No es extraño que las asambleas que celebra el Partido de la Revolución Democrática (PRD) terminen en zafarranchos. La lógica respecto a cómo está conformado ese partido, con base en tribus, propicia una feroz lucha por los espacios de poder. No obstante, esa competencia no justifica la violencia. Ayer fue electo Héctor Chávez Ruiz, durante el sexto pleno extraordinario del consejo estatal perredista, en medio de un clima de confrontación. Este diario estuvo ahí y fue testigo de la pelea por la dirigencia. Aferrada al poder dentro del PRD estatal, la corriente guadarramista del Frente Democrático Hidalguense quiso ganar por la fuerza pero no pudo. Pese a los cohetones, jaloneos y gritos, las otras corrientes se impusieron a la otrora invencible corriente guadarramista. ¿Preludio de lo que viene para el profesor nacido en Jacala en lo que a sus pretensiones de encabezar la candidatura frentista al Senado se refiere? En este mismo espacio hemos hablado de que los tiempos del profesor como hombre fuerte en el PRD se han ido. Hasta sus antes incondicionales ahora se le han volteado. Y pese a ello, con sus escasos alfiles, Guadarrama pretende mantener, al menos, las riendas del PRD estatal. Para bien de ese partido, ayer no lo logró. De filón. No es menos importante que, en todo este desorden perredista, reporteros que cubrieron el acto estuvieron en riesgo al explotarles muy de cerca los cohetones que manos anónimas lanzaron. Si alguien quiso pasarse de listo con los trabajadores de la comunicación, tal acción debe ser denunciada y castigada.

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