Cuando parecía que ya no podíamos encontrar más irregularidades en la administración del exalcalde de Mineral de la Reforma Filiberto Hernández, aparecen nuevas revelaciones. El nuevo edil panista Raúl Camacho Baños informó ayer en entrevista que su antecesor autorizó, en la recta final de su mandato y de manera irregular, 150 licencias de funcionamiento de restaurantes bar y tiendas de venta de cerveza, “sin pagos ni requisitos”. El propio Baños dijo que entre las irregularidades encontró que, por ejemplo, algunas licencias tienen como dirección “un terreno baldío”. De esta forma, interpretó Camacho, el exalcalde “quiso pagar facturas políticas y económicas de algunos adeudos que tenía con proveedores”. ¿Qué quiere decir esto? Que Hernández Monzalvo no solo autorizó licencias que deben ser correctamente reguladas porque implica tener en orden al comercio local, sino que también lo hizo para pagar “facturas políticas”. Cuando uno se entera de estas prácticas, uno encuentra por qué Mineral de la Reforma se ha convertido en un municipio caótico, en donde las calles lucen como si estuvieran abandonadas y cuyas colonias sufren inseguridad, desorden y falta de servicios básicos. También habla sobre la necesidad de reforzar el control sobre alcaldes que no rinden cuentas, que pueden hacer lo que quieran con el erario sin que la Auditoría Superior del Estado de Hidalgo detecte a tiempo las irregularidades. Porque de esto nos enteramos a toro pasado. Cuando el alcalde y los funcionarios responsables dejaron el barco, cambiaron sus responsabilidades dejando arrumbado el muerto a la nueva administración. De filón. Y curiosamente Hidalgo no salió mal en el Índice de Información Presupuestal (IIPE) 2016, en donde la entidad destacó en temas como las buenas prácticas contables. Un rasgo positivo que destacó el estudio sobre el estado fue que la entidad desglosa el presupuesto de los órganos internos del Poder Legislativo. Entonces no estamos tan perdidos.

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