CÉSAR L AYALA
Pachuca

Los pedófilos y pederastas actúan de diversas maneras para conseguir niños y niñas, con la finalidad de abusar de ellos, integrarlos en una red de prostitución infantil o para elaborar pornografía.
Sin embargo, no existe un perfil exacto del pederasta o del pedófilo, no se le distingue a simple vista, pero reproducen algunas características que sí resultan significativas. Por ejemplo, su acercamiento a los niños suele ser físico. Tras un primer contacto cuidadoso, para no asustar ni levantar sospechas, comienzan a coger al menor, abrazarlo y “mimarlo”. Les invitan e incluso les colman de atenciones y regalos para generar en ellos un sentimiento de deuda. A los niños se les enseña que deben ser agradecidos y corresponder a los adultos (por educación) y los pedófilos se sirven de esa circunstancia.
Buscan estar a solas de alguna manera con los niños para ir a más. Los violadores de menores siempre quieren más. Muchos de ellos tienen un nivel bajo de autoestima y se sienten mucho más seguros con los menores. Otros, en un porcentaje elevado, sufrieron abusos de pequeños. Un tercer grupo lo que busca es humillarlos y doblegarlos, posiblemente por haber sufrido antes desprecio de otros niños o niñas durante la infancia.
Pero aunque no existe un perfil exacto del pedófilo ni del pederasta, sí podemos establecer un retrato robot a partir del estudio de los que ya fueron detenidos, como el siguiente:
• En más del 90 por ciento de los casos se trata de varones.
• En 70 por ciento de las veces los pedófilos y pederastas suelen tener entre 30 y 45 años. Aunque hoy 20 por ciento de las agresiones sexuales son cometidas por menores de edad.
• Suele tratarse de profesionales calificados.
• Con frecuencia buscan trabajos o actividades que les permitan estar cerca de los niños.
• Su nivel social es medio o medio-alto.
• En 80 por ciento de los casos no tienen antecedentes penales.
• En 98 por ciento de los casos actúan solos.
• En más del 50 por ciento de los casos abusan del alcohol o de alguna droga.
• Presentan falta de empatía y baja autoestima.
• No suelen ser conflictivos en la cárcel y muestran buen comportamiento.
• En la mayoría de ocasiones no padecen trastornos psiquiátricos, solo en ciertos casos trastornos de la personalidad y algunas veces psicopáticos.
• No reconocen los hechos ni asumen su responsabilidad. Minimizan sus agresiones.
• Normalmente son casados, tienen una familia a su cargo y con frecuencia hijos pequeños.
• En más del 40 por ciento de los casos se trata del padre, el tío o el abuelo de la víctima. El porcentaje aumenta al 70 por ciento si se tiene en cuenta a parientes lejanos, vecinos o amigos cercanos al entorno familiar del niño o niña agredido.
• En 58 por ciento de los casos se niegan a recibir tratamiento o ayuda.
• Su nivel de reincidencia es muy alto, aun después de ser descubiertos y condenados.
• El 100 por ciento necesita tratamiento, aunque resulta poco efectivo con los pedófilos preferenciales.

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