El propósito del texto es pensar sobre el cuerpo de la mujer, idea que Rosario Castellanos escudriñó a través de las letras literarias y teóricas, letras en las que nos heredó una nueva forma de ser humano. Castellanos de forma tenaz, nos sugiere pensar sobre la resignificación de la mujer en la sociedad mexicana a través del arte (ella habla sobre literatura, pero es posible expandirse hacia expresiones como la danza). Arte como otro modo de existir de la mujer, y ciertamente, de ser eternas. Arte/danza “para marcar bien sus límites, para afirmarse sólidamente dentro de su individualidad, para apropiarse de un eco propio” (Castellanos, 2005, página 210); la autora escribió sobre desbordarse en la expresión de la individualidad, a develar y cuestionar quienes somos a través del arte, y a manifestarse con sus respectivas implicaciones políticas y estéticas. Desbordamiento/develación/manifestación que nos obliga a mirarnos en el espejo, a mirar nuestra cara y nuestro cuerpo, lo que somos, lo que se es.

Soy yo, es mi cuerpo, es mi mundo, un mundo que invierte la dirección del movimiento para mirarse a sí mismo; trastocando la superficie y los profundos recovecos del ser humano, “haciendo a un lado las imágenes convencionales que de la femineidad le presentan […] para formarse su imagen propia” (Op. Cit. página 214). Resulta sugestivo lo que Castellanos nos pone sobre el cuerpo, pues nos provoca cuestionar la imagen de la mujer en la danza, y con ello, a desterrar del cuerpo aquellas características otorgadas connaturalmente y que hunden la expresión de la mujer; mujer que danza libre y despojada de los estereotipos que se ocultan en la máscara de la supuesta libertad.

Es el regreso al cuerpo, el que develará la raíz de la mujer en la vida y en la danza, auténtica expresión, danza primigenia; es el regreso al cuerpo, el desabrigo de la ética concedida históricamente a la mujer, y es, en consecuencia, una práctica revolucionaria.

Encontramos otra forma de hacer danza, una danza que resiste a los mecanismos de control que atraviesan el cuerpo de la mujer, una danza que lucha sobre el escenario y que emerge con la furia de las mujeres que nos anteceden, y cuyas huellas quedan en nuestras formas de movernos en el mundo. La danza se vuelve, proceso y producto, para la expresión de la mujer, para la expresión de quien se es, atentando contra la imagen heredada para construir una existencia propia/ una danza propia. Las palabras tejidas en los libros de Castellanos vociferan que la imagen heredada de la mujer no es suficiente, que se debe construir una identidad propia y manifestarse a través de ella, con todas las repercusiones éticas que implica resistir al peso de la historia en el escenario; para nosotras, para ellas que nos miran.

Es posible pensar otra forma de ser humano, más libre, dice Castellanos; y digo yo, en y a través de la danza. Dancemos sobre nosotras mismas, para nosotras, y para las mujeres que generosamente nos abrazan en la vida.

Castellanos, Rosario. (2005). Sobre cultura femenina. México: Fondo de Cultura Económica.

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