Hace siete meses, cuando nos pidieron cumplir con la cuarentena motivada por la pandemia del coronavirus (Covid-19), una amiga y colega me comunicó que su institución le solicitó presentarse en agosto, le expresé asombro e incredulidad, porque esa indicación me pareció una exageración. Ahora que escribo estas líneas, cuantifico siete meses de confinamiento, en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) nada se ha detenido, estamos aprendiendo a realizar las cosas de otra manera, solo que hay actividades que presentan mayores niveles de complejidad, como la realización de prácticas profesionales y servicio social, ambos vitales en la consolidación de la formación profesional de nuestros estudiantes.

En el quinto Foro Regional: “Retos y perspectivas ante la emergencia sanitaria del Covid-19”, organizado por la dirección de servicio social y prácticas profesionales de la UAEH, tuve oportunidad de escuchar ponencias de representantes de diversas instituciones de educación superior, las ideas vertidas me renovaron reflexiones sobre el papel de las universidades con el entorno social, económico y cultural en tiempos críticos como el presente, pues es un hecho que nada volverá a ser igual. Para el caso de las instituciones educativas, estudiantes y docentes recibimos y enfrentamos inmediatamente las nuevas circunstancias, luego han sido las áreas que tienen directo contacto con los distintos sectores de la sociedad, como es el área que organiza la primera inserción de nuestros estudiantes con el sector productivo.

La realización de prácticas profesionales o la prestación del servicio social es una etapa formativa que involucra: calidad de recursos técnicos y tecnológicos y capacidad de adaptación ante las nuevas circunstancias. Los directamente involucrados son estudiantes, las unidades receptoras de prestadores de servicio social y/o practicantes profesionales y naturalmente, la UAEH. En el camino, cada cual ha resuelto las cosas con lo tenido y podido; nosotros como sector público hemos sorteado las circunstancias, algunas unidades económicas no han podido sobrevivir, lo más grave resulta de la discontinuidad o deserción de estudiantes cuyas circunstancias individuales o familiares interfirieron en su inserción cuasi-profesional, pues aun cuando carecen de título, los estudiantes universitarios prestadores de servicio social o realizadores de prácticas ya poseen los conocimientos para desempeñarse profesionalmente. También ocurrió que unidades receptoras de estudiantes prestadoras de servicio social han desaparecido o simplemente no quieren repetir la experiencia del trabajo en la distancia.

Es imposible que la totalidad del trabajo se realice virtualmente, porque necesariamente la presencia física y la realización de actividades in situ son indispensables para mantener la vida productiva del país; para ello, debemos incorporar nuevos hábitos de autocuidado y cuidado para los otros, lo que me hace trasladarme a otras épocas de la humanidad, cuando se instaló el lavado frecuente de manos y dientes, de la misma manera, pueden construirse nuevos hábitos de higiene en los espacios laborales. Sabemos que existen actividades que pueden realizarse a la distancia, pero pocas instituciones del sector público y privado estaban preparadas para el mundo laboral virtual, desde la parte organizativa y jerárquica hasta el seguimiento y evaluación del trabajo realizado.

En fin, en un lapso de siete meses, quienes no hemos detenido la realización de nuestras labores, estamos inmersos en procesos de aprendizaje y descubrimiento de cosas que retan la voluntad e imaginación, de otra manera no podríamos presentarnos como universidad, porque la institución supone la congregación de personas cuya inteligencia y conocimiento está obligada a marcar pauta ante nuevas circunstancias.

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