“Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas”
Antonio Machado

Seguramente se habrá preguntado alguna vez a qué se debe que, justo cuando más calor hace y se vuelve indispensable abrir todas las ventanas, las molestas moscas invaden nuestra casa, nos persiguen en la oficina, no paran de zumbar alrededor de nuestra comida y hasta tienen la desvergüenza de irrumpir en nuestro coche haciéndonos soltar el volante de cuando en cuando y dar torpes manotazos en la búsqueda –casi siempre inútil– de matarlas o, cuando menos, asustarlas.
La respuesta es simple, porque es en las estaciones más calurosas cuando la mayor parte de las moscas nace, por lo que durante la primavera y el verano debemos padecerlas numerosas, joviales y enérgicas, rondando nuestras vidas.
La vida de una mosca común pasa por cuatro fases, sin importar si vive 24 horas o un mes: huevo, larva o cresa, ninfa o pupa y adulto, etapa en la que se aparea –¡le da tiempo suficiente aunque solo viva 24 horas!– y llega a poner alrededor de mil huevecillos.
En las épocas más frías del año, justamente cuando no hay necesidad de abrir nuestras ventanas, las moscas escasean debido a que las bajas temperaturas las hacen perecer y es improbable que muchas de ellas nazcan en esas condiciones. Aunque algunas encontrarán cálidos escondites rinconeros para sobrellevar los días fríos, lo cual explica que durante esas épocas las encontremos aletargadas detrás del refrigerador o cerca de las tuberías y calentadores.
Las moscas que logran sobrevivir a las bajas temperaturas no necesitan alimentarse, permanecen adormecidas –igual que los osos que hibernan en cavernas, aunque durante mucho, mucho menos tiempo– hasta el momento en que sube un poco la temperatura; entonces despiertan, hambrientas vuelan en busca de alimento y regresan a su escondite en cuanto vuelven a sentir frío.
Algunas moscas también fallecen a causa de un hongo que penetra en su cuerpo, por eso a veces las encontramos hinchadas, muertas encima de la mesa o en los cristales de las ventanas, que más vale tener cerradas, por si las moscas.

Déspotas, tiranos
y otros hijos de puta

Algarabía editorial, como parte de su colección Trivium, se complace en presentar el libro Déspotas, tiranos y otros hijos de puta, una investigación de Benjamín Troyse y Mario Zaragoza, que a manera de álbum hace un recorrido histórico de los personajes que han permanecido en el poder –en distintas épocas y latitudes– y han abusado de su posición en su beneficio.
Todos los personajes que se encuentran en ese ejemplar abarcan diferentes épocas de la historia, divididas en tres bloques: de 500 AC a 1500 DC, de 1500 a 1900 y de 1900 a la fecha. Con una galería realizada por ilustraciones de Alejandro Cervera, que está conformada por déspotas, tiranos, dictadores y otros “hijos de puta” –como les llamamos sin discreción–.
Esos protagonistas del mal nos llevan por la historia para descubrir quienes han transformado el mundo a su antojo, desde Falaris a Iván el Terrible, de Stalin a Francisco Franco y de Rafael Videla a Saddam Hussein, quienes se valieron de la manipulación, represión, intimidación y aniquilación para conquistar territorios, imponer sus ideas y enriquecerse. Todos ellos, algunos más sanguinarios y crueles que otros, han dejado huella en la lista negra de la historia, por lo que son fácilmente reconocidos entre las personas como arquetipos de la maldad.
A través de una cómoda iconografía, ese libro presenta a 86 personajes según su fecha, lugar de nacimiento, cargo, años en el poder y su ubicación geopolítica. Así fue como le dimos rostro a esos personajes y contamos en breve las “hazañas” que los han hecho merecer un espacio en esa obra, que nace con la idea de hacer una recopilación más amplia a un artículo publicado en la revista Algarabía –hermana de dicha editorial–.

 

No votes yet.
Please wait...

Comentarios