Diodoro Carrasco Palacios, el de a de veras, líder agrario priista –con todo lo que e$to representa–, sempiterno dirigente de los valles de Cuicatlán, en Tehuacán, Puebla, fue un hombre de singular talento empírico, de visión prospectiva, de gran alcance para promover los negocios familiares, el apoyo de las masas indígenas y desheredados de su tierra a sus propias ambiciones.
Diodoro, papá de Diodoro Carrasco Altamirano, prócer del chambismo oportunista, creó a su junior en esa tradición familiar de señores de vidas, tierras, haciendas y de los bolsillos ajenos, pero este agregó una cualidad nueva: es un junior con recursos pantagruélicos y con un padrino político ajeno a la parentela del cacicazgo de cinco décadas, ejercido con todas las palancas por su simpático padre.
Diodoro Carrasco Palacios, el original, tuvo el olfato suficiente para ventear al padrino de bautizo adecuado para Diodorito junior: seleccionó al caballeroso Fernando Gutiérrez Barrios, entonces director inclemente de la policía política del régimen –la temible y poderosa DFS– para echarle en la cabeza las aguas bautismales a su hijín.

El padrinazgo de don Fernando Gutiérrez Barrios

Gutiérrez Barrios empujó con singular empeño la carrera del tal Diodorito, buscando siempre los peldaños, los trapecios necesarios para columpiar a un grisáceo político que llenó de vergüenza a su propio partido político, cuando después de ser ungido por el felón Zedillo como secretario de Gobernación, cambió de chaqueta para avergonzar al más pintado.
En su loca carrera tras el estrellato, Diodorito no respetó regla alguna: siempre actuó como un ambicioso irresponsable. Utilizó la gubernatura de Oaxaca para crear una dinastía huehuenche que le reportó enormes beneficios, siempre afianzado al socaire por el nombre emblemático de su padre.
A su vera y protección creció su secretario particular, un atildado oaxaqueño sin atributos propios, sin idea ni brújula de Estado, con las palancas de Diodorito Carrasco Altamirano a la mano para lo que cualquiera gustara mandar. Se llama Gabino Cué, un obsequioso y agachado bueno para casi nada, excepto para el latrocinio y el derroche.

La dupla Ulises-Murat derrotó a Diodorito y a Cué

Al nefando Diodorito se le ocurrió promover al secretario particular como candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a gobernador de Oaxaca, pues como usted sabe, habían quedado varios entrambuliques y bitoques pendientes de desahogar en ese sufrido pueblo de gran tradición histórica, mole amarillo, tasajo, mujeres hermosas, quesillo y tlayudas.
Pero no contó con la voracidad y astucia de José Nelson Murat Casab y de Ulises Ramírez, tradicionales ratones de urnas del PRI y orejas del mejor postor, que crearon movimientos contestatarios a modo para frenar las ambiciones de la dupla Diodorito-Gabino Cué, los que fueron derrotados en toda la línea, dentro de una armada consulta popular, a la usanza.

Y crearon una pandilla de delincuentes empresariales y políticos

Una vez sentados de nuevo en el trono de la desastrada Antequera, Murat y Ulises Ramírez hicieron a placer de las suyas. Manipulando el hambre y la desesperación del magisterio local, agrupado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), y de la combativa APPO; lograron fortalecer banderas desquiciantes para un sistema que confiaba en la obediencia y la sumisión incondicional. Murat y Ulises duraron poco amafiados, lo suficiente para arrasar con Oaxaca. Pero ellos, fieles a su ADN acabaron traicionándose.
Crearon una pandilla de delincuentes empresariales y políticos, digna de mejor causa. Ensangrentaron al estado, y Diodorito y Gabino creyeron oír campanas que los convocaban a pelear su reivindicación política, y decidieron que debían atacar al sistema que les había dado tooodo, desde posiciones opuestas al PRI y a su formación.
Las fantasías, ingenierías políticas de escritorio y ocurrencias que construyó en vida Manuel Camacho Solís, un resentido del salinismo-cordovismo-zedillismo, atiborraron las cabecitas de la dupla Diodorito-Gabino Cué, y los hicieron creer que por la vía de la alianza de partidos de oposición podrían vengarse de las derrotas oaxaqueñas, para hacer que su chicharrón tronara.

Cué jamás se percató de que los negocios eran de Diodorito y Murat

Y Gabino Cué se sentó en el sufrido y maltrecho sillón de mando de Oaxaca, sin darse cuenta de que en realidad gobernaba para una clase política y empresarial con las raíces enterradas en los usos y compromisos con Murat y Ulises Ramírez, almorranas suficientemente peñasqueadas en eso del entrambulique y las manos de gato para sacar las castañas.
Jamás se dio cuenta de que los negocios y triquiñuelas a su favor eran propiedad de los otros. Hasta que le reventó en las narices un cuete marca caguama, que hasta la fecha lo trae como alma en pena, pues la mano de la justicia pende sobre su cabeza, como una singular espada de Damocles, inclemente con los ingenuos y porfiados. Gabino no está exonerado, de ninguna manera.
Gabino se encuentra en la antesala del patíbulo político. Murat ha podido brincar la vara con el apoyo de los cómplices presidenciales Javier Duarte, quien lo ungió como su cerebro empresarial y estratega político en Xalapa, y el Clavillazo Ochoa Reza, quien perdiendo toda proporción y decoro, lo puso al frente de la fundación que lleva el nombre de su victimado Luis Donaldo Colosio. ¡Hágame usted el refabrón cavor!

Emerge la pandilla del Chuky Franco, heredera de los “bisnes”

El caso es que la demencial y avorazada corrupción que ahoga todo intento oaxaqueño para atender cualquier apuro, está capitaneada por gentuza que padrotean los linajes políticos de esa tierra del Benemérito. Oaxaca, dicen, aguanta eso y mucho más. Ninguno de ellos se tienta el corazón cuando de asestarle puñaladas se trata. Para eso nacieron.
‎Jorge Franco es producto de esa claque de bandoleros oaxaqueños, afianzada por Gabino Cué y la ambición ilusa de Diodorito, alguien que siempre ha creído que cuesta muchísimo más de lo que en realidad vale, con una importancia personal que jamás la tuvo ni su padre, siempre atento a capitalizar cualquier necesidad ingente de sus sometidos representados.
Franco es actualmente el flamante subsecretario de planeación y programación del monigote Fabián Herrera Villagómez, un auténtico traficante de influencias, negociante de lo ajeno y ratero inmisericorde, con la ayuda de su socio y contlapache Jorge Franco es apodado el Chuky, usted se ha de imaginar por qué.

Castañeda Molina, hoy en Morelos, dio 50 millones a los “cuates”

Entre los dos, y gracias a sus manipulaciones, el pasado 5 de enero lograron que Héctor Castañeda Molina, el corrupto y nefasto delegado de la SCT en Oaxaca, hoy habilitado para acabar de romperle la madre a los presupuestos públicos de la SCT Morelos en la misma posición de privilegio, otorgara un paquete de nueve obras en la costa oaxaqueña, con un monto de 48 millones 424 mil 978 pesos, y que este fuese adjudicado “casualmente” al consorcio formado por las empresas constructoras: Servicio de Terracerias, Asfaltos y Construcción SA de CV, de Antonio Vargas; Aracena Construcciones SA de CV, de Jorge Aroche, y Estudios Proyectos y Dibujos SA de CV, de Víctor Palacios.
La parvada de buitres insaciables que siguen asolando al estado de Oaxaca, autorizados por Ruiz Esparza y Peña Nieto, regalaron, previo fatídico moche, las nueve obras más costosas e inútiles de la costa oaxaqueña, a los que nos referíamos ayer en esta columna, tantas veces vituperada y amenazada por los grandes enemigos de la nación.
¿Y sabe usted a quienes se las obsequiaron? Atinó: a las empresas fantasmas y depredadoras de su propiedad. Un presupuesto inicial, salvo costos inflados al infinito, de casi 50 mil millones de pesos, fue concedido ad libitum a Jorge Aroche, padre de Alejandro Aroche, subsecretario de planeación y programación de la Secretaría de Infraestructura oaxaqueña, a Antonio Vargas, de la misma banda, a Víctor Palacios, descendiente de Diodoro, el usado padre de Diodorito.

Jorge Franco es el jefe de los terroristas que han sembrado bombas

Obras con recursos ya asignados por el Fondo Nacional de Desastres para carreteras funcionales que, en la mísera realidad, adolecen de todos los socavones, causantes de accidentes mortales sin límite, haciendo caso omiso de las reclamaciones y quejas de las comunidades indígenas insultadas.
‎Desde luego, las empresas fantasmales del orondo delegado profesional de la SCT, Héctor Armando Castañeda Molina, gozan de todos los privilegios mal habidos, no obstante, ser parte de la terrífica banda de delincuentes gubernamentales que armó a los paramilitares que asesinaron a miembros de la APPO, antes tan billeteada por ellos mismos.
Jorge Franco es el mismo que entregó a Gabino Cué la información de las casillas zapato, con las que fue derrotado Ulises Ramírez y su candidato a gobernador, Eviel Pérez Magaña. Jorge Franco es el jefe de los terroristas que han sembrado de bombas y desconcierto a los habitantes de la Vieja Antequera. Planean cotidianamente los golpes asesinos que acrecientan su poder de negociación, todo consentido por el desdichado Gabino Cué.

Y el gobernador Alejandro Murat no tiene de otra que apechugar

Un verdadero chile huevillo sobre las tlayudas oaxaqueñas es este grupo de descastados e impunes asaltantes de los presupuestos a mano armada, y en páramos indefensos. Y el gobernador Alejandro Murat no tiene de otra que apechugar: es el precio del poder y de su dinero, absolutamente invertido en inmuebles neoyorquinos.
¿Usted qué haría?, pregunta desde Los Pinos el alcahuete de los bandoleros y terroristas oaxaqueños, beneficiario absoluto de la corrupción.

 

Índice Flamígero: Este sábado 29 de julio, en punto de las 17 horas, por adn40, entérese paso a paso de cómo en 1994 llegó el país a un punto tan crítico, ¿pudo evitarse? En solo nueve meses, México enfrentó una serie de eventos políticos y financieros que ningún estratega podía haber previsto juntos en ningún escenario, pero causaron el deterioro de la economía hasta dejarla al borde de la debacle. Las reservas internacionales consumiéndose, atadas al tipo de cambio y a una deuda explosivamente creciente y dolarizada. Reunión secreta. Los presidentes en ejercicio y electo calculaban estrategias, costos políticos y consecuencias económicas. ¿Llegaron a algún acuerdo? ¿Pudo ser mejor? ¿O peor? ¿Cometió errores graves el nuevo gobierno de Ernesto Zedillo con sus cambios en la conducción de una política económica que había sobrevivido a los sucesos complejos de ese año? ¿Cuál fue la gota que derramó el vaso? No se pierda La trilogía El error: Ficción miedo dabacle, producida por Azteca Documentales, cuya productora general es Adriana Delgado. + + + Y el domingo 30, a las 21 horas, a través de youtube.com/liliaarellano, se transmitirá en Reporte 10 una sabrosa y aleccionadora plática con el colega Gabriel Bauducco precisamente sobre estos tres nuevos documentales de TV Azteca. En la charla participamos Lilia Arellano, Abelardo Martín y este escribidor.

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.