La comparación entre los orígenes de los ejércitos, de las formaciones castrenses, siempre arroja revelaciones a la hora de analizar sus respuestas. La mayoría de los ejércitos del mundo son cuerpos de élite, formaciones cupulares que no se reclutan por generación espontánea, sino que obedecen a estructuras sociales tradicionales, defensoras de intereses establecidos.
El ejército francés, por ejemplo, obedece históricamente a ese conglomerado. Tanto, que hasta para la defensa de la República en la primera y segunda guerras mundiales del siglo XX, los grandes generales de sus batallones surgieron de las escuelas militares para hijos de importantes, así como de sus similares de las colonias sometidas.
El personal de tropa obedecía sin chistar, no tanto por disciplina militar, sino por una reacción lógica ante los mandos que estaban apoyados en linajes probados en la milicia o en los centros industriales y comerciales de la metrópoli. Tanto en la primera conflagración, que giró alrededor de las trincheras y las infanterías, como en la última, que lo hizo en base a los cuerpos motorizados, en gran parte gracias a personas como Charles de Gaulle, que había sufrido en la primera la inutilidad del cuerpo a cuerpo.
En ambas, detrás de las líneas de tropa de la flor de lis, estuvieron los aguerridos combatientes llegados de Argelia, una colonia del Magreb africano, con superficie territorial similar a la mexicana. En la segunda, destacaron los que después serían impulsores del FLN, personas como el coronel Boumédièn y Ahmed Ben Bella, héroes de guerra.

Los imperialistas franceses usaron salvajes instrumentos de tortura

Durante la lucha por la liberación argelina, las vanguardias guerreras africanas fueron dirigidas por ellos, que se habían decepcionado de las capitulaciones de Vichy, donde el general Petain, un colaboracionista acojonado, se había rendido a los alemanes de Hitler argumentando que si no lo hacía, estos bombardearían la torre Eiffel.
El enojo y el disgusto hicieron un coctel propicio para generar el sentimiento antifrancés, al tiempo que la rabia argelina contra los famosos pied noirs (pies negros), los generales europeos dueños de plantaciones e industrias en la colonia, favorecidos por el triunfo en la guerra que los sometidos habían ayudado a ganar.
Los muyahidines liberacionistas de Argelia prendieron una mecha imposible de apagar con argumentos coloniales. Antes que nada, era una lucha por la dignidad militar y, después, por el cobro legítimo de los combatientes hacia la República, cuyo honor habían contribuido estelarmente a defender con su propia vida. Además, Francia acababa de ser derrotada en Indochina.
Máxime cuando los imperialistas franceses, inspirados por los procederes autoritarios de sus pieds noirs, utilizaron salvajes instrumentos de tortura en Francia para detectar a los instigadores. Fue la aparición estelar de un teórico político como Jacques Chaban-Delmas, convertido en un capador de cojones nacionalistas en las ergástulas de París. La vergüenza total.

Órdenes de ejecutar a De Gaulle fallaron. La historia hubiera sido otra

Así, contra los intereses de la cúpula política-militar colonizadora en Argelia, el general De Gaulle, jefe de la liberación francesa, apoyado por André Malraux, el comandante del valeroso Escuadrón Britania de la Resistencia Francesa contra Hitler, acabó diciendo: “Yo sí voy a cumplir”. Y lo hizo, no quedaba más.
El enorme cineasta italiano, Gilberto Gillo Pontecorvo, relató en La batalla de Argel (1966) todos los avatares e inclemencias de la liberación. Y también por qué la OAS, el instrumento colonialista de la guerra sucia, de la exterminación y tortura, decidió ejecutar a De Gaulle, acusándolo de no defender los intereses imperiales. Afortunadamente falló, si no la historia hubiera sido otra.
De Gaulle liquidó el régimen parlamentarista de la IV República, para imponer en su lugar la V, asentada en su partido político, el RPF (Rassemblement du peuple français; agrupación del pueblo francés), con un caudillo narigón, bonapartista y presidencialista, promotor de las segundas vueltas electorales, en las que hacía que tronara únicamente su crujiente chicharrón.

Los generales jamás van a dejar el confort de sus sillones para luchar

Cuando sus asesores fueron a decirle al viejo guerrero que un torturador como el general Paul Aussaresses, defensor de la vieja escuela, pensaba levantarse en armas para resguardar al imperio y conservar sus intereses en la colonia argelina, De Gaulle sonrió. Cuenta Malraux que dijo: “Un hombre con el confort del general, jamás va a dejar sillón y biblioteca personal para luchar por eso”.
Efectivamente, el ejército de élite y sus generales reaccionaban exactamente como De Gaulle –como Malraux, un conocedor de la condición humana–, definió en pocas palabras. Los intereses ultramarinos de la declinante milicia gala no iban a someterse a esa prueba, propia de ser peleada por los desheredados, en busca de la gloria que reporta el lauro de la guerra. El Magreb, con sus centenares de masacrados, podía dormir en paz. La liberación se había consumado.

Aquí, el Ejército no se inspira en conceptos de clase ni en élites

En México, en contraste, las formaciones castrenses posteriores al triunfo de la Revolución, han sido integradas por el pueblo en vilo. Sus generales son un producto de las relaciones y un poco de los estudios en las escuelas superiores de guerra. Pero la milicia está destinada a ser producto de las estructuras humildes de la nación.
La obediencia y la disciplina en el Ejército nacional no se inspira en conceptos de clase, en burbujas elitistas. La estructura rígida de la marcialidad está originada en un diseño vertical y jerárquico de mando absolutamente similar a la estructura de dominación que sustenta al presidencialismo tradicional… el que hoy solo se rinde ante el olor al dinero.
Así como los grandes generales no soportan “un cañonazo de 50 mil pesos”, Álvaro Obregón dixit, los militares mexicanos no aguantan que los soberbios o los ignorantes les hagan recordar y les restrieguen en la cara de dónde vienen y adónde van en esa rigidez castrense. Prefieren obedecer, ejecutar y no volver a hablar de eso jamás.
Las órdenes del flanco derecho y el paso redoblado, se ejecutan, no admiten excepciones, mucho menos cuando provienen de las expectoraciones y balbuceos de un diletante que se ha beneficiado de esa explotación clasista, al igual que goza de los beneficios del poder omnímodo que confiere la estructura vertical rígida del presidencialismo despótico. Calladito y a mamar, parecen expresar los bravos Juanes.

EPN desconoció la estructura vertical que lo sostiene a él mismo

Enrique Peña Nieto se acaba de aventar un gazapo destinado a los anaqueles de la ignorancia y la arbitrariedad que lo caracterizan. Acaba de soliviantar a la tropa a desobedecer a sus superiores cuando sus órdenes impliquen violar derechos humanos o alguna ilegalidad… lo dijo ante soldados y marinos que combaten al crimen organizado. ¡Hágame usted el refabrón cavor!
No contento con eso, los puso en la cuerda floja al amenazarlos de que muy pronto serán sustituidos por cuerpos civiles de profesionales en esa lucha sin cuartel a que los sometieron él y el borrachín Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, hoy consorte de la dama del rebozo mordido, después de un resulto de 250 mil mexicanos levantados, torturados, destazados y ejecutados por las bandas de narcotraficantes, muy apreciadas en los círculos gubernamentales.
¡Mentó la soga en la casa del ahorcado! Se atrevió a desconocer toda la estructura vertical y rígida que lo sostiene a él mismo. Llamó a una rebelión contra su propia cabeza. Tocó la diana de su desgracia y orfandad. Se suicidó política y colectivamente, de seguro nuevamente sin saber qué dijo. Una joya de la ignorancia rupestre. Un desconocimiento absoluto de sus propios orígenes. Un clavado holandés de espalda contra una alberca vacía. ¿Calladito y a mamar? Primero muerto.

Hemos llegado al lugar sin límites de la ineptitud, de las zarandajas

‎Enrique Peña Nieto es ahora un suicida llevado al paroxismo por su vileza hipócrita. No puede ser tanta estulticia. Los cuerpos de tropa, y aún de mando que se han beneficiado hasta la exaltación por los presupuestos bélicos, están que arden por ese descaro ignorante. Muy pronto vendrán las respuestas, en ninguna se augura algo bueno.
¿Se acabarán las caravanas militares para escoltar a los capos complicitados con el poder presidencial? ¿Disminuirán las ejecuciones y los excesos del narcotráfico en tierras mexicanas? ¿Peña Nieto levantará un nuevo ejército de civiles?
Esto no es posible. Hemos llegado al lugar sin límites de la ineptitud, de las zarandajas y las esquizofrenias. Y todavía esto no se acaba. Peña Nieto se anda despidiendo… y va por más. No tiene fondo este clown de la insurgencia, este prócer de petate.
¿Usted qué haría?, pregunta el emulo de la infamia, el portaestandarte de la sevicia que cree ser el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, cuando solo es un vulgar adorador de “la diosa Fortuna”.

Índice Flamígero: Fechado el primer día de agosto de este año del Señor –hace dos días–, los comandantes de guarniciones, plazas y comandancias de la Defensa Nacional recibieron el oficio donde se informa del incremento de los haberes (3.08 por ciento), retroactivo al primero de enero de este 2017. Así, los generales de división van a recibir 13 mil 827.75 pesos; general de brigada, 12 mil 970.10 pesos; general brigadier, 12 mil 66.55 pesos; coronel, 10 mil 495.75 pesos; teniente coronel, 9 mil 590.90 pesos; mayor, 8 mil 732.90 pesos; capitán 1/o., 7 mil 472.10; capitán 2/o., 6 mil 612.80; teniente, 5 mil 930.30; subteniente, 5 mil 382.95; sargento 1/o., 4 mil 618.15; sargento 2/o., 4 mil 365.45; cabo, 3 mil 743.95; soldado, 3 mil 384.05. No deben estar muy contentos los beneficiarios de esta “generosa” medida, cuando la inflación oficial es de 6.31 por ciento –la real ya rebasó los dos dígitos–, lo que en cristiano quiere decir que los incrementos a sus percepciones ya valen menos de la mitad de lo medido en enero, ¿o no? + + + El anterior 20 de enero, por cierto, le platiqué aquí –bajo el título El intere$ado afán del Ejército en la seguridad interior– que “cuando a Plutarco Elías Calles le dio por copiar instituciones europeas para la modernización del país, siempre tuvo el apoyo de sus correligionarios en la Revolución. Calles trajo de Alemania la idea de crear un Banco Central, emisor exclusivo de moneda‎, para enfrentar el desbarajuste financiero. Para lograrlo con efectividad y poder, se lo encargó al Ejército. Al mismo tiempo que alineaba el poder de los generales, caciques regionales, en el aparato, Joaquín Amaro se echó a cuestas la tarea. Amaro pasó la charola entre los generales obregonistas triunfantes en la revuelta, y logró una cantidad de fondos impresionante, suficiente para dar el piso financiero que requería tamaña empresa. Tan es así que el Banco de México, en sus primeros años era conocido como “el banco Amaro”. En esa tarea tuvo como eficaces ayudantes a Celestino Gasca, Saturnino Cedillo y Lázaro Cárdenas, quienes cosechaban sobre lo sembrado, pues ningún general de aquellos iba a desobedecer las órdenes del jefe máximo. Cuando los dos primeros trataron de levantarse en armas contra el régimen, los otros dos, Amaro y Cárdenas, se encargaron de apaciguarlos. Lo que históricamente demuestra que, cuando un militar rompe la institucionalidad, siempre hay otro general que se encarga de encarrilarlo… como sea. Aleccionador, ¿o no?

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