Pachuca.-

México es uno de los países más grandes de América Latina en vías de desarrollo, donde las empresas enfrentan dificultades económicas, políticas y sociales, derivadas de un sistema sujeto, en diversos momentos, a fuertes devaluaciones, especialmente en los últimos 36 años.

Esas condiciones han provocado incertidumbre en las empresas, sobre todo ante las constantes devaluaciones, ya que las que tienen financiamientos en mercados extranjeros terminan en la quiebra.

En segundo lugar, el libre acceso de fronteras a mercancías de otros países como consecuencia de los tratados de libre comercio, obliga a empresas mexicanas a una lucha constante de competencia.

Bajo ese contexto, el país demanda competitividad de sus empresas, especialmente con la creación de valor a través de su capital intelectual. Sin embargo, no es sencillo registrarlo de manera contable, por ello un grupo de investigadores de las universidades de Aguascalientes, Colima, Yucatán e Hidalgo, conformó una red con el proyecto Creación de un modelo de medición del capital intelectual para medianas empresas mexicanas.

Como primer logro de su trabajo, lograron la publicación del libro Hacia la medición del capital intelectual en México, bajo el sello editorial de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), donde proponen el modelo más adecuado a la realidad actual, el denominado Navegador de Skandia.

A partir de la década de 1990, entre investigadores del área de economía surgió la inquietud por estudiar las problemáticas que enfrentan las empresas alrededor de un elemento importante pero poco considerado, el capital intelectual.

Para comprender mejor de qué se trata, en el libro Hacia la medición del capital intelectual en México, coordinado por los doctores Ruth Hidalgo Gallardo y Eleazar Villegas González, así como la maestra Martha Jiménez Alvarado, y publicado por la UAEH en 2016, los autores explican que a partir de este siglo el capital intelectual cobró mayor interés para los economistas, las empresas y organizaciones, debido a que la producción es el factor de mayor importancia, y ya no es el capital, ni la mano de obra ni las materias primas, energía o información, sino las personas ligadas al conocimiento.

En un rápido repaso por la historia, los especialistas indican que la era industrial fue sustituida por la información, entonces las fuentes de riqueza eran físicas y hoy es el conocimiento. Por lo tanto, ahora las empresas venden avances e innovación, lo cual es difícil de identificar y hacerlo efectivo, pero una vez que se explota, las empresas ganan.
Las organizaciones cuentan con activos controlados, identificados y cuantificados en términos monetarios, de los cuales esperan beneficios económicos futuros, y estos pueden ser clasificados en dos grupos: tangibles e intangibles.

Los primeros refieren los aspectos materiales, físicos y financieros, fáciles de identificar. Los intangibles atienden aspectos inmateriales e invisibles como los relacionados con el factor humano, aspectos organizativos y tecnológicos, incluso las relaciones con clientes y proveedores, los cuales hasta ahora no se incorporan a los estados financieros.
Por ser un concepto innovador, aún existe variedad de denominaciones. Por ejemplo, contadores utilizan el término de activos intangibles y en el ámbito legal se refieren como propiedad intelectual.

No obstante, hay tres indicadores específicos que pueden lograr un mejor acercamiento. El primero es que la economía de la empresa depende del factor laboral y, por ende, de la capacidad intelectual del trabajador o trabajadora en su ámbito de acción.

El segundo es invertir en la generación del conocimiento, lo que representa recursos financieros seguros que reportarán rentabilidad.

Y el tercero es visualizar la importancia y el valor de trabajadores que aportan ese capital a una empresa, lo que incrementa su patrimonio, imagen en el mercado interno y externo, pero sobre todo genera bienestar laboral y social.

¿En qué consiste el proyecto?

Aunque el tema de capital intelectual ha sido estudiado desde diversas teorías y modelos, los expertos coinciden en puntualizar que abarca tres aspectos vitales: capital humano, estructural y relacional.

El primero refiere al conocimiento individual que una empresa posee a través de sus trabajadores, quienes contribuyen a la generación de capital intelectual a través de su agilidad mental, actitud y competencias.

El capital estructural es definido como el conocimiento que permanece en la empresa aun cuando trabajadores se marchan; incluye todas las formas de depositar conocimientos no sustentados en el ser humano, como son las rutinas organizativas, estrategias, manuales de procesos, bases de datos, entre otros.

Por último está el capital relacional, el cual recoge el conocimiento presente en las relaciones establecidas en el entorno y adquiere mayor valor conforme aumenta la duración de las relaciones con accionistas, proveedores, clientes, entre otros.

En resumen, el capital humano son las capacidades individuales, conocimientos, destrezas, así como experiencias de directivos y trabajadores, incluyendo valores.

El capital estructural es la posesión de patentes, adquisición de tecnología, aplicación de modelos, sistemas de información y políticas administrativas.

Y el capital relacional es el conjunto de relaciones que mantiene la empresa con su entorno local e internacional.

Por la facilidad de su manejo, aplicación y amplia cobertura, el grupo de investigadores de la Red Nacional de Capital Intelectual, donde participan académicos del Instituto de Ciencias Económico Administrativas (ICEA) de la UAEH, recomiendan a empresas utilizar el modelo Navegador de Skandia.

La empresa escandinava de seguros y servicios financieros, Skandia, publicó durante la década de 1990, como parte adicional a la información financiera, el primer informe en el mundo sobre capital intelectual.

Sus precursores, Edvinsson y Malone se interesaron en analizar cada uno de los componentes que debían medirse, lo que dio como resultado el Navegador de Skandia, el cual comprende cinco enfoques: el financiero, de clientes, de procesos, de renovación y desarrollo, y el humano.

Cada enfoque incluye indicadores, los cuales pueden ser modificados continuamente, lo que dependerá del comportamiento de la empresa con base en factores como agotamiento, debilidad, tensión o cambios inesperados en el mercado.

El libro Hacia la medición del capital intelectual en México, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo en 2016, dedica un capítulo al modelo Skandia y sus componentes para que, quienes estén interesados, puedan aplicarlo en sus empresas.

Científica invitada

Ruth Hidalgo Gallardo

Doctora en contabilidad y auditoría por la Universidad de Cantabria, España; donde también estudió la maestría, además de haber cursado antes otra maestría en administración de empresas en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, así como una especialidad en impuestos por la UAEH, donde estudió la licenciatura en contaduría.

Desde 2010 es profesora investigadora en el área académica de contaduría en el Instituto de Ciencias Económico Administrativas (ICEA) de la Autónoma de Hidalgo, aunque trabaja en la institución desde 1999.

Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel uno y cuenta con perfil deseable del Programa para el desarrollo profesional docente (Prodep). Sus líneas de investigación son capital intelectual y gobierno corporativo.

Es líder e integrante del cuerpo académico consolidado de Contaduría con la línea de investigación sobre sistemas de información financiera.

Participa como docente en la maestría en auditoría, en la maestría en gestión fiscal y en el doctorado en ciencias económico administrativas. Además de dirigir tesis a nivel licenciatura y posgrado.

Participa y lidera tres proyectos de investigación, todos relativos al capital intelectual en empresas mexicanas.

Realizó tres estancias de investigación, dos en universidades españolas, la de Sevilla y de Murcia, así como una en la Universidad Autónoma de Yucatán. De 2015 a 2017 participó en ocho publicaciones científicas.

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