Los “estrategas” del partido que ha gobernado Hidalgo por más de 80 años sin haber erradicado durante todos esos años la pobreza y marginación en la mayor parte de la entidad, sin generar empleo suficiente y bien remunerado, sin erradicar la corrupción, sin dotar a los habitantes de servicios básicos dignos, hoy se horrorizan ante la posibilidad real de perder la mayoría legislativa y, por ende, el control del Congreso estatal en las elecciones del primero de julio.
Consideran un “problemón” no contar con los votos suficientes para que el gobernador en turno saque en “fast track”, como ha sido por más de 80 años, todas sus iniciativas, pero, principalmente, el presupuesto estatal que año con año es aprobado por el Congreso estatal, porque simplemente ya no tendría la posibilidad de manejar los dineros públicos de manera patrimonialista, es decir, a su antojo como si se tratara de su propio dinero y no del pueblo.
Eso es lo que realmente “aterroriza” al gobierno y al PRI, porque al perder la mayoría legislativa en la Cámara de Diputados local, habría por primera vez un equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y Legislativo, lo cual daría paso a una mayor “vigilancia” en la distribución, aplicación y ejecución del presupuesto de egresos; se acabarían las “cajas chicas” y la “opacidad” en el gasto público.
Al perder la mayoría legislativa en el Congreso estatal, el gobierno y el partido tricolor perdería también la posibilidad de usar el gasto público estatal con fines electoreros, es decir, se acabarían los fondos públicos para la compra de votos a cambio de dádivas como hoy se realiza, principalmente en zona rurales donde la pobreza y marginación no se ha resuelto en más de 80 años, porque es “electoralmente rentable” cambiar despensas, dinero, bultos de cemento, láminas de cartón y varillas por votos.
Los grupos político-económicos que en Hidalgo se han enriquecido y adueñado del estado a lo largo de ¡80 años! a costa de la pobreza y marginación del pueblo, les da diarrea y urticaria solo de pensar que pueden perder la mayoría legislativa en el Congreso, porque perderían privilegios, lujos y comodidades que han disfrutado durante ocho décadas de gobierno hegemónico.
Hoy más que nunca, el hartazgo social por los impunes abusos y actos de corrupción de los gobiernos priistas, tales como la Casa Blanca, la “Estafa maestra”, los millonarios sobornos de Odebrecht para la campaña presidencial de Peña Nieto, los desvíos millonarios de fondos públicos por parte de 24 gobernadores tricolores en perjuicio del pueblo, entre otros, hace posible un triunfo de otro partido en las elecciones estatales para renovar la totalidad del Congreso estatal el primero de julio, cuando también los hidalguenses elegirán a senadores, diputados federales y presidente de la República.
El malestar e inconformidad de los ciudadanos en contra del gobierno tricolor es también por la desgracia económica a la que ha llevado al pueblo Enrique Peña Nieto a través de los permanentes “gasolinazos”, aumento en los precios de productos y alimentos, aumento del costo del gas LP, de tarifas eléctricas, de falta de empleos, de salarios miserables, de la entrega de los recursos naturales e hidrocarburos a los capitalistas nacionales y extranjeros.
El horror que genera al gobierno, al priismo y advenedizos que han vivido del presupuesto público estatal, la posibilidad de perder la mayoría legislativa, sin duda que los hará hacer uso de toda su artillería de marrullerías que disponen para tratar de “enlodar” la imagen de los aspirantes opositores, no de todos, porque muchos son “títeres” gubernamentales u$ado$ en la contienda electoral para atomizar el voto y permitir la operación de la “estructura” tricolor.
Por esa razón, no debe extrañar que a través de los medios de comunicación oficiali$$$ta$$ se trate de confundir a la opinión pública mediante la denostación de candidatos del partido, cuyo candidato presidencial va a la cabeza de las preferencias electorales, táctica que les ha servido y funcionado para mantenerse 80 años en el poder disfrutando de las “mieles” de los fondos públicos a costa de la pobreza de la mayoría de los hidalguenses.
Sin embargo, los ciudadanos hidalguenses tienen en sus manos la posibilidad de cambiar la historia y lograr que haya un contrapeso real al Poder Ejecutivo para fiscalizar y controlar el gasto del presupuesto público, cuando acudan a ejercer su derecho al voto libre y secreto el primero de julio.

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