Para nadie es un secreto lo que el Club de Futbol Pachuca representa en la capital del estado de Hidalgo. No solo se trata de un equipo de tradición y fuerte arraigo con la identidad de toda una ciudad: es la génesis del balompié nacional. Resulta imposible concebir a la Bella Airosa sin los Tuzos y viceversa. Por ello, la mayoría de los hinchas del conjunto blanquiazul se sintieron ofendidos con el #TuzoGate: la identidad local fue violentada por uno de los organismos mediáticos más hipócritas del país.

Jesús Martínez Patiño se vio en una encrucijada y no le quedó de otra más que admitir que algunos de los datos revelados en la investigación de Televisa Deportes eran ciertos: que, en efecto, su imperio deportivo había recibido tratos preferenciales por parte de diferentes gobiernos estatales. Sin embargo, indicó también los beneficios que Grupo Pachuca ha traído a la ciudad y al estado: empleos, turismo e inversión extranjera. Como habitante de esta ciudad no puedo estar más de acuerdo.

Desde que los Tuzos consiguieron su primer título en primera división en el ya lejano 1999, la Cuna del Futbol ha crecido considerablemente en infraestructura y comercio, producto de empresas nacionales y extranjeras. El mote de “pueblo” se quedó más por cariño que por reflejo de la realidad y el futbol, como un sueño hecho realidad, se convirtió en uno de los principales ejes económicos de la ciudad. Pero, ¿a costa de qué? De las ya mencionadas tradiciones.

Si el lector de estas líneas vivió los tiempos del estadio Revolución y el constante ascenso y descenso de categoría profesional, seguramente es consciente de la forma en que ha operado la tradición de fin de semana en Pachuca. El balompié y las corridas de toros eran las actividades obligadas para una parte importante de la población, siendo la que nos convoca una recreación familiar desde sus inicios. De ahí que no sea de extrañar que haya quienes busquen lucrar con las fuentes de alegría de la clase media de una ciudad en vías de desarrollo.

El #TuzoGate es la conjugación de tres elementos culturales en nuestro país: la corrupción, la indiferencia y el futbol. No se puede culpar a los pachuqueños por ver únicamente el lado deportivo de este escándalo mediático y poner el pecho contra las balas de la opinión pública. Finalmente, dicen –y dicen bien– que uno le es más fiel a los colores de su equipo que a la misma pareja.

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