La cita con el Perro fue el martes a las 14 horas en el mercado Sonorita o como también se advierte en la fachada: Catedral de la Santa Muerte

Pachuca.- La cita fue formal: martes a las 14 horas en el mercado Sonorita o como también se advierte en la fachada del edificio: Catedral de la Santa Muerte. En la primera impresión, prevalecen los silencios al caminar a lo largo de pasillos. Finalmente se arriba a un amplio, amplísimo salón, de paredes altas, rectangular y muy limpio, y al centro, una gigantesca figura de la Santa Muerte.

Recorrido visual acelerado, de la mano con el asombro.

En un taxi fue forma eficaz, rápida de llegar a la cita con Pelcastre.

El conductor no pidió mayores informes y manejó hasta la avenida Ocho, 333.

Se lee en el acceso: mercado Sonorita y Catedral de la Santa Muerte.

–Llegamos, indicó el operador, aunque añadió: “He estado por acá; el señor es buena onda. No se vence”.

No más de pocos minutos de espera. En eso, una voz cordial, mano extendida, sin guardar la sana distancia; mano correspondida.

Sin más: –Gusto en saludarlo; ¿vamos a platicar? Si le parece en mi pequeño despacho.

Él se llama Martín Óscar Pelcastre Almanza. Muchos lo conocen mejor por su mote, el Perro. Viste informal, pantalón de mezclilla y una camisa cómoda negra en la que resaltan puntitos blancos, casi de mini nevada, y botas (¿o botines?) de color café.

Antes se había platicado, ya en el mercado, con el señor Horacio, con quien nos presentamos, quien adelantó: “Ya viene el señor”. Fue puntual Lo esperaban otras personas, a quienes a su arribo les dijo comedido: “No tardo, esperen, por favor”.

El reportero no conocía en persona a Óscar Pelcastre, pero sí de menciones, unas muy agudas cuando se echaba a la espalda problemas de vendedores ambulantes, sobre todo en el centro de Pachuca.

Se enzarzaba en polémicas con la autoridad municipal, en el bullicio que atrapaba a la señorial Casa Rule, y la presencia de severos policías.

Y en medio, Pelcastre, a veces sereno otras encendidamente agresivo, pero personaje central en las disputas de lugares de sus agremiados.

Recordar del pasado Se le comenta de “esos días ¿recuerda?”. Sereno, esboza ligera sonrisa, se acomoda y espera.

Es un hombre delgado de 70 kilos aproximadamente y cerca de un metro 80 de estatura. Cabello negro, peinado hacia atrás.

–¿De Pachuca?, se le pregunta.

Con un “ummmjú”, asiente.

–Del centro; por el bar El Regio.

De su edad no opone resistencias.

–Nací el 12 de marzo de 1964; apenas cumplí 56 años.

–Usted es polémico, debatido.

–Tengo más amistades que enemigos. No somos monedita de oro.

Explica el nombre del mercado.

–Nos decidimos por Sonorita. Un nombre que llamara la atención. Sonorita, pequeña tierra caliente donde la Santísima Muerte puso su mano.

Fue un 6 de diciembre cuando surgió la Federación de Organizaciones Independientes del Estado de Hidalgo, más identificada como la Foideh, que encabeza Pelcastre.

Comenta que al principio las autoridades lo tacharon de loco. Le mandaban mensajes. Pero él reiteraba siempre que iba a actuar contra la delincuencia organizada.

–El PRI me desechó porque yo era la mano. No se coaccionaba a nadie. Me auguraban que me iba meter en broncas. Nunca cedí en lo que pensaba que era correcto.

Gusto por el tabaco Pelcastre busca en su pantalón y extrae una cajetilla de cigarros y un encendedor. Ofrece.

Se le cuestiona.

–Hay versiones que apuntan que usted está enfermo.

Sin titubeos, exhalando humo del cigarro, responde.

–Estoy atrapado por el tabaco. Me gusta. A veces me paso y… –¿Le ha afectado? No modifica ni sus gestos, ni se irrita.

–Sí, cierto, tengo cáncer en la garganta.

Se levanta y muestra imágenes de sus manos con profundas lesiones.

–Me aplicaron quimio. A veces…vea…me pudro por días. Luego descanso. Me desespero. Llegan a decir que estoy loco. No lo olvide, el ser humano tiene miedo.

–Me perdía por instantes. No hay nada que temer.

Alude a sus hijos y señala.

–Me siento motivado.

Comparte confesión.

–Para llegar aquí estuve en la cárcel, que por sedición; mes y medio.

Extiende la confesión.

–Viornery (arquitecto Mario) una gran persona. Se buscó una comunicación con el entonces gobernador Jesús Murillo. No era, expresado con todo respeto, un comandante Marcos.

Los gobernadores Ha tratado a gobernadores hidalguenses.

Antes de que lo relate suben tres botellitas de agua. Pelcastre va por otro cigarrillo. Conserva un natural desenfado. No se escuda en barreras para expresarse. Sin cuidado.

–Años, muchos años atrás, traté a Guillermo Rossell de la Lama. Una dama. Por esos días llegué a trabajar en la zona de tolerancia que él clausuró. También estuve en Calinda ¿lo recuerda? Y me llegué a ocupar como albañil. La vida no es de color de rosa, hay que esforzarse y no rendirse.

–Con Murillo hablamos fuerte. Nos reubicaron en las calles. Del centro. Usaron la fuerza con él, todo directo. Así le gustaba; a mí también. Sin olvidar: era el gobernador.

–Ayudamos a mucha gente. Lo justo. Querían que interviniera Juan Manuel Sepúlveda Fayad.

Chasquido del encendedor y la invitación, cajetilla en la mano.

Bueno; solo uno.

–¿Y sabe quién me echo la mano? Seguro usted lo conoció: el güerito, Eugenio Imaz…Gis…Gis… –Gisper.

–El mero. Con Murillo hicimos las paces. Yo tomaba, desde jovencito. Por él dejé de tomar. Lo recuerdo, sus palabras: ponte a trabajar.

–Incluiría a Manuel Ángel Núñez Soto. Desarmaba con sus modales. Si se permite, un caballero. Lo ayudé.

La lista crece. Nadie abrió las botellitas de agua –Conocí a Adolfo Lugo Verduzco. Me dijo, tan cortés, de vocabulario impecable, que había tres opciones. No tendría autorización para detallarlas, pero encontramos respuestas.

Dedica un espacio a Miguel Ángel Osorio Chong.

–Estábamos jóvenes. Él era oficial mayor en el ayuntamiento. Conciliador natural. Lo puede incluir: mi amigo.

–¿Y en política, usted nunca aspiró a algo?, el cuestionamiento.

–Llegaron a hablar de un municipio, con posibilidades de ser alcalde. No me llamó la atención. No era, no es lo mío.

–¿Quién le habló? ¿Cuál municipio? –He aprendido bien que se dice el nombre del pecado y no del pecador. Hace mucho de eso. La memoria se desvanece.

Lugar de respeto A poca distancia de su despacho está la estancia principal. Además de la inmensa figura de la m-muerte, hay otras más circundando. Vestidas con trajes diferentes, llamativos. En las bancas, personas esperan; otras más oran.

Parece no preocupar el tiempo. No hay prisas, ni de Óscar Pelcastre ni de su interlocutor. Como que uno se siente a gusto, laxo.

Alude a Francisco Olvera, el exgobernador.

–Hubo un mal entendido con él. Simple, como que nos caíamos mal los dos. Teníamos 20 años de conocernos.

–Y un día, siempre hay un día, nos encontramos en la Feria del Libro; vaya, nos topamos. Alguien susurró: “Te presento a Olvera”.

–Repuse, es más fácil que yo te lo presente. Francisco Olvera era secretario de Gobierno.

–A lo que le comenté, Olvera se río. Ahí se rompió la mala vibra. Después esbozamos planes de trabajo.

–Coincidió un día en que Enrique Peña Nieto vino a Pachuca. Estaba en campaña por la presidencia.

–Había mucha gente encima de Olvera, ahí estaba el candidato. Y nos aventaron contra la gente y contra Olvera. Yo lo cubrí, era una marejada que presionaba.

–Olvera me dijo, casi en grito: “A mí no, a mí no… ¡Cuida al candidato!”. Por instinto lo hice.

–Por eso he expresado que tengo buena y mala suerte; y hay quienes dicen que soy de lo peor. No de amigos, no creo que merezca ese calificativo.

–Con Omar Fayad me tuve que hacer a un lado, lo podía perjudicar. Hay amistad, pero gobierno es otra cosa. Creo que sí me entiende.

De pronto hay un retorno al principio de la plática. Se toca lo del cáncer.

No se inmuta. Golpetea la punta de otro cigarrillo contra la cajetilla… espera unos segundos, invitando con un gesto. –Gracias, gracias, pero ahorita si ya no.

Momentáneamente cierra los ojos, esboza una sonrisa y acepta.

–La enfermedad hay que recibirla con amor, con cariño. Pelea uno por sí mismo.

–Vivo al día; no me falta, ni me sobra. Creo en la Virgen de Guadalupe. Mi madre creía en la Santa Muerte. Vengo de familia de creyentes.

–Eso se plasmó en hacer un museo catedral. Vamos a ampliar a un tercer piso para un entorno turístico más fuerte. Sacar adelante al comercio ambulante, la economía.

Sin renuencia, opina sobre la renovación de autoridades en el ayuntamiento de Pachuca, donde surgirá el sucesor o sucesora de la actual alcaldesa Yolanda Tellería, manifiesta.

–Paulatinamente han surgido nombres de posibles aspirantes. A algunos los conozco, los he tratado, pero sería temerario pronunciarse por alguien en especial.

–Tradicionalmente, este tipo de procesos despiertan un mayor interés de los electores, pero según la composición y sobre todo posicionamiento de los partidos políticos, nada se ve todavía claro.

–Puede ganar hasta quien sea un tanto desconocido. La política es celosa, hoy más que nunca no veo aún perfiles contundentes.

–Empero, prevalece en mí el deseo de que sea el mejor calificado, apto, con sensibilidad, porque en lo particular, los pequeños comerciantes deben ser escuchados en sus justas demandas. Que se bajen a nuestro nivel, que nos comprendan.

En la conversación surge el nombre de Gerardo Sosa Castelán.

–Nunca nos hemos tratado; me hubiera gustado que platicáramos. Con su hermano, Damián, sí, que por cierto no lo he visto. Buen político.

–Tengo muy presente, amistad es una cosa y trabajo otra distinta.

Emite un calificativo, solo uno, de Yolanda Tellería, alcaldesa de Pachuca: –Es una dama. Con su esposo, Daniel (Ludlow) trabajé con él en el PRI municipal. No es mi enemigo.

Viene el punto final.

–¿Algo más? Habrá otra ocasión, a lo mejor varias.

“Traté a quien fue igualmente rector: Gerardo Sosa. Carismático, con don de gentes. Siempre me apoyó. A la distancia de la universidad que conocí, fue el que transformó en todos los órdenes a la casa de estudios”

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