Los años son lirios que giran como canto de agua, luciérnagas que rumoran en la noche, flores que encienden el silencio que mañana empezará a marchitarse. Nos abrazamos para ser tronco, ramas, pájaros, lluvia donde empieza el camino, donde nacen los murmullos que beben nuestros nombres. Eres constelación que me acompaña, vives entre árboles, entre columnas y espirales, tus brazos flores nocturnas me abrazan, me devoran, son el oleaje de un ave hecha madrugada; como río manso nos acariciamos para ir más allá del fin y del principio, me sacio en tu estrella que brilla para mi rocío centellante que despierta los crisantemos. Amo tu voz que es canto de cisne, otoño que recorre mi corazón, espiga que reverdece cuando sonríes. Tus incontables voces son el viento que mira la espuma que duerme en tus ojos abiertos, tus cabellos dorados que por la noche es nieve blanca. ¿Qué celebramos? Me preguntas mientras caminamos por ese laberinto que es nuestra historia, acaso los fresnos, la vieja plaza, el convento agustino de Huejutla sin tiempo, donde la luz se demora y tus pasos inventan puentes y caminos. En la noche del bosque nos encontramos tu tiempo y mi tiempo que son espacio que se desvanece, que acarician los latidos de la noche dormida, nuestras confesiones que son el olvido, desfiladeros que estallan, el resplandor de bosques impalpables, tu mirada infinita hecha de diamantes, ilusiones encendidas como un día que dibuja el mar, Sol de verano, sílabas húmedas, girasoles y arena que se pierden en la noche. Tus ojos son la luz del tiempo, abismos que nos llevan a nuestro destino, rutas postergadas que nos guarecen del temporal, acantilado silencioso, la historia de todos los caminos, nuestra historia: árboles eternamente abrazados. Noche a noche asciendo a esa isla encendida que son tus ojos, me aferro a tu piel que es jardín en llamas, me pierdo en tus brazos tan eternos como gaviotas que encienden la noche. ¿Qué celebramos? La orilla del mar, la madrugada con sus inapagables velas, el nacer del día, el vino que recuerda nuestras tardes y nuestro tiempo, los años invisibles, sigilosos, que como sables filosos nos hacen huir de las horas. Celebro oír tus pasos por la tarde, tu intensidad ancha y feliz como piedra gigante. Amar a la mujer que fue niña, viajera de noches cubiertas de frescura y recuerdos, mujer mitad arena mitad roca, niña sin tiempo, perpetua, eres el camino del alba, las horas que miro por la ventana, el Sol que viene de lejos que nace de tu ausencia, quiero abrazarte para ser montaña de luz, remolino que revive en ti mar profundo. Nuestra barca ha encallado muchas veces, nos hemos perdido en la primera sílaba para volvernos a encontrar en una brecha, en la medianoche, en la marea inmensa, en las torres de luz, en el amor que nos salva. Queremos como Teseo y Ariadna encontrar el camino y recobrar el árbol fugaz, navegar por el oscuro océano para volver más inmensos, para amar el tiempo pasado, detener el instante para volver a la mitad de la noche y encontrar tu lengua encendida gritando nuestros nombres. Te celebro en silencio, en la noche sin oscuridad, en el viento que nos apresa como pozo sin salida, como látigo sin rostro que se guarda en ningún lugar, en el recodo de alguna esquina. Vibro en tus ojos lluviosos, en tus leves pausas, en tu rostro donde se suspende el viento. Hoy, nuestra estación anuncia el otoño, las tardes que llegan, nuestra antigua morada ese vasto jardín de hortensias que nunca se irán porque en ellas te encuentro, viven de tu risa, en tus murallas donde todos los días el fulgor y las llamas nos hacen estallar. Eres eternidad, espejo centellante, luz sobre el mar. Te abrazo para encontrar la resurrección, el mar que duerme, las horas vivas que ayer fueron las velas blancas de nuestra barca. Vestida de luz como río interminable eres ave que ama el oleaje, colibrí que canta todos los veranos. Tu rostro de lluvia donde todas las noches llueves lo recorro sediento niña de mil años.

“Llegaste para siempre, toma mis sueños, las horas que esperan, continuemos siendo un latido en el cielo que nos sostiene, en tus labios que son estrellas generosas”

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