Más que odiado, Hernán Cortés ha sido un personaje desconocido hasta ahora. A 500 años del mítico encuentro entre el conquistador español y Moctezuma II, gran tlatoani de Tenochtitlán, es momento de conocer la verdad.

Así se anuncia el libro de Alejandro Rosas –adaptación– Las Caras ocultas de Hernán Cortés, historia que inspiró la serie “Hernán”.

Se relatan las grandes hazañas de un hombre sediento de poder, riqueza y gloria; pero también las facetas que la historia oficial ha dejado en la sombra.

Su íntima relación con Malintzin, una simpatía peculiar entre él y Moctezuma, el respeto que siempre mostró por las tierras mexicanas y sus habitantes, sus habilidades como líder y estadista, imágenes del niño rebelde y travieso que fue: todo lo que esa gallardía le otorgó durante una de las vidas más apasionadas y apasionantes de la historia, incluyendo su más grandes derrota.

Rosas escribe: “En pleno siglo XXI, a quinientos años del encuentro entre Cortés y Moctezuma, cinco siglos de la conquista de México, no pueden seguir imperando los prejuicios. Hernán Cortés no fue ni héroe ni villano; fue un hombre definido por las circunstancias, las mismas en las que coincidieron Moctezuma, Marina, Pedro de Alvarado, Bernal Díaz del Castillo, Diego de Ordaz, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval, Diego Velázquez, Pánfilo de Narváez, Xicoténcatl y los cientos de españoles y miles de indígenas que cruzaron su destino en un mismo punto de la historia”.

“Hernán Cortés era un hombre común que se atrevió a dar el paso que ningún otro hombre de su generación quiso dar: aventurarse a tierras desconocidas con un futuro incierto”.

Su biógrafo Francisco López de Gómara lo describe: “Hombre de buena estatura, rehecho y de gran pecho; el color ceniciento, la barba clara, el cabello largo. Tenía gran fuerza, mucho ánimo, destreza en las armas. Fue travieso cuando muchacho y cuando hombre fue asentado… Fue muy dado a las mujeres, lo mismo hizo al juego y jugaba los dados de maravilla.

“Fue muy gran comedor y templado en el beber, teniendo gran abundancia”.

El texto se divide en ocho capítulos.

“Uno: La suerte está echada”. “Dos: Una ciudad sobre un lago: Bajo el volcán y, El águila y la serpiente”. “Tres: Los protagonistas del drama: Cortés: comer con trompetas o morir ahogado, Moctezuma, el que se muestra enojado, el compadre Velázquez, los presagios del emperador, Bernal Díaz del castillo, la tierra donde nos mataron, Pedro de Alvarado: el comendador, ¿el regreso de Quetzalcóatl?” Otros: “Cuatro: Y no hagas pendejadas”. “Cinco: El gran imperio; una ciudad llamada México; porque las cosas han de ser hechas antes que pensadas; sigamos la cruz, que en esta señal venceremos; un español maya; la primera batalla; Marina; veremos en qué para este desafío; el regreso de los dioses”. “Seis: No quedará uno solo de ustedes, Malinche”. “Siete: Más sabe el diablo por viejo; con el colmillo retorcido; el complot; vale más morir por buenos; las tribulaciones de Moctezuma; la última embajada, el encuentro; juego de palabras; venimos de donde sale el sol; de dioses a dioses”, y el último, “Ocho: La noche triste”.

Lo cierto es que cada capítulo tiene su interés, y lleva al lector paso a paso, con una atractiva configuración de personajes, de algo que hace tanto tiempo tuvo lugar pero que aún nos apasiona.

De editorial Planeta, la primera edición es de noviembre 2019.

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