Ayer se asomó el fantasma de la tragedia de Tlahuelilpan ocurrida en febrero de este año luego de registrarse un incendio en una toma de un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex), ubicado en el tramo carretero de Tlahuelilpan-Juandho, en Tepetitlán. Una densa columna de humo fue visible a kilómetros de distancia e incluso fueron tomadas fotos aéreas donde se puede apreciar la nube tóxica que dejó el incendio de ayer, que duró varias horas antes de ser controlado ya entrada la noche. Por la gravedad del siniestro, autoridades de Protección Civil determinaron evacuar al menos 80 familias que habitan cerca de la zona donde se registró la conflagración, como medida de precaución. Sobre el origen del siniestro, hubo dos versiones: La del Ejército mexicano que explicó que el hecho sobrevino luego que personal de Pemex realizara trabajos de mantenimiento a un poliducto. Y otra, confirmada con testigos directos, que sostuvieron que el incendio se debió a que la toma era ordeñada de manera ilegal. Esta última versión tiene asidero en la realidad, pues Hidalgo se ha distinguido durante los dos últimos años por ser el estado con más tomas clandestinas de todo el país. Falta mucho para que la sustracción ilegal de combustible en territorio estatal sea controlada, ya no digamos erradicada. De filón. Y como para poner la cereza del pastel, ayer el gobierno de Estados Unidos determinó recomendar a sus ciudadanos extremar precauciones si es que quieren viajar a Hidalgo.

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