado y actual becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo (Foecah).
Me parece que la postura de ese grupo no responde más que al temor a perder sus beneficios. Primero pedían que no desapareciera el Cecultah. Sin embargo, como finalmente desapareció, ahora exigen que se nombre a como dé lugar a un gestor cultural, esto es, a una mujer con experiencia en la administración cultural, a un tío o de a perdida a un sobrino.
Lo hilarante es que desde dentro de ese sistema que a ellos les ha beneficiado, lo que piden es que éste se comporte de una forma diferente. Exigen que el sistema descrito por su querido Paz no funcione como lo ha hecho hasta el momento, porque temen que ahora ya no les beneficie a ellos.
Si no estuviesen tan enquistados dentro de esa estructura que ahora inútilmente exigen cambiar –como si un sistema político cambiara porque un puñado de sus empleados hiciera berrinche–, verían la conveniencia social de que no una gestora o un gestor cultural, se haga cargo de la Secretaría de Cultura.
Con el nombramiento de una persona cercana al gobernador hay muchas más posibilidades de que se le preste atención desde el centro del ejercicio del poder a la cultura y las artes. Les preguntaría a ellos, que conocen desde adentro cómo funcionan las cosas, ¿eso no es un beneficio para todas y todos? Si la cultura toma el centro de la agenda gubernamental hidalguense, ¿no sería un verdadero logro para toda la sociedad, y no solo para unos cuantos, como había ocurrido durante las anteriores administraciones de gobierno?
Lo digo muy en serio: aunque a ellos no les guste, porque sienten que el propio sistema al que pertenecen ahora les voltea la espalda, creo que a varios ciudadanos, como yo, nos parece una decisión acertada la creación de la Secretaría de Cultura y el nombramiento de alguien cercano al gobernador.
No celebro la lógica del funcionamiento estatal descrita por Paz. Nunca. Solo creo que en este caso, esa lógica está operando más para la conveniencia de la mayoría de la población.
Recuerdo que otro periodista al que seguramente ellos le tendrán mucho afecto, Ciro Gómez Leyva, hablaba una vez de la llamada por teléfono que le hizo un energúmeno Octavio Paz para reclamarle haber sacado en la radio o en la tele, no recuerdo, a Elena Garro. Las cosas cambian, creo que le respondió. Eso mismo pienso yo: las cosas cambian. A veces, para bien.

*Nació en Ciudad Sahagún. Es director de los documentales Ciudad nostalgia y Fervor del polvo. Actualmente trabaja en un largometraje documental sobre habitantes del Valle del Mezquital que habían emigrado a Estados Unidos y ahora está de regreso. Estudia la maestría en letras modernas en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, para lo cual tiene una beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, emisión 2017

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