El cine es un medio y un arte que nos entretiene y permite alejarnos de lo duro de la vida real durante un par de horas; sin embargo, de vez en cuando el séptimo arte va más allá del mero disfrute para cuestionarnos sobre la propia condición humana, por lo que, a través de la representación, se nos invita a reflexionar sobre nuestro presente. Y eso, es algo que sin duda realiza Parásitos (2019) de Bong Joon-Ho.

En ese filme, el tercero en la trayectoria del cineasta surcoreano, seguimos la historia de la familia Kim, la cual se encuentra desempleada y viviendo en condiciones infrahumanas. Por azares del destino el hijo mayor, Ki-Woo, se convierte en maestro de Da-Hye, la hija adolescente de los Park, familia de clase alta que vive en uno de los vecindarios más lujosos de Seúl. Poco a poco, los Kim se irán infiltrando en el hogar de los Park, lo cual desatará diversas situaciones que van desde los hilarante hasta lo macabro.

No es la primera vez que Bong Joon-Ho narra sobre la lucha de clases y las desigualdades sociales; de hecho, su filmografía se nutre de ello para brindarnos poderosos mensajes. En El expreso del miedo (2013), nos presentó un futuro distópico donde los vestigios de la humanidad conviven en un tren que recorre un mundo congelado, solo para mostrarnos que la discriminación, la esclavitud y el desprecio que nos tenemos a nosotros mismos es pan de cada día. Okja (2017), por su parte, representa la violencia de las corporaciones multinacionales en su afán de fomentar el consumo, sin importar los daños colaterales al medio ambiente ni su irresponsabilidad en el avance científico-tecnológico.

Ante ello, podría parecer que Parásitos sería el filme más simple del asiático; sin embargo, explaya la temática social y de denuncia de una manera tan potente que resulta universal y es imposible no sentirse identificado en algún momento, aun en los pasajes más fantásticos de su relato, el cual navega entre las clases sociales, la discriminación y un capitalismo tan violento que nos inculca cómo deben oler los ricos y los pobres.

Mientras que Roma (2018) de Alfonso Cuarón nos dice que el capitalismo nos separa pero al final el sufrimiento es mutuo tanto de los marginados como de los privilegiados, la cinta de Bong Joon-ho no se tienta tanto el corazón para expresarnos que la división ha provocado que crezcamos inmersos en el odio, tanto de arriba para abajo como de abajo para arriba. Sí, los Kim son despreciables por invadir la casa de los Park, pero éstos últimos también son unos miserables por depender de la servidumbre para hacer su existencia más llevadera. Al final del día, ambas familias son parásitos.

En definitiva, el tercer filme de Bong Joon-Ho es una maravilla que todos debemos ver. Poderosa, controvertida y genial, Parásitos lanza un grito de denuncia esperando que escuchemos y formemos un coro, ya sea para divertirnos por dos horas o para reflexionar sobre el mundo en que vivimos.

@Lucasvselmundo
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Parásitos

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