Olvidado, en una tumba lejana

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Arturo Moreno Baños

Recordando que un 22 de febrero pero del año 1913 se asesinó al presidente Madero y al vicepresidente José María Pino Suárez quedando la democracia y el Estado de Derecho mancillados y vilmente usurpados por quien, hasta el día de hoy es por excelencia el más ruin de los villanos mexicanos: Victoriano Huerta. Pero… ¿Qué pasó con Huerta después de haber usurpado el poder? Pues bien, se volvió presidente durante 17 meses y fue después destituido por un movimiento armado para nunca más inmiscuirse en los designios del país, sin embargo, después de que partiera al exilio y tratara en Texas de realizar un movimiento armado para internarse en México en plena efervescencia revolucionaria, el expresidente murió al igual que Porfirio Díaz en el exilio. Muy lejos de la gloria que soñó para sí en algún momento de su vida, el exdictador o el usurpador, como muchos prefieren llamarlo por su paso en la historia, el general de división Victoriano Huerta yace en una polvosa tumba en el panteón Evergreen en El Paso, Texas, distante a mil 510 kilómetros de su natal Colotlán, Jalisco.

José Victoriano Huerta Márquez, tras mandar asesinar al presidente Madero, asumió la presidencia de México para después ser derrocado también por otro caudillo, este del norte: Venustiano Carranza. Tras un largo exilio, Huerta llegó a El Paso, donde fue apresado. Con 62 años a cuestas, víctima de la cirrosis y de la ictericia, producto de su afición desmedida por el coñac y otras bebidas alcohólicas, el que fuera presidente de México del 19 de febrero de 1913 al 15 de julio de 1914 murió finalmente el 13 de enero de 1916. Su cuerpo fue enterrado en el panteón Concordia de El Paso, pero luego fue movido unos tres kilómetros de su sitio original para ser sepultado finalmente en el cementerio Evergreen, donde aún descansan sus restos, en espera de que algún día, como fue su deseo, regresen a México y reposen en algún panteón ilustre o en su natal Colotlán. La paradoja en todo caso es que de donde reposa, al México que algún día gobernó, solo lo separan cuatro kilómetros; distancia que hay del panteón Evergreen al puente internacional Córdova-Las Américas, o Libre, como lo conoce todo mundo en Ciudad Juárez, que es el más cercano a ese camposanto. Su tumba se encuentra ubicada en la sección O en el lote 140 de Evergreen, cementerio ubicado en la calle Alameda, en el lado norte de El Paso, Texas, declarado cementerio histórico en 2008 pero que data de 1894; es decir, que don Victoriano Huerta contaba ya con 40 años de edad cuando abría sus puertas el lugar donde finalmente reposarían sus restos. Ahí se encuentra sepultado don Victoriano, muy lejos del mausoleo en el que quedaron muchos de su contemporáneos, quienes pasaron a la historia de México como héroes nacionales. En su contra, el general de división es recordado como un traidor a la patria, un usurpador y un dictador, conocido como el Chacal, por la furia y crueldad con que se deshacía de sus enemigos. Es recordado como el autor intelectual del magnicidio del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez.

Sus restos reposan en una tumba que tiene una pequeña lápida de cemento de 1.10 metros de largo por 92 centímetros de ancho, con una placa que colocó la comisión de historia de Texas, donde de manera sucinta y breve explica de quién se trata, lo que hizo y cómo es que llegó a ser sepultado en ese lugar. El texto finaliza con un poco de indulgencia para con el exdictador mexicano, al destacar que se trata del “único expresidente extranjero enterrado en El Paso”. De frente, una pequeña losa colocada en la década de 1970 por sus descendientes, indica quién está enterrado ahí. Sin mayores garigoleos, en el frente y arriba una cruz. Debajo de esa, en otra línea, abreviado con mayúsculas y con faltas de ortografía, tal vez porque se pensaba que las mayúsculas no se acentúan: “GRAL. DE DIVISION (sic)”. En otra línea, el nombre con que fue conocido: “VICTORIANO HUERTA”, simplemente sin su segundo apellido y también con mayúsculas; seguido en otra línea con su fecha de nacimiento, “1854” y de muerte, “1916”; para rematar abajo, también abreviado incorrectamente: “PRES. DE LA REP. MEX (sic)”. En el lugar no hay flores, ni pasto que cubra la tumba, sino tierra, mucha tierra. El lugar puede pasar desapercibido para cualquiera, pues no existe ninguna señal que indique que ahí se encuentra enterrado un expresidente de México. Lo austera y olvidada en la que se encuentra contrasta con la esquina del lote donde están sepultados miembros de la familia Magoffin, de gran influencia y tradición en El Paso, Texas. En la tumba del general de división Victoriano Huerta no hay ningún indicio de que en algún momento alguien haya llevado algunas flores o veladoras, como se acostumbra en la cultura mexicana. Se podría decir que está sola y abandonada; solo acompañada por polvo que por toneladas se acumula en ese lugar, que si bien es un sitio limpio y tranquilo, está muy lejos de parecerse a aquellos panteones estadunidenses con su césped bien cortado, uno que otro árbol y una lápida sencilla, pero igual para todos los que son enterrados ahí.

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