A lo largo de mi existencia, en un sinnúmero de veces escuché en los cursos y talleres para “la superación personal” que el optimismo es un ingrediente fundamental en la conducta individual.

Muy pocas veces me dijeron que en la colectividad el optimismo tiene mejor impacto y una penetración más profunda para ser usada en los ataques de los males y enfermedades de la sociedad. ¿Y saben por qué al optimismo colectivo nadie lo recomienda como remedio? Muy simple. Porque es un remedio caro, escaso y de difícil elaboración. Bueno, es tan difícil construirlo, que la historia humana nos narra y demuestra que, para los dominantes, les fue más cómodo y efectivo usar y sembrar la antítesis del optimismo para lograr sus negros propósitos.

La desesperanza, la mentalidad fatalista, la decepción y la angustia preconcebida han sido los elementos que mejor utilidad y resultados les han generado a los enemigos del avance social. Y con la ventaja de que se pueden cultivar con facilidad y crecen como hongos silvestres en humedad. Por eso, hoy tenemos más tinta que describe en cuerpo entero a esos demonios mentales que se cosifican en la actitud humana y que hacen la mitad de la chamba para entregar su voluntad a los demonios. La otra mitad la hace la fuerza bruta en manos de los mismos demonios.

Documentar y esparcir ejemplos de la bondad social del optimismo como puente y guía para la emancipación social, no era buen consejo para los dueños del poder. Hasta que la propia sociedad lo vive, comprueba que existe una permanente lucha entre los que siembran desánimo y fatalidad para sostenerse en el timón, contra la mayor parte de la sociedad que entiende que el optimismo lleva más lejos a pueblos enteros y no solo a unos cuantos.

Con optimismo se derriban muros, con optimismo se destruyen a los falsarios. Con optimismo se rescatan patrias y “matrias”.

Eso veo en México. Eso siento. Hoy la brújula y guía es el optimismo. Y quienes digan que el optimismo es malo, será porque están quedando lejos y alejados del México optimista que ya nació.

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