El origen de las especies, Charles Darwin Tomorrow in a year, The Knife, Mt Sims y Planningtorock

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HOMBRE

Charles Darwin es bien conocido como uno de los autores científicos que protagonizan la apertura del siglo XX hacia la sospecha de los saberes conocidos. Gracias a El origen de las especies por medio de la selección natural, existe la percepción de la realidad acerca de los seres vivos como un conjunto de criaturas resultado de la supervivencia a través del tiempo, en virtud de su capacidad para adaptarse tanto a su entorno, al igual que heredar sus rasgos a las generaciones inmediatas.
Antes de Darwin se daba por hecho que cada una de las criaturas poblando la Tierra eran y habían sido desde siempre las mismas; incluso que en la zoología de nuestro planeta cabían seres como los descritos por Paracelso: ninfas, centauros, sílfides, sirénidos, gnomos… Hasta el punto de que la Britannia gaélica, en pleno siglo XIX, era el suelo de casi toda la demografía mágica en Europa.
Pero, más allá de la publicación de El origen de las especies por medio de la selección natural, una de las grandes proezas de Darwin consistió en ensanchar la percepción de un mundo al que Ferdinand Braudel sabía delimitado en las playas, la última frontera conocida por el hombre, pese a la existencia de América en la cartografía de la época. El viaje hacia las islas Galápagos crearía una visión del tiempo afuera del espacio conocido.
Por una parte. Por la otra, se trató de una de las prosas más elocuentes y mejor articuladas de que la historia de la ciencia tiene registro, ya que si existían sospechas de lo que Darwin escribió, desde su mano las hipótesis de los naturalistas cobraron sentido.
Mientras el tratado satisface y amplía el campo de la biología, Las cartas del Beagle, con un joven de clase acomodada comunicándose mediante correspondencia, no solo con su familia sino con sus colegas, hicieron de la bitácora de viaje una aventura por derecho propio. Así como se traza el recorrido de la embarcación, de la misma forma es la constancia de la evolución estilística que experimentó Darwin conforme maduraba su teoría.
Gracias a Las cartas del Beagle, cuando Hotel Pro Forma decidió montar una ópera en homenaje a los 150 años de la publicación de El origen de las especies por medio de la selección natural, buena parte de lo que significaba transferir las ideas vertidas por Darwin a su tratado, se redondearon con más facilidad e incluso hubo referencias acerca de su reacción, de la mano de aquello que va detallando en su estudio.
Una vez montada la ópera, Hotel Pro Forma, el laboratorio estético/audiovisual más representativo de Dinamarca, famoso por sus distintos montajes de obras clásicas con un giro radical para la puesta en escena, recurrieron a los no menos iconoclastas The Knife, Mount Sims y Planningtorock, aunque bajo la batuta de los primeros.
De por sí, la vanguardia de The Knife ha consistido en el rompimiento de clichés de género, así como en el uso de instrumentos, además de comulgar con el credo de The Residents, quienes han renunciado a la autopromoción de las identidades a cargo de una presentación musical, con tal de elevar la importancia de la obra en sí. El carácter de cada uno de sus álbumes, entre una suerte de provocación y al mismo tiempo el paroxismo del gusto kitsch llevado a un grado exquisito, Darwin fue una de las pruebas más grandes de su carrera.
Quizás como nunca en su trayectoria, pasar del desafío de la industria del mundo de la música a la construcción de un concepto que llevase inscrita la experiencia de la lectura de la obra del autor, para ser percibida como un episodio memorable en la historia de la humanidad, es uno de los momentos más notables en la producción discográfica de los últimos 10 años.
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