El escándalo de los últimos días, o show mediático, es el de Mireya Agraz Cortés, oriunda de la Ciudad de México, quien se suicidó al lado de su madre, su padre y sus tres hijos. El caso ha levantado revuelo y declaraciones. El morbo… a todo lo que da: queremos conocerla (dicen que es homicida y enferma mental), deseamos saber de los hechos (dicen que estaba desde hace más de tres años en litigio con el exesposo por la guarda y custodia de sus tres hijos porque él abusó sexualmente de dos), queremos verla (¿Qué madre asesina a sus vástagos?)…
Lo cierto es que el periodismo nacional hoy revela una vez más su nula vocación informativa y orientadora de la opinión. No se encuentra en la nota del día investigación (no digamos profunda, esencial y básica del buen periodismo) o reflexión a partir de la voz autorizada de especialistas que nos expliquen por qué cada vez más pasan estas cosas en el entorno actual.
Por supuesto, en toda esta situación poco, o nada, se refiere a la carga sobre las mujeres y la maternidad. Las notas escudriñan toda acción y declaración de la madre, del padre Leopoldo Olvera, nadie dice o sabe mucho. Acaso que son abogados los dichos de Mireya sobre su conducta pederasta con sus propios hijos.
La información estructurada y divulgada en este sentido centra la atención y culpa en la mujer madre. Si bien dice que estaba en juicio legal desde hace cinco años por sus hijos y que el argumento principal de denuncia de Mireya era el abuso sexual, no hay datos sobre el perfil del padre, el señor Olvera. De paso nos enteramos que pidió los cuerpos de sus pequeños para velarlos aparte. Termina siendo la víctima de esa “loca” y “desquiciada” mujer que mató a sus pequeños y aún se atrevió a dejar instrucciones y una pistola por si no morían, además de dinero para los servicios funerarios.
¿Qué más tendríamos que preguntarnos sobre Mireya? En principio, que ninguna persona ejecutaría tal acción contra ella misma, su madre, su padre y sus hijos, si no estuviera desesperada y decepcionada de la nula acción social, legal y judicial. Que si ella era realmente una persona absolutamente desequilibrada nadie haya hecho nada, ni alertado sobre el riesgo para los otros (sus hijos), su entorno y ella misma. Pensemos en el círculo familiar, el profesional con que se atendió y vinculó, el legal (desde su abogado hasta los jueces que fallaron en su contra). De la nada y de pronto “¿salta la liebre?”
En este caso, como en muchos otros media la sobrecarga social y la discriminación legal jurídica sobre las mujeres. Simplemente recordemos casos emblemáticos como el de Elvira Luz Cruz, a quien en 1984 se le acusó de asesinar a sus cuatro hijos y fue condenada a 28 años de prisión. Bien a bien nunca se investigó a fondo y simplemente se retomó la acusación y aparentes evidencias de culpabilidad. Ella, ignorante y epiléptica, no pudo defenderse.
Simplemente en la búsqueda de información “exacta” y publicada sobre el caso en cuestión, de Mireya Agraz Cortés, los datos de la web revelan varios casos, en diferentes lugares:
1.- Madre se suicida con sus hijos sentándose en vías del tren / Excélsior. www.excelsior.com.mx/nacional/2017/04/20/1158751

2.- Adriana asfixió a sus dos hijos pequeños, luego se suicidó | El Debate
https://www.debate.com.mx/…/Adriana-asfixio-a-sus-dos-hijos-pequenos-luego-se-sui…

3.- Mujer envenena a sus tres hijos y a sus padres y luego se suicida / Milenio
www.milenio.com/…/mata_hijos_padres_suicida_magdalena_contreras_mireya_agraz…

¿Cuál es el síntoma de esta nueva realidad? ¿Por qué el periodismo no investiga? ¿Por qué se mira como una información “roja” más? ¿Qué está pasando con las mujeres en la actualidad que se suicidan y matan lo que más aman? ¿Quién es responsable? ¿Solo estas mujeres, las autoridades, los familiares, la sociedad toda?
La clave para responder a estas interrogantes es profundizar en el fenómeno vigente de la súper mujer de hoy, que debe responder a todas las expectativas sin el apoyo social-legal o corresponsabilidad de las parejas. Sin duda, de la soledad en que viven y se enfrentan ante un tiempo que les exige nuevos roles sin que por ella les exima del tradicional de súper cuidadora y madre sacrificada y abnegada. Pero también, de esa mentalidad no superada donde nosotras somos madres antes que ninguna otra cosa y sobre nuestros hombros pesa el bienestar y futuro de los hijos sin que el entorno social se responsabilice, menos aún las leyes o las parejas.
Tal vez, solo tal vez, por eso estas mujeres “tiran la toalla”, claudican, porque no pueden más… el Estado, la sociedad, las parejas, deberían replantear a qué límites estamos llegando y llevando a estas mujeres madres-esposas, antes de aventar la primera piedra. El deber es investigar desde todos los puntos de vista, estudios y realidades antes de solo vender el show por el show, la sangre y el escarnio.

Comentarios

COMPARTIR
Artículo anteriorRumbo a la dictadura de los corruptos e ignorantes
Artículo siguienteDejan persecuciones cuatro muertos en Reynosa

Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.