En la teoría democrática, uno de los temas que se han traído desde los griegos es la participación directa de la población. Ante este tema se han dado debates teóricos donde se cuestionan si todos debemos de participar o solo la población con estudios e informada, pues un ciudadano sin conocimiento y dependiente puede tomar decisiones equivocadas. El mismo Platón no creía en la democracia, pues ésta fue la que condenó a su maestro Sócrates, por eso creía que la mejor forma de gobierno era la de los sabios (los filósofos). Este tema hoy lo estamos viviendo ante la respuesta de dos referéndums importantes: el de Inglaterra y su separación de la Unión Europea (UE) y el de Colombia a favor de la paz. Los resultados de estos nos llevan a pensar si estas formas de participación directa ayudan a la democracia actual o la debilitan.
En el caso de Inglaterra, el exprimer ministro David Camerón llevó a cabo un referéndum para saber si su país se retiraba de la Unión Europea, él esperaba el no, sin embargo la respuesta fue sí. Esta decisión del pueblo inglés afecta, fundamentalmente, a los jóvenes y sus oportunidades a futuro, pero entonces por qué ganó el sí. Inglaterra es una sociedad con diferencias culturales y económicas –como lo son todas las democracias liberales actuales–, los jóvenes preparados que votaron por permanecer en la UE no eran la mayoría, ésta se componía de gente adulta y adulta mayor, muchos de ellos sin tanta preparación académica o información, que no querían competir con otras nacionalidad es su oferta laboral o su territorio, es así que como los políticos que estaban a favor de salirse de la UE encontraron adeptos, por tanto la respuesta del referéndum fue “leave”. El ministro después de esto tuvo que renunciar.
Ahora, también está el referéndum de Colombia en favor del sí o no a la paz con las FARC, sorprendentemente ganó el no, con un 60 por ciento de abstencionismo. En ese caso se observó el triunfo del ala conservadora encabezada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien generó la campaña negativa en contra del sí, argumentando que si ganaba el sí los miembros de las FARC no pagarían por sus crímenes. Este resultado afectó, principalmente, a las comunidades que han sufrido la violencia, lugares donde ganó abrumadoramente el sí. Pero lo cuestionable de este “éxito a favor del no” fue que hubo 62 por ciento de abstencionismo, o sea que menos de la mitad decidió el futuro de una nación.
Estos dos casos son un gran ejemplo del papel que pueden jugar los referéndums para tomar decisiones fundamentales en las democracias actuales. Por lo mismo, habría que cuestionarnos ¿los gobiernos tenían que haber hecho estos referendos?, ¿la población sabe qué es lo mejor para la nación? ¿El gobierno tiene que respetar estas decisiones cuando hay un 60 por ciento de abstencionismo? Son interesantes estos cuestionamientos, pues en estos dos casos: en un país desarrollado y uno en vías de desarrollo, la sociedad votó en contra de un tema donde ganaba el país.
Así que estos acontecimientos nos hacen pensar que la política debe ser para quienes saben, y si estos no obtienen los resultados deseados ahora sí la población les podría hacer un juicio, como sucedía en la antigua Grecia, donde los atenienses por sorteo escogían representantes, cualquiera podría ser, pero cuando terminaban, si no hacían bien las cosas se les enjuiciaba. Con esto podemos concluir que la mejor decisión no es la que vota una mayoría, sino la que hace crecer un país. Por lo tanto, las decisiones de envergadura nacional las deben de tomar los políticos, por eso votamos por ellos, pero si su elección es equivocada debe de existir la rendición de cuentas, en esto debe radicar el proceso democrático: en la responsabilidad de quien toma las decisiones.

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