Oquedad: el amor sí muere, y también mata

1104
oquedad
Fernando Villego y Elba Nayeli Maroz son los únicos dos actores en la obra presentada en la sala Siqueiros

ALEJANDRA AYALA
Pachuca

¿Cuánto tiempo dura el amor?, ¿cuántas lágrimas corren antes de aceptar que todo está perdido?, ¿cuántas palabras vuelan como balas al cerrar la puerta?, ¿cómo dar el veredicto final sobre si es o no real?, ¿qué se hace para sellar lo insoldable?, ¿cuántas vidas nos cuesta perdonar, o en el peor de los casos, olvidar?

Ricardo Ruiz Lesama, director de Oquedad, trae a Pachuca esa puesta en escena, en conjunto con los únicos dos actores de la misma: Fernando Villel y Elba Nallely Maros.
La sala Siqueiros presentó la puesta en escena que muestra el vacío que deja el amor cuando está condenado a no ser desde el inicio.
En un arduo y dedicado trabajo, consolidado desde un comienzo por el esfuerzo que tuvieron, haciendo llamadas por Skype desde Argentina hasta México, con tal de que ese proyecto fuera realizado, nos muestran cómo el amor, cuando colapsa en el proceso de ser real, puede crear un vacío tan grande que de la nada es un inminente abismo que sin principio ni fin, por más que intente cerrarse, termina tragándose todo a su paso. Tanto que cada noche de desvelo para admirar a la mujer que amas termina convirtiéndose en la excusa perfecta para llenar el vaso que termina con absolutamente todo.
Basada en nombres reales y principalmente en la vida cotidiana sobre relaciones amorosas duraderas, pero no precisamente estables, consiguió que varios espectadores sintieran tanta empatía, que se conmovieron hasta el llanto desde la escena primera.
Y es que aunque no se esté inmiscuido en una relación es inevitable no sentir el dolor de un corazón destazado, y peor aún si el sentimiento que guarda pertenece a dos personas que luchan contra sus propias confusas convicciones, y lo hacen con el único objetivo de rescatar lo que más han querido, incluso después de haberlo perdido todo, apuestan a un último intento de hacer posible lo imposible.
Con la esperanza de que el amor sea un gigante que al pisar el hondo pozo que los separa, lo desaparezca para siempre. Agotando todas sus alternativas, Carmen y Jorge solo demuestran que al final, el amor siempre mata, poco a poco, pero mata. Y también muere.

Comentarios