Es motivo de festejo que el Senado de la República haya avalado, el pasado martes 20 de septiembre, el dictamen para declarar el 21 de septiembre Día Nacional de la Lucha Libre y el Luchador Mexicano.
La fecha es en honor de todas y todos los luchadores mexicanos pero también de su impulsor: Salvador Lutheroth González (1897-1987). Conocido como el padre de la lucha libre, el 21 de septiembre de 1933 funda la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL), ahora Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) e inicia con el espectáculo en la arena Modelo que, poco después remodela y rebautiza como Arena México. En 1956 la reconstruye y su nombre queda como La Nueva Arena México.
Originario de Colotlán, Jalisco, además de ser reconocido como el promotor de la lucha libre profesional, se le concibe impulsor de la fama de los luchadores profesionales de mediados del siglo pasado como El Santo, Blue Demon, Bobby Bonales, Tarzán López, Cavernario Galindo y Gori Guerrero.
Varios trazos biográficos como empresario están basados en ideas de la teoría del esfuerzo y la teoría de la suerte. Empezó trabajar desde la adolescencia, a los 13 años de edad debido al fallecimiento de su padre, y cuatro años después se enlistó en las filas del Ejército obregonista. Participa en combates contra las fuerzas de Francisco Villa y es testigo del episodio donde Obregón pierde su brazo (en la Hacienda de Santa Ana del Conde, Guanajuato).
En 1924, con el grado de capitán segundo, solicita licencia ilimitada y, de ese año hasta 1931 trabaja como inspector de Hacienda. Luego del cese general de inspectores, establece una fábrica de muebles.
Sin embargo, antes de establecer dicha fábrica, ya tenía otra inquietud laboral. En 1929 comenzó a inclinarse por la lucha libre cuando, como inspector de Hacienda, presenció un encuentro en el Liberty Hall del Paso, Texas, y se le queda grabada la imagen del griego Gus Papas, uno de los gladiadores.
A la teoría de la suerte se recurre para relatar que después de iniciar su incursión en ese espectáculo (en alianza con Francisco Ahumada), se gana 40 mil pesos al salir premiado un cachito de billete de la lotería que había adquirido, dinero que invierte para adquirir y remodelar el lugar inicialmente rentado: la arena Modelo.

El cine de luchadores, invento mexicano

De este espectáculo surgen personajes emblemáticos de la cultura popular que animarán lo mismo los cuadriláteros que nutrirán la industria cinematográfica nacional como El Santo, Blue Demon, Rayo de Jalisco, Cavernario Galindo, Huracán Ramírez, Mil Máscaras, Tonina Jackson y Wolf Ruvinskis. En otros términos, nutrirán el imaginario social.
José Xavier Návar, autor junto con Raúl Criollo y Rafael Aviña de la obra ¡Quiero ver sangre! Historia ilustrada del cine de luchadores, editada por la UNAM, sostuvo en una entrevista publicada que “el cine de luchadores es el más genuino invento mexicano, a pesar de que sabemos que es un género de poca producción y pedestre, pero no deja de ser divertido y curioso como fomenta el mito del luchador y como retrata una época antes de que México fuera desbordado por el narcotráfico y la delincuencia”.

La lucha libre a la mexicana

Roland Barthes, en su obra Mitologías, incluye un texto dedicado a la lucha libre en el cual responde a quienes consideran que “el catch es un deporte innoble”: “El catch no es un deporte, es un espectáculo, y hay un falso y un auténtico. El falso es el representado mediante apariencias inútiles de un deporte regular; el auténtico es el llamado de “aficionados” y éste se presenta en salas de segunda categoría donde el público espontáneamente se pone de acuerdo con la naturaleza espectacular del combate, como el público de un cine de barrio (…) Al público no le importa para nada saber si el combate es falseado o no, y tiene razón; se confía a la primera virtud del espectáculo, la de abolir todo móvil y toda consecuencia: lo que importa no es lo que cree, sino lo que ve”.
La lucha libre mexicana “es una mezcla de deporte y secuencias teatrales” y se caracteriza “por sus estilos de sumisiones rápidas y acrobacias elevadas, así como peligrosos saltos fuera del ring”. Y tiene otro gran rasgo: los luchadores usan máscaras para ocultar su identidad y crear una imagen con personalidad especial. Así, el encuentro de “técnicos contra rudos” puede estar centrado en dos desafíos: “máscara contra máscara” o “máscara contra cabellera”.
Carlos Monsiváis, durante su participación en el documental español Gladiadores en la arena mexicana, sostuvo dirigiéndose durante la filmación a Carlos Suárez, manejador de El Santo: “Creo yo que a lo que dice de las volteretas y esta suprema composición, hay que añadir lo que me parece determinante: las máscaras, que es un género expresivo y fantástico del más alto orden, tanto que no me extrañaría ver de pronto una exposición de máscaras en el Palacio de Bellas Artes o en el Museo Nacional de las Artes”.
¡Enhorabuena por este reconocimiento!

Páginas consultadas:
http://www.mobzillahosting.com/CMLL/historia/don-salvador-lutteroth-gonzalez/

Carlos Monsivaís y la lucha libre, a dos años de su partida


http://www.jornada.unam.mx/2011/12/03/espectaculos/a07n1esp
http://luchalibremexicana-mascaras.blogspot.mx/2010/11/historia-de-la-lucha-libre-mexicana.html

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