Las glorias de la humanidad no solo se basan en victorias ganadas en guerras o con un nuevo invento que ayude al mejoramiento del colectivo, no solo un movimiento ideológico o altruista trae un cambio; también se supeditan estos triunfos a los obtenidos en el ámbito deportivo y es justamente en estos encuentros donde se dan cita múltiples valores, siempre demostrando que una justa deportiva lleva implícita la voluntad, el coraje, la disciplina y entrega total de los competidores que dan lo mejor de sí exhibiendo la fortaleza humana y espiritual al máximo.
La UAEH (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo), máxima casa de estudios en la entidad caracterizada siempre por un marcado valor para el engrandecimiento de la comunidad hidalguense, también ha marcado tendencias no solo en lo académico sino también en lo deportivo, dejando una honda huella en el colectivo estudiantil en generaciones pasadas y actuales siendo justamente el deporte lo que ha dado aún mayor sustento a la pertenencia de sentimiento institucional.
Corría la década de 1970 en la que el resquemor que acontecido en aquel año de 1968 en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, había dejado un hondo pesar en el colectivo estudiantil que aun con efervescencia de querer cambiar la situación imperante en aquellas décadas encontraría una forma de calmar sus ímpetus sin consecuencias tan extremas y características de los gobiernos represores de la época. La alternativa sería haciendo deporte logrando aquella máxima: “en mente sana, cuerpo sano”.
El estado de Hidalgo no se quedaría atrás y surgirían en sus filas apasionados del futbol americano que darían origen no solo a un equipo más sino a toda una leyenda que sigue viva hasta hoy.
La historia comenzará cuando la mayoría de los jugadores del equipo de Cherokees, agrupación representativa de la secundaria oficial de Pachuca, hoy la secundaría federal dos, deciden continuar jugando futbol americano, sin embargo saben que para ello se necesita un equipo sólido y con apoyo de patrocinadores para llegar a las grandes ligas.
En ese entonces el equipo por excelencia era el de la Preparatoria uno llamado El Bacardí, una agrupación conformada de forma no oficial y que aunado a esto con un nombre que no representaba la identidad deportiva, sin embargo con un amplio margen de patrocinio. Pero, siendo acérrimos rivales dentro del emparrillado ningún jugador de ambos equipos decide participar para formar uno solo. Así que se toma la decisión de jugar la representatividad en la cancha. Saliendo vencedores por amplio margen los Cherokees.
Logrando el reconocimiento del estudiantado y docentes se inicia un reclutamiento, aula por aula, teniendo por objetivo una gran recepción de jugadores a los que se sumaran los estudiantes también. Se tomó en consideración invitar a las diferentes disciplinas que en ese momento eran pilares de la Preparatoria uno.
Se contó con el área de atletismo, invitando a los más destacados corredores a formar parte del equipo. También el área de basquetbol, que tenía ya desde aquellos años la fama de tener en sus filas a “los mejores canasteros dentro de la cancha”.
El propósito era la formación de un equipo competitivo que participara en las grandes ligas que se llevaban a cabo en el entonces Distrito Federal, hoy en día Ciudad de México, así como realizar los primeros partidos con equipos interestatales de la República mexicana.
Continuará…

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.