El libro de la semana

Uno de los libros del fondo editorial universitario por los que el público se interesa debido a su crónica, las fotografías, las referencias de puentes, plazas, plazuelas, fuentes, y los relatos en torno al Pachuca antiguo es Pachuca, una ciudad con sed, de Nicolás Soto Oliver, editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
El peculiar estilo de escribir de Soto Oliver lleva al lector a conocer el nacimiento de la ciudad, de la que describe las condiciones topográficas, en las que los pobladores eligieron la rivera de un río, cuyo caudal era ancho y profundo para establecer el espacio donde cientos de gambusinos, sin orden alguno, construyeron sus jacales alrededor de las minas, entre cañadas y veredas serpentinas que surcaron los mineros, tlacualeros y proveedores de leña. Advierte el autor que Pachuca, ahora capital de los hidalguenses, nació entre entrañas riquísimas de plata pura.
En el texto refiere al cauce del río formado al concluir las cañadas de la sierra de Pachuca; sin embargo, desde el siglo XVI el pueblo de Pachuca ha padecido sed. El acarreo de agua desde llaves callejeras o lejanas fuentes en las plazas públicas hasta sus hogares fue labor que vivió el pueblo de 1552 a 1950. Se construyeron acueductos de madera, barro, mampostería y fierro para llevar el líquido a la sedienta población; también destaca la existencia de los grandes filtros para traer agua de las presas cercanas.
El trabajo de investigación de Nicolás Soto cita extrañas paradojas como haber proporcionado Pachuca al mundo más de 35 mil toneladas de plata y una gran cantidad de agua a la Ciudad de México. Curioso es el dato de que Pachuca no fue edificada en una planicie fértil bien irrigada sino que, por el contrario, empezó a construirse en las faldas de los cerros y en cañadas.
Al adentrarse en el libro el lector encontrará datos como los de las dos primeras minas establecidas en el cerro de la Magdalena y en el cerro de San Cristóbal. El río de las Avenidas forma un capítulo por demás interesante. Sobre él construyeron puentes de los que todavía queda un vestigio o una fotografía, como el puente de la Asunción, situado frente a la parroquia de la Asunción de María, el puente de Purísima Chica en el callejón de Peñúñuri, el puente de las Flores de Abril en las actual calle de Mina, el puente de Xicoténcatl en la calle que lleva este nombre y el puente de Leandro Valle.
Las inundaciones es otro capítulo que aborda el libro y refiere a distintos hechos ocurridos como los de 1757, cuando la labor fue suspendida por inundación de las minas. Otros datos históricos dan cuenta que en el año 1785 la Provincia de Pachuca fue destruida por una inundación, y la registrada en 1867. En 1884, ya como Pachuca, estado de Hidalgo, la capital hidalguense sufrió el desbordamiento del río de la Avenidas arrojando grandes pérdidas; le siguieron otras inundaciones como las ocurridas en 1888, 1930 y, la más recordada y registrada, la de 1949.
Importantes obras para la introducción de agua potable se han realizado, como las de 1888 y 1910, las iniciadas después de la Revolución mexicana y la construcción de fuentes abastecedoras de agua potable y la colocación de llaves públicas estratégicas distribuidas por la ciudad, que permitían a los pachuqueños llenar sus cántaros para llevar agua a su hogar, agua que nunca fue suficiente.
Nicolás Soto comparte información para dar a conocer que en 1948 se hicieron instalaciones domiciliarias para la obtención del agua proveniente de los pozos de La Paz y Téllez. “Esta es la ciudad que encontramos en 1950 y la historia para lograrlo ha sido una lucha heroica.”
El libro Pachuca, una ciudad con sed se acompaña con leyendas populares de los mineros tales como “Fecalismo convertido en oro”, “Juana la casquivana”, “El misterio de la noche de San Juan” y “Los niños emparedados” o “La narración de los lavaderos”.
El libro queda enriquecido con más de 100 fotografías que recopiló Nicolás Soto Oliver por su interés de difundir la crónica del Pachuca que tanto añoró, admiró y gozó todos los días de su vida.
Pachuca, una ciudad con sed puede consultarse en las bibliotecas de la UAEH y en Carácter Librería UAEH, en Pabellón Universitario de Ciudad del Conocimiento.

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