En la sociedad contemporánea, el papel de las instituciones de educación superior, de los centros de investigación y de los propios investigadores cobra especial relevancia, pues es precisamente a través de su acción como se generan los conocimientos, avances tecnológicos y la innovación que permiten el progreso humano.

En un mercado de libre competencia, las empresas buscan lograr una ventaja competitiva que les permita incrementar sus utilidades y establecerse a la vanguardia en la producción especializada de bienes y servicios. Esto requiere una constante inversión en investigación, que tiene el propósito de lograr ese elemento innovador que el mercado pagará y que hará la diferencia entre comprar sus productos y los de sus competidores.

Por ejemplo, la industria farmacéutica invierte miles de millones de dólares en el descubrimiento de fármacos que permitan mejorar la salud de las personas.

Para ello, la participación de investigadores en ciencias de la salud, química y biología es fundamental. De igual manera, en la industria electrónica, los investigadores en ingeniería de diversas especialidades, en cibernética, en tecnología y muchos más participan activamente en el desarrollo de productos cada vez más avanzados para el mercado mundial.

Cabe recordar, por ejemplo, que Steve Jobs podía concebir diversas ideas por su genialidad, pero que el desarrollo de los materiales y tecnología que hicieron y hacen posible los productos de Apple como el IPod, IPhone o IPad fue producto de la investigación realizada por muchos investigadores especializados, a través de la experimentación.

Una vez que Jobs y su empresa lograron producir un teléfono de pantalla de cristal resistente y sensible al tacto, otras empresas se dedicaron a adoptar y mejorar la tecnología proveniente del producto original.

Por las razones anteriores, la formación de los investigadores más competitivos en el ámbito global va vinculada a los recursos que se inyectan a los proyectos de investigación.

Para que un investigador decida enfocar toda su vida y esfuerzo a la innovación, se requiere que sus necesidades básicas de vida estén debidamente solucionadas desde alguna fuente de financiamiento. En el caso de los países capitalistas, generalmente la fuente de recursos proviene del financiamiento que las grandes empresas privadas otorgan a las universidades y centros de investigación, para fomentar la innovación directa e indirecta para los productos que lanzan al mercado.
No es coincidencia que la industria cibernética y de computación se haya desarrollado y esté asentada a partir de la década de 1970 en lo que ahora se llama Silicon Valley, en el mismo espacio geográfico en donde se fundó Stanford University en 1885, y a mediana distancia de la Universidad de California, que se fundó en Berkeley en 1868.
En Hidalgo, ya formamos investigadores a través de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Nos toca atraer las empresas para establecer clústers como Silicon Valley.

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