Alex Velázquez

Amyas Preston, uno de los corsarios ingleses enviados a encontrar la mítica ciudad de El Dorado, recibió la orden de saquear una pequeña villa llamada Santiago de León que, al parecer, se encontraba desprotegida. Los corsarios ya cantaban victoria cuando un caballero local, rechazando la inminente derrota, salió al paso y los atacó. Se trataba de Alonso Andrea de Ledesma, un conquistador español que fue el primer alcalde de Caracas.

Admirado por la hazaña, Preston pidió que no lo mataran, pero “su ímpetu era tal que fue imposible impedir que rindiera su vida tendido en la tierra a golpe de arcabuz”. Gracias a esa heroica muerte, Andrea de Ledesma pasó a la historia como el Quijote de Venezuela.

La palabra arcabuz se ha perdido en el uso moderno, pero el Diccionario de la Real Academia Española la define como “un arma de fuego, semejante al fusil, que se disparaba prendiendo pólvora mediante una mecha móvil”. Etimológicamente, viene del francés arquebus, y ese del neerlandés hakebus, compuesto de bus, “arma de fuego”, y hake, “gancho”, que se refiere al que servía para fijar el cañón por donde salía el proyectil.

La palabra fue usada mucho durante los siglos XVI y XVII: el “Léxico hispanoamericano del siglo XVI” identificó la expresión “a menos de un tiro de arcabuz del pueblo” como una medida corta de distancia y, durante décadas posteriores, se usó como sinónimo de todo tipo de armas, al grado de nombrar arcabucero a todo soldado de artillería, aun cuando ya no se usara el arcabuz.

También dejó huella en el refranero popular: “ser de mecha corta” –que refiere a un tipo de arcabuz del mismo nombre, más rápido e inestable–, habla de una persona de temperamento impaciente y explosivo; “le salió el tiro por la culata”, usado para hablar de alguien cuyas acciones obtuvieron el resultado contrario al que esperaba, describe el fallo de un arcabuz que, cargado con un exceso de pólvora, provocaba una combustión tan rápida que rompía el cañón y la culata, explotando en las manos del tirador.

Debido a sus múltiples imperfecciones, el arcabuz dejó de usarse y fue sustituido por mejores armas. De igual forma, la palabra fue abandonando nuestro vocabulario y se volvió tan arcaica que no nos queda más que recordarla en esta sección.

Palabrotas, palabrejas y otros blablablás

Palabrotas, palabrejas y otros blablablás es un compendio de frases, palabras extrañas y no tan extrañas de nuestro idioma y otras lenguas extranjeras que seguramente los niños suelen escuchar a diario de boca de sus padres, en la radio, la escuela, la televisión o hasta leído en un videojuego.

Guacamole en náhuatl significa manjar de aguacates; cachivaches quiere decir que recoja sus cosas; tener una jaqueca es que duela solo una parte de la choya, es decir, la cabeza. Si esas palabrotas le suenan rimbombantes a los pequeños, tenga por seguro que con este libro su conocimiento se expandirá y será más sabiondo que su BFF.

 

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