Melisa Agüero

La venta de animales domésticos ha sido una actividad que los gobiernos tanto estatales como municipales han evitado erradicar, quizá por desconocimiento, quizá porque les trae retribución económica, quizá porque están inmiscuidos en la crianza ilegal de especies, quizá por todas estas juntas, y abrazados por la impunidad y falta de voluntad política.

Durante años los protectores animales hemos exigido a los municipios que cumplan la ley y que destinen recursos suficientes para realmente atender el problema de sobrepoblación canina y felina. Resultado: caso omiso.

Asimismo, hemos pedido por años que atiendan las denuncias de maltrato animal cabalmente para que paulatinamente estas dinámicas violentas desaparezcan, pero poco caso se ha hecho. Son tan pocas las actividades que los ayuntamientos cumplen conforme a la ley, que sorprende aun así que busquen obligar a los ciudadanos a cumplir una normatividad trabajada por los mismos que no cumplen sus obligaciones.

Si tan solo atendieran la mitad de reportes por maltrato animal que los activistas reciben diariamente, tendrían un gran ingreso por concepto de multas o sanciones; sin embargo, atender estas denuncias supone un esfuerzo que los municipios como Pachuca no están dispuestos a realizar, por ende al ayuntamiento de la capital del estado se le ha ocurrido que regular la venta de animales –que ya de por sí se considera un acto de maltrato animal por las condiciones en las que regularmente se realiza, así como uno de los principales factores que propician la sobrepoblación de fauna callejera– es una forma de fomentar la tenencia responsable; esto en lugar de prohibirla, como lo haría un gobierno realmente preocupado por el bienestar animal.

¿Cómo podemos pensar que la compra de un ser vivo en un sistema económico como en el que estamos fomentaría una tenencia responsable? Pensar que por solo pagar algo ya lo cuidaremos –como a muchos les gusta decir para excusar esta actividad– no nos exime de objetivizar la vida, de verlo como un producto de consumo, un compañero peludo que cuenta con las características que buscamos en jaulas de establecimientos, que en realidad representan los anaqueles de un supermercado.

Ni siquiera al adoptar somos capaces de elegir al que lo necesita, sino que solemos visitar varios refugios o páginas para escoger el que nos gusta, porque como buenos humanos antropocentristas, tan solo buscamos satisfacer nuestro gusto y necesidad.

Y así, a sabiendas de que eso ocurre cotidianamente, el área de ecología de Pachuca nos ha comunicado a través de redes sociales –porque además de todo parece que el mensaje solo está pensado para quienes tenemos acceso a Internet y el resto de la población no importa– que al igual que los criadores de perros y que los vendedores de cachorros de no más de cuatro semanas de nacidos, los protectores debemos registrarnos y cumplir una serie
de requisitos que suponen no solo una traba para quienes sin apoyo gubernamental intentamos erradicar la sobrepoblación y el maltrato animal, sino una total falta de respeto y de reconocimiento a la labor de quienes han realizado el trabajo que el ayuntamiento no se digna a atender conforme a la ley.

Durante esta administración, se solicitó reiteradas veces que dejaran de sacrificar animales e invirtieran el recurso en esterilizaciones, tal como lo planteaba el Programa nacional de control de la rabia del sexenio de Peña Nieto; no obstante, esto nunca pasó, ¿y por qué sucedería si ya decenas de animalistas estaban recogiendo a centenas de perros y llevándolos a esterilizar hasta en establecimientos privados?
Hasta el momento tampoco han establecido un protocolo para denuncias de maltrato animal, ni siquiera han ejercido un millón de pesos etiquetados específicamente para esterilizaciones caninas, pero quieren cobrar por brindar permisos para la venta indiscriminada y poco ética de animales bajo el concepto de “regularización”, ¿así vamos a fomentar el bienestar animal? ¿apoyando la explotación sobre las acciones contra el maltrato que realizan ciudadanos que no ganan ni un céntimo por su labor?

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