Alfredo Dávalos

Exdirector fundador de Libre por convicción Independiente de Hidalgo

Varias e importantes son las enseñanzas que nos dejan los acontecimientos previos, durante y posteriores a las elecciones en Coahuila y Estado de México del 4 de junio: la involución de la democracia, la inutilidad del Instituto Nacional Electoral (INE), la gandallez de los priistas y sus gobernantes, la participación del crimen organizado en política y elecciones, así como la indiferencia del electorado, lo cual combinado puede derivar en una tenebrosa pesadilla en 2018… que el PRI gane nuevamente la presidencia.
Los comicios en ambas entidades fueron el “laboratorio” del PRI para probar todas las artimañas de las que seguramente echará mano en las elecciones presidenciales del próximo año para tratar de aferrarse al poder por otros seis años para continuar saqueando las arcas nacionales, los recursos naturales y cualquier cosa de valor que quede en el país, como lo han evidenciado los voraces exgobernadores priistas de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo; de Chihuahua, César Duarte Jáquez, y de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa.
Todas las irregularidades denunciadas y documentadas en las pasadas elecciones en Coahuila y Estado de México sirvieron a los “mapaches” priistas para capacitarse en las artes de la trampa electoral con una sola finalidad: conservar la presidencia de la República a cualquier costa para continuar despojando a la nación y al pueblo de los recursos naturales y dineros públicos.
Sin duda que los priistas son más felices y aplaudidores con el anuncio del líder máximo del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) Andrés Manuel López Obrador, de que para 2018 no habrá alianza electoral con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), pues esa decisión del tabasqueño y sus huestes lo único que va a ocasionar es fragmentar a la izquierda y permitir que el PRI tenga oportunidad de triunfo electoral en 2018.
Pero lo realmente importante es qué actitud van a asumir los electores durante los comicios presidenciales del próximo año: volver a creer en las promesas de siempre del PRI, recibir sus dádivas a cambio de su voto; quedarse indolentes en casa durante la jornada electoral viendo los partidos del mundial de futbol Rusia 2018; o dejar a un lado la indiferencia, informarse sobre las propuestas y perfiles de los candidatos, y volcarse masivamente a las urnas para impedir la operación “alquimista” de los “mapaches” tricolores.
Los ciudadanos debemos empoderar a los ciudadanos, pero no a través de votar por partidos políticos disfrazados de ciudadanos, ni por candidatos que son “desechos” de instituciones políticas “satélites” del PRI, sino mediante de la participación en la solución de los problemas que les afectan y en toma de decisiones en beneficio de la gente no de una élite empresarial o política, como ha sucedido con las reformas estructurales que impulsó Enrique Peña Nieto con el respaldo de los legisladores panistas.
El pueblo de México no puede ser tan mentecato como para permitir otros seis años de torpeza en la conducción económica, de pobreza, de mayor marginación, de abuso de poder, de cínico saqueo de los recursos naturales y dineros públicos, de inseguridad, de corrupción y de inconfesables relaciones con el crimen organizado, porque de permitirlo no habrá futuro para sus hijos ni para los hijos de sus hijos.
Está demostrado que los priistas se han capacitado y especializado en generar crisis económicas, en saquear al pueblo, en abusar del poder, en corromper, en perpetuar el atraso, la ignorancia y pobreza de las mayorías, pues saben a la perfección que de esa manera pueden mantener su clientela electoral, esa que vota a cambio de bultos de cemento, de una pantalla, de programas sociales, de tarjetas rosas, de unas cuantos miles de pesos.
Lamentablemente la alternancia política alcanzada en la elecciones de 2006, cuando el Partido Acción Nacional (PAN) ganó la presidencia de la República, no generó el cambio anhelado debido a la torpeza, incapacidad y valemadrismo de Vicente Fox, quien defraudó la confianza que el pueblo depositó en él. Por esa razón, los ciudadanos no pueden volver a equivocarse al votar por lobos con pieles de oveja, sino buscar los medios para derrocar a la partidocracia y empoderar al ciudadano, como ocurre en otras naciones.

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