Antonio Madrid*

Ese día no pude ir a la huapangueada. Lo lamenté durante días. Decían que era lo máximo, porque se amanecía uno bailando, libando y ligando a quien se dejara. Y se dejaban muchas. A mis 27 años, era lo único que me interesaba. Pero Chóforo sí fue. Y Melgar. Y Jacinto Eudoxio. Tres amigos de parranda que me habían pedido hasta el cansancio que no me fuera yo a echar para atrás porque teníamos que ir. “Sí carnales, voy a ir, ya saben”, les dije jubiloso. Pero sucedió que ese día tuve mucho trabajo. Que una entrevista. Que el noticiero que conducía. Que la manga del muerto. Total, que se hizo noche y mis amigos agarraron camino, mentándome la madre por haberles fallado. Sin embargo, fue mejor no haber ido. Y es que fue alrededor de las tres de la madrugada cuando mis amigos, ya ahogados en la alegría del licor y más borrachos que sobrios, regresaban subiendo las múltiples curvas de la carretera de Pahuatlán, cuando pudieron distinguir a una dama a la orilla del camino, justo donde está la desviación a Xilepa. Obnubilados por el alcohol, lo primero que vieron fue que la chica tenía un trasero pronunciado, cintura estrecha y piernas sabrositas. No dudaron en abordarla, sin quitar la mirada de su silueta que por momentos se perdía debido a la sombra de los gigantescos árboles. ¿A dónde vas amiguita? Si gustas te llevamos –le dijeron–, disminuyendo la velocidad. Ella no contestó y por toda respuesta se volteó hacia otro lado. Ellos insistieron. Entonces, ella giró el cuerpo levemente y pudieron ver su rostro a la luz de la Luna. O mejor aún, no pudieron verlo, pues su cara no era otra cosa que un manchón obscuro, parecido a una noche profunda. Chóforo dio el acelerón más grande de su vida y a punto estuvieron de chocar. Sin poder pronunciar ni una sola palabra, cuando al fin lo hicieron, fue para encomendarse a todos los santos del mundo. Y no pararon hasta Huauchinango.

*Originario de Huauchinango, Puebla, es licenciado en ciencias de la comunicación, apasionado de la narrativa; ha publicado cuentos de corte costumbrista en revistas y periódicos de Puebla y Veracruz. También ha ejercido el periodismo en el género de crónica y columna.

De interés

Comentarios