Pandemia tiró producción de Cempasúchil en Hidalgo

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Ante la incertidumbre en ventas provocada por la contingencia sanitaria, este año la cosecha fue 50 por ciento menor, explicaron a este diario productores de la región Doxey, en Tlaxcoapan

Doxey templo de flores

Medio siglo atrás, Doxey era una región chilera, sin embargo, aquello un día dejó de ser negocio; entonces, la vocación de sus tierras cambió y hoy lucen llenas de vida para rendir culto a los que se fueron al Mictlán, pero que cada año en el Día de los Fieles Difuntos vuelven a casa para disfrutar de los altares colmados de su comida favorita, pero también de flores.

Con el cerro del Xicuco como fiel vigilante, los campos se visten de colores. Ahí, en esa localidad de Tlaxcoapan, se cultiva cempasúchil, pata de león, nube, besos y crisalia.

Según cuenta don Eusebio Hernández, representante de los floricultores, la magia inicia en junio con la siembra de pata de león, misma que se viste de terciopelo rojo para acariciar a las ánimas.

El proceso sigue a mediados de julio con la crisalia; mientras que en agosto son colocadas las semillas que darán vida a los besos y la nube. Por esas mismas fechas, el cempasúchil, antes generado en invernaderos, se trasplanta a los zurcos para cerrar con broche de oro la cosecha que en esta temporada puede comprarse esa localidad, directo de la huerta.

Este año, ante las condiciones adversas provocadas por la pandemia del coronavirus (Covid-19), la producción de las distintas variedades de matas fue 50 por ciento menor respecto al año pasado, toda vez que floricultores se anticiparon a que el cierre de panteones y las dificultades económicas que vive la población mermarían la demanda de sus mercancías.

Aún con esos inconvenientes encima, pusieron todo su corazón para mantener viva la tradición, narró en entrevista para Libre por convicción Independiente de Hidalgo Octavio Hernández Benítez, productor de la región, quien recalcó que el Covid-19 pegó fuerte a quienes se dedican a esa actividad.

“Con el problema del Covid-19 redujimos un 50 por ciento la siembra; normalmente eran de 50 a 60 hectáreas, pero ahorita solo tenemos 25; esto es cierto, sin embargo, es nuestra fuente de vida y por ello nos hemos tomado esa libertad, porque tenemos una tradición para recodar a nuestros antepasados”, externó.

También, dio testimonio de cómo las milpas cambiaron de vocación, para que justo durante octubre y noviembre se conviertan en hermosos jardines a pie de carretera.

“Hace 50 años se producía el picante, aquí era un pueblo reconocido por eso, pero ya no pudo generarse porque no nos alcanzaba, quedábamos endeudados y tuvimos que buscar otra cosa viable y nos orientamos a las flores”, narró.

Entre 70 y 80 personas se dedican al cultivo de ese tipo, labor que se arraigó en la zona desde hace unos 30 años y que genera empleos asociados a la actividad cada temporada del Día de Muertos.

Antes de la contingencia, en esta fecha era realizado en el lugar el Festival de las Flores en el que además tenían lugar diversas actividades artísticas y venta de alimentos; sin embargo, por las restricciones debió ser suspendido.

El Covid-19 no podía acabar con todo y los agricultores obtuvieron la autorización para comercializar sus productos con todas las medidas, con el objetivo de recuperar su inversión y llevar un ingreso a sus bolsillos.

En Doxey, según refirió Humberto Hernández Juárez, también horticultor, se vive principalmente del campo; previo al cultivo de flores, contó, se siembra maíz o frijol; luego, pasada la temporada del Día de Todos los Santos, los espacios se preparan para la cosecha de cilantro y avena.

Sin embargo, ninguna vista es tan bella como la alfombra multicolor que la naturaleza prepara en estas fechas para recibir a los fieles difuntos.

Fotografía: Zaira Velázquez Sánchez

Hidalgo, segundo productor de cempasúchil

De acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario en Hidalgo (Sedagro), la entidad ocupa el segundo lugar en generación de cempasúchil con mil 437 toneladas.

El valor por cada tonelada de esa especie emblemática del Día de Muertos asciende a 3 mil 937 pesos.

Tula de Allende es el municipio con el mayor volumen de elaboración con 611 toneladas, le sigue Tlaxcoapan con 200 e Ixmiquilpan con 329, de acuerdo con el Anuario Estadístico de la Producción Agrícola.

También se dedican al cultivo de esa planta, aunque en menor medida, Actopan, Francisco I Madero, San Agustín Metzquititlán, Progreso, San Salvador, Santiago de Anaya y Tezontepec de Aldama.

De acuerdo con información del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), Guanajuato, Hidalgo, Michoacán y Estado de México cuentan con las mejores condiciones de suelo y clima para la obtención del cempasúchil.

Esa especie florece después de la ápoca de lluvias; su color e intenso aroma es uno de los íconos más representativos para las ofrendas que son colocadas en los hogares.

Acorde con la tradición, las familias forman caminos con sus pétalos desde la entrada de la casa hasta el altar, marcando el camino a las almas que visitan este mundo el 2 de noviembre.

Esa planta es originaria de México, su nombre proviene del náhuatl “cempohualxochitl” que significa “20 flores” o “varias flores”, según consta en información del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera

Aún con los inconvenientes por la pandemia encima, pusieron todo su corazón para mantener viva la tradición

Floricultores se anticiparon a que el cierre de panteones y las dificultades económicas que vive la población mermarían la demanda de sus mercancías

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